Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Muerte en Venecia, una película que marcó época

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuando se estrenó por fin y pude ver esta película en su época, me pareció un film maravilloso, cargado de poesía y reflexiones profundas sobre el arte y sobre todo, la belleza. Vista ahora, no ha perdido, según mi criterio, calidad, estilo, seña de identidad que no en vano la han colocado en la cima de la cinematografía de siempre jamás.

La película está dirigida magistralmente por Luchino Visconti (Conde Don Luchino Visconti Di Modrone: 1906-1976) que mantiene un tempo pausado y el lugar para que den de si todo lo que tienen los excelentes actores que trabajan en el film y a los que ahora me referiré. El maravilloso guión del propio Visconti y Nicola Badalucco es una adaptación de la novela homónima del gran escritor alemán Thomas Mann (1875-1955). Mann fue Premio Nobel de Literatura en 1929 y su novela corta La muerte en Venecia (1913) es la más acabada síntesis de la poética del autor y una cumbre en el género de la novela breve (80 páginas). En ella, presenta a través de sus protagonistas, el músico moribundo y el joven Tadzio, una sutil relación dialéctica entre el apogeo de la belleza y la inevitable presencia de la muerte. Con estas mimbres y Visconti sólo cabía un buen film. Además, hay que subrayar unas preciosas imágenes rodadas por Pasqualino De Santis, un certero montaje -muy acorde con el necesario ritmo pausado del film- de Ruggero Mastroianni (hermano menor del genial Marcello), y una memorable música del gran compositor Gustav Mahler; sin olvidar la excelente puesta en escena, decorados, ambientación de época y localizaciones: ¡impecable!

En cuanto al reparto no puede estar mejor elegido, con actores de la talla de Dirk Bogarde, que interpreta su papel de forma memorable (una de sus más grandes interpretaciones para la gran pantalla), creíble, con dramatismo y con un ritmo pausado que sirve para que dé de sí en todo su caudal expresivo. En Bogarde descansa el grueso interpretativo de esta obra. Pero no hay que olvidar que también figuran una elegante y bella Silvana Mangano, el bello Bjön Andrésen que cuaja una interpretación “aseada” con la hermosura y ambigüedad requerida por el personaje (luego quedaría marcado por esta película) o Marisa Berenson, por citar los más significados. El conjunto actoral es de lujo.

muerteenvenecia2

 La historia, para quien no ha leído la novela se desarrolla a principios del siglo XX; un compositor alemán, Gustav Von Aschenbach, de gran fama con problemas de salud con su corazón, y cuya última obra no ha sido bien acogida, decide tomarse unas vacaciones por prescripción facultativa y llega a Venecia a pasar el verano. Al llegar al Hotel donde se hospeda coincide con el joven Tadzio, un efebo por el que se sentirá profundamente atraído. Tadzio es un adolescente hermoso y angelical. Este sentimiento le irá quitando el sueño, le irá consumiendo e intentará por todos los medios rejuvenecer su físico a través de tintes en el cabello, arreglos variados, y cómo olvidar el pálido rostro maquillado de Von Aschenbach, etc., en ese intento de estar más próximo a la belleza de Tadzio, pues el compositor piensa que la vejez es impura. En tanto, una pandemia, introduce también la decadencia en la ciudad de Venecia en forma de horrible enfermedad contagiosa. O sea, la novela de Thomas Mann, ambientada en Venecia, la ciudad más decadente de Europa entonces, parecía el perfecto terreno abonado para que Visconti, cada vez más preocupado por el paso del tiempo, nos hiciera partícipes de este sentimiento al modo tempus fugit”. Y el drama está servido: enfermedad, vejez, fantasía y homosexualidad.

Esta obra es parte de su famosa trilogía alemana: La caída de los dioses de 1969 donde aborda el auge del nazismo (Oscar al Mejor Guión); Muerte en Venecia de 1971 donde como decimos trata la búsqueda de la belleza y la muerte a través del personaje interpretado por Dirk Bogarde; y ya en 1973 vuelve sobre el declive de la sociedad europea en Luis II de Baviera (Ludwig). Al terminar el rodaje, Visconti sufre un ataque cerebral que le deja paralizado parcialmente, pero un año después rodaría su magistral film Confidencias (de profundo calado psicológico) y en 1976 El inocente (Un legado lleno de lucidez, escepticismo y desesperación). Fallece en 1976 por una afección cardíaca.

En su palmarés de 1971, esta película tiene: Nominada al Oscar: mejor vestuario; Festival de Cannes: nominada a la Palma de Oro (mejor película); Premios David di Donatello: Mejor director. De manera que como vemos, aunque tuviera sus reconocimientos, nada que ver en relación a la calidad de la cinta.

Estamos, pues, ante una película fascinante, y yo destacaría la serena belleza de sus imágenes arropadas en la sublime música del Adagietto de la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler. Y con el tiempo no ha perdido fuerza poética; quizá las elucubraciones sobre la belleza, la obra de arte, etc., sí resulten un poco pedantes y afectadas ahora, pero no así lo esencial, esto es, la fuerza visual, en trenzamiento de Mann, Mahler y Visconti, dirigido sabiamente por el legado cultural y el genio creador indiscutido de este último y su obsesión por la búsqueda de la belleza en lo sublime.

Este sorprendente film es el sobresaliente testamento de un artista que no cuadraba bien en la época que le tocó vivir y cuyo espíritu se resume en la frase que Visconti deseaba y que fue en su momento el eslogan promocional de la película: Quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está consagrado ya a la muerte”.

Y conviene igualmente recordar, sobre todo para los más jóvenes, que el propio Visconti tuvo que convivir con las aceleradas reformas de su época (de los años cuarenta a los setenta), de un entorno que le dejaba atrás, anclado en un pasado clásico al que criticaba como elemento de pertenencia ya marchito. A menudo me han tratado de decadente”, declaraba en una entrevista a L’Avant-Scène-Cinéma’ en 1975. Lo que siempre me ha interesado es el análisis de una sociedad enferma”. Y entonces podríamos reflexionar sobre qué pensaría ese Visconti sobre este siglo XXI que nos toca, sobre esta “modernidad líquida” –términos de Bauman y Touraine-, esta sociedad fluida y volátil, sin valores sólidos, sin certezas y sin un fortalecimiento de los lazos humanos, con individuos sin identidad fija, y sí maleables, volubles, “surfeando –como dice Bauman- en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante -incierta- y cada vez más imprevisibledonde todo es de quita y pon, sobre este contexto “espumoso”.

Yo diría que Muerte en Venecia y el propio Visconti nos miran desde la atalaya de otra época, y su mirada nos puede servir como punto y elemento de reflexión para pararnos un poco y mirar a dónde hemos llegado, quiénes somos y a donde vamos en este vértigo que tan bien define el llamado Principio de Incertidumbre o de Indeterminación” propuesto por el físico Heisenberg (premio Nobel de Física en 1932) según el cual la precisión máxima está limitada por la siguiente expresión.” Pues eso, quien no lo haya hecho, le recomiendo que vea “Muerte en Venecia”, pero también que conozca mejor a esta figura cimera de nuestra reciente cultura del pasado siglo, un intelectual y un hombre de gran cultura con elevados puntos de mira y rica y compleja visión del mundo y de la vida.

Escribe un comentario