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Nada nuevo bajo el sol del subgénero boxístico

Por Enrique Fernández Lópiz

Quiero aclarar tres cosas antes de iniciar mis comentarios sobre esta película, Redención (“Southpaw”).

La primera es que fui a verla porque no había nada mejor en cartelera el día que decidí ir a ver una película, aun sabiendo a lo que me exponía. Pero deseaba ir al cine y esta película fue lo mejor entre lo malo; las mejores ya las había visto. O sea, que no me tomó de sorpresa la cosa.

La segunda cuestión es aclarar que hay al menos tres películas con el mismo título en España: de 2011 una buena cinta, Redención (“Tyrannosaur”): ; otra de 2013, un aceptable film también titulado Redención (“Hummingbird: Redemtion”): ; y esta que me dispongo a comentar: Redención (“Southpaw”) de 2015. Hago esta salvedad para no confundir al lector y a la vez que sepa que el título está al parecer de moda, al menos en su manera de titular en español estos filmes que originalmente no tienen ese nombre. Por eso, entre paréntesis he puesto el título original de cada una de ellas, que nada tiene que ver con la traslación al español. De manera particular me detengo en esta película que me convoca ahora cuyo título Southpaw significa “zurdo”, o más exactamente, se refiere a un término pugilístico que alude a la posición comúnmente adoptada por los boxeadores zurdos.

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La tercera cosa que quiero decir es que sobre el tema boxeo ni que decir tiene que hay una buena colección de filmes, desde los muy buenos a los fatídicos, pasando por los de nivel medio, tal la película que comentaré ahora. El boxeo ha sido siempre fuente de inspiración en el cine. Recordando algunas de las películas de este subgénero menciono: la estupenda, El ídolo de barro (1949); la “sorprendentemente” oscareada Rocky (976) (y toda la saga); genial Toro salvaje (1980); llamativa y pobre, de 1992, El golpe perfecto; dramática, Million Dollar Baby (2004); buena, The Fighter (2010); tremenda y con mixtura boxeo-artes marciales, de 2011, Warrior; social y espléndida, Cinderella man, 2005; e incluso hay una geriátrica, de 2014, La gran revancha. Teniendo en cuenta este listado y las muchas más que no menciono para no caer en la prolijidad, creo necesario precisar que no resulta sencillo innovar en esta estructura de “film-pugilístico” en que casi inevitablemente, la trama suele dar vueltas sobre la posible victoria o no del protagonista, amén de la ambición, la sordidez de este mundo del pugilismo o la corrupción rampante dentro del mismo.

Nuestra Redención cuenta la vida de Billy Hope (Jake Gyllenhaal), un boxeador que ha tocado el techo de la gloria y que permanece invicto en su triunfal carrera. Es campeón del mundo en la categoría del peso semipesado. Además, Hope tiene una bella, amorosa e inteligente esposa, Maureen (Rachel McAdams), y su bonita y cariñosa hija Leila (Oona Laurence). Pero toda esta vida de triunfo y placidez da un giro radical tras ser intimidado por el púgil colombiano Miguel “Magic” Escobar (Miguel Gomez), lo cual precipitará unos acontecimientos que lo hundirán a todo nivel. Pero aunque Hope ha caído en desgracia, no se rinde. Es entonces cuando acude a Titus “Tick” Wills (Forest Whitaker), un hombre retirado del mundo profesional del boxeo que se dedica a entrenar boxeadores amateur entre la juventud marginada. Billy, con tesón, desde abajo, llegando a realizar trabajos de limpieza en el gimnasio de Tick para ganarse un salario, logrará que éste lo entrene y luchará de nuevo por el cetro mundial para redimirse a sí mismo, enfrentarse a su pasado, recobrar la perdida fe en su persona y recuperar el afecto de su querida hijita.

El director afroamericano Antoine Fuqua ha labrado su carrera con películas de acción, con éxito de público (más que de crítica), pues conoce los entresijos del género y se mueve en él con soltura. Aquí construye todo un melodrama de superación ante grandes adversidades, con el boxeo de fondo. Todo ello a base de un encadenamiento de tópicos y clichés del subgénero boxístico, más o menos bien rodados. Pero a mi entender, es el guionista Kurt Sutter el mejor de los artífices de la obra, en este su primer largometraje como guionista, pues lo que más enjundia le da a la cinta es la historia que se esconde tras el título. O sea, con oficio, Fuqua sigue a Sutter en su libreto de puro drama. Mas esto no evita que la película resulte “mecánica y escrupulosamente fiel al cliché, que esto ha acabado siendo. El cuadrilátero […] es el templo donde el héroe americano muerde la lona de su autodestrucción para renacer, fortalecido, como el ave Fénix” (Costa). Y esto es en resumen: triunfo, caída y remontada.

Buena música tipo hip hop o equivalentes de James Horner. Y excelente la fotografía de Mauro Fiore. Lo que pasa es que Fuqua toma la cámara y se da a una excesiva cercanía, con planos muy próximos que recuerdan los videojuegos, produciendo un gran efecto pero que aturde a la vez. Por ejemplo, en las peleas, por demás sangrientas, nada más falta que el espectador reciba un buen gancho de Billy o del malísimo colombiano Gómez.

El reparto es ante todo y sobre todo Jake Gyllenhaal y Forest Whitaker. Gyllenhaal y Whitaker repiten sus arquetípicos trabajos con profesionalidad y entrega, lo cual no evita un soberbio aburrimiento, producto quizá de ese fenómeno psicológico tan estudiado, con el nombre francés déjà vu, que viene a significar psiquiátricamente “la ilusión de lo ya visto”, solo que aquí le sobra lo de “ilusión”; es meramente, lo “ya visto”, lo que siempre hemos visto en estos actores, incluso Gyllenhaal está excesivo en su tormento. Rache McAdams es una chica mona que sabe hacer su trabajo. Oona Laurence es para mi modo de ver una niña limitada como petite actriz, a lo cual se une un mal perfil del infantil personaje. Y acompañando actores secundarios que pasan el corte como Victor Ortiz, Naomie Harris, Curtis ´50 Jackson (el mejor de los actores de reparto), David Whalen, Cairlin O´Connor, Dominic Colón, Rita Ora, Miguel Gómez, Malcolm M. Mays, Adam Ractcliffe y Jeremy Long.

Yo concluiría diciendo que es una película que carece de originalidad, bien realizada pero que aporta poco o nada al subgénero de las cintas de boxeo, “una puesta en escena impersonal pero eficazmente lacrimógena” (Luchini), con esquematización de los personajes. Y me resultó extraño que se estrenara en este 2017, siendo que la película es de 2015. Claro que tampoco hay que olvidar el fiasco de Antoine Fuqua con su película poco menos que mala, Los siete magníficos (2016), un remake del western homónimo de John Sturges; a su vez remake de Los siete samuráis de Akira Kurosawa. Mucho remake y siempre a peor. Y a lo que voy, creo que ese fracaso hizo a las distribuidoras poner en remojo este film Redención que hasta pasados dos años no ha venido a España y quién sabe a cuántos países más.

Pero puede haber aspectos interesantes en este film que, al fin, se deja ver. Estas cualidades pueden ser “la habilidad con la que están trenzadas la trayectoria profesional y personal del protagonista. Otra, el clima de resignación, incluso de fatalismo, que cubre la historia: todos los personajes se saben frágiles, hasta cuando la suerte se pone de su lado” (Desirée de Fez); e igualmente el contraste entre la plástica de los combates, del escenario opulento del ring a lo yanqui versus la lobreguez del gimnasio donde entrena el protagonista, lo cual que ofrece el contrapunto entre el éxito y el esfuerzo del personaje.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=q0Uye0omgrs.

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