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Mucho galardón injusto para gozo fatuo de incautos

Por Enrique Fernández Lópiz

Basado el film en una obra cumbre de nuestra literatura y precursora del género picaresco, tan propiamente español, la cinta nos habla de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, o sea, las aventuras y desventuras del desdichado Lázaro que deberá emplear toda su astucia para poder alimentarse y salir adelante, sirviendo a diferentes amos en la Castilla medieval.

A propósito de esta Castilla, digno es de mención el enorme gusto que da ver los exteriores donde fue rodada la película, ciudades y pueblos tan preciosos y para mí entrañables como la infaltable “Salamanca la Docta” (“académica palanca de mi visión de Castilla”, como la describiera Unamuno), Toledo, y pueblos tan pintorescos como Tordesillas, Frías de Lerma, Olías del Rey, Piedralves o la maravillosa Alberca salmantina. Esto en plan turismo, pero claro, una película no es un tour turístico.

El director César Fernández Ardavín hace un trabajo de medianía con esta adaptación que él mismo hace de este clásico de nuestra literatura, de esta novela anónima (aunque hay quien dice que su autor fue el poeta y diplomático granadino Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco, u otros). La esta obra fue escrita en torno a 1559 y es considerada el punto de arranque de la Literatura picaresca en España por su realismo, el uso de la primera persona, su estructura itinerante, el hecho de que el personaje sirve a varios amos, y una ideología moralizante y pesimista; se escribió en estilo epistolar, de estructura aparentemente simple, pero en realidad muy compleja.

Mas si la dirección de Fernández Ardavín tiene un pase y por los pelos, el libreto está escrito con demasiada cautela, hecho con excesiva “corrección” y mesura para la época, digamos para que la censura no la echara para atrás. A cambio, el guión obvia todo el esbozo irónico y despiadado del Lazarillo, críticas sobre la sociedad del momento que la novela expone a las claras, donde se muestran los vicios de la época, la hipocresía social, el poder despiadado y sobre todo los clérigos y religiosos del momento, etc. O sea, la trama desatiende el genuino espíritu de esta archiconocida obra, pareciendo que cuenta una historia diferente a la novela original; entre otras, sólo habla de la infancia de Lázaro, en tanto la novela alcanza hasta su adultez. Dicho de otro modo, la literatura desborda a la película por todos los lados.

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Pero claro, yo comprendo que hay que tener en cuenta la fuerte censura de la dictadura franquista en ese año de 1959… y lo que aún habría de venir. Y para salvar un poco los trastos yo diría que se pueden constatar dos aspectos exculpatorios y/o meritorios. Uno, la época difícil en que fue rodada la cinta. Y el segundo, el mérito de Fernández Ardavín de haber llevado al cine esta obra cumbre centrada en la picaresca y además, haberlo hecho con gran éxito de premios y reconocimientos, lo cual es bastante sorprendente. Siendo sincero, mi parecer es que este mérito, que tenerlo lo tiene en su haber de manera innegable, es también fruto de la sobrevaloración de un film que tiene sus defectos e imperfecciones; o sea, que la cosa no era para tanto premio, como ahora expondré al hablar de los que consiguiera la película.

Tiene una música pasable y a tono con las composiciones del talaverano Salvador Ruiz de Luna, y una maravillosa fotografía en blanco y negro del egregio Manuel Berenguer, que es todo un genio detrás de la cámara.

Con relación a los premios, de lo cual es curioso hablar, la cosa fue así entre 1959 y 1960. 1959: Premios del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC): Mejor película, mejor director, mejor fotografía, mejor música. Premios del Sindicato Nacional del Espectáculo: Mención especial del Jurado a Mejor película. 1960: Festival de Berlín: Oso de Oro, Premio C.I.D.A.L.C. Me parece que a los teutones lo de la picaresca les debió parecer algo inaudito, a la vez que original; puede ser que a los germanos esto de la picaresca les resultara tan insólito, que debieron encontrar la película muy original y curiosa, a modo de subcultura bohemia y cómica. La cosa es que los premios y galardones no son siempre sinónimo de equidad y reconocimiento de la calidad de una obra; a veces responde a otros parámetros que se nos escapan, al menos a mí, pero donde los intereses son evidentes. Que la película se alzase con la “Berlinale” de 1959 parece una broma. Cabe recordar que en aquel entonces se presentaron películas de envergadura como: Al final de la escapada (1960), de Jean-Luc Godard (Oso de Plata al mejor director y clave en el despertar de la “Nouvelle Vague”); Pickpocket (1959), de Robert Bresson (una de las más hermosas cintas del cine europeo); o, Río salvaje (19609), de Elia Kazan (National Board of Review: Top 10 mejores películas). De manera que hay que bajar a la realidad. Entiendo que nos alegremos por los premios que obtuvo esta película española, pero a decir verdad, el tiempo viene finalmente a cantar las verdades en su justeza. Y la evidencia nos dice que no se entiende bien el palmarés de este film, y menos aún el Oso de Oro.

En cuanto al reparto creo que pasa el corte muy justito. Marco Poletti no es en absoluto el niño que habría requerido el papel del Lazarillo; no da el tipo ni su trabajo está bien dirigido cara a asomar la facies típica que conocemos como un genuino pícaro: sucio, mal vestido y urgido por aguantar el tipo y sobrevivir. Carlos Casaravilla está muy eficiente en el rol del astuto ciego. Juanjo Menéndez muy regular como el escudero. Memmo Carotenuto es de lo mejor del film en su papel de cómico. Antonio Molino correcto como el alguacil. Y bien Margarita Lozano como Antona. Acompañando Juana Cáceres, Angelina Macua, Mariano Martín, Mary Paz Pondal, Carlo Pisacane, Victoria Rambla, Ana Rivero, Carmen Rodríguez, Luis Roses, Pilarín San Clemente y Emilio Santiago. Correctos a secas.

Le falta a la cinta más drama, ya que el tema redundante es el hambre, pero al niño se le ve siempre muy bien peinado, aseado y relumbrante de cara, este niño italiano con esmerado corte de pelo, lo cual no va con el personaje de la novela de ninguna forma. La picaresca se reduce en esta versión a juegos infantiles y diabluras baladíes. Cuando en puridad, la picaresca implica necesidad, pobreza, harapos, hambre, brutalidad, sometimiento y mucho más. Sin embargo, aquí se dibuja una realidad edulcorada a todo nivel y carente de mordacidad, sarcasmo y tragedia.

Creo que voy a dejar aquí. A mí me gustó visionarla, pero también sentí que la obra literaria no merece esta trama impostada y poco reconocible, donde el talento queda a medio gas; o mejor, a un nivel mediocre. Me gustó mitad por la nostalgia y mitad, como decía al principio, por haber podido hacer un poco de turismo, sobre todo por tierras salmantinas, cuya capital considero mi segunda patria chica.

Y como es público y notorio que esta película puede verse íntegra en Internet, dejo aquí el enlace para quien lo quiera hacer: https://www.youtube.com/watch?v=upmlKYQuwNc.

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