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Mucho esfuerzo e ilusiones, pocos frutos: el cine es así

Por Enrique Fernández Lópiz

En esta película de título Miguel y William, se pretende hacer una comedia, trayendo de los pelos una relación entre un cansado y melancólico Cervantes y un jovial y seductor Shakespeare. La cosa es que Leonor de Vibero (Anaya), hija de un hombre de negocios que vive en Inglaterra, muchacha avispada y con un franco interés por la literatura en general y el teatro en particular, debe retornar a Castilla, pues la han comprometido con un Duque viudo (Pou), acaudalado y poderoso. En Londres ya había conocido a William Shakespeare (Kemp), a quien dejó prendado de sus encantos. Y al llegar a España, por las cosas del destino conoce a Miguel de Cervantes (Galiardo), que fuera soldado, escritor también y en la actualidad recaudador de impuestos. Cervantes ha perdido su convicción en su ingenio para la literatura. Pero la seductora y entusiasta Leonor lo convence para que escriba una comedia, a fin de que se estrene el día de su boda con el Duque. Pero hete aquí que tras sus huellas aparece en el castillo donde se encuentran, el mismísimo Shakespeare que pretende evitar el matrimonio de Leonor, que él considera forzado por circunstancias ajenas al amo; si bien Cervantes también está enamorado de Leonor. Es en este punto cuando la joven ve la oportunidad de conjugar los talentos de ambos escritores para que escriban una obra conjunta y única. Mientras Cervantes aporta hondura y sapiencia, Shakespeare aporta más en el terreno de los recursos teatrales y el humor. Pero este artificio no se mantendrá mucho tiempo.

El loable intento de este film es de Inés Paris en su ópera prima en solitario, dirigiendo y escribiendo también un guión poco creíble, adaptación de una historia de Tirso Calero y Miguel Ángel Gómez. Inés París declaro lo siguiente: “En vez de escribir sobre Shakespeare y Cervantes yo iba a hacerlo sobre Miguel y William dos seres humanos con sus debilidades, temores, manías, inseguridades y eso sí, con el empeño de escribir y hacerlo lo mejor posible […] Sabía además que esta película debía ser una comedia […] Lo cómico es además un género en el que siempre me he sentido cómoda”. Pues bien, esta película, donde los dos genios se dan la mano artística y creativa, tiene una trayectoria breve en cuanto a calidad y esconde tras algún diálogo gracioso o alguna ocurrencia ingeniosa, una comedia de tercera categoría, que no bien acaba la cinta, agradeces el final de la misma. Y es que el aburrimiento no tarda en asomar. Aunque sea meritorio el intento de París por entretener y divertirnos, lamentablemente no lo logra más que en muy escasas ocasiones. Como escribe Muñoz, y no creo que sea excesiva su crítica: “Un divertimento blanco, cándido y descerebrado que se aferra a la facilidad del chiste contemporáneo, el manoseado doble sentido y alguna que otra punzada soez, lo cual embarra con vergüenza ajena a los personajes a los que está homenajeando”.

Está bien la música de Stephen Warbeck y es aceptable la fotografía de Néstor Calvo, así como la puesta en escena.

En cuanto al reparto, Elena Anaya está graciosilla y le da picante a su rol de sensual y seductora Leonor; Juan Luis Galiardo, que siempre fue un gran actor, no falla, por más que el mal guión desaproveche su genio en el papel de un Cervantes taciturno. Bien Will Kemp, como un Shakespeare cascabeleante y bullicioso. Y quizá el mejor sea Josep María Pou en el papel de Duque. La Chaplin cumple por los pelos. Y acompañan Malena Alterio, Miriam Giovanelli y José Luis Torrijo. Los actores en realidad están bien.

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Lo que ocurre es que hacer una comedia en la que Cervantes y Shakespeare, los dos grandes genios de la Literatura del Siglo XVI, caminen juntos en la trama, es algo muy arriesgado, complejo y difícil. Y mucho me temo que este film no consigue alcanzar este objetivo ni por asomo. Resulta así, una obra desafortunada, con pocos momentos que invitan a la sonrisa, que no funciona como comedia ni como drama teatral. Como escribe Ocaña: “Entre la desmitificación y la charlotada hay un gran trecho. [...] Una carencia absoluta de recursos dramáticos y una descomunal falta de respeto en una casi vergonzante comedia“. De manera que lo que prometía inicialmente la cinta, se agota a los pocos minutos del metraje. De esta guisa, la historia se convierte entre los giros, en una simplona historia de enredo. Paris apuesta por la efectividad de la gracia simplona, en vez de preocuparse por la originalidad y desarrollar de manera coherente el argumento. Y como dice Laviña: “es sorprendente esta determinación por conducir el film hacia una especie de ´vodevil en el castillo´, con una trama que encadena incontables recursos de situación (carreras por los pasillos, duelos, entradas y salidas por las ventanas) sin demasiado concierto”.

En resumen, obra fracasada. Quizá su ambicioso planteamiento sea el pecado que acaba por hacer naufragar este proyecto, aunque a decir verdad, tiene buenos actores y una ambientación lograda. Por lo demás mero pasatiempo. Esperábamos que Inés París acertara sus próximos filmes y Manzanas, pollos y quimeras (2013) es al parecer un retrato interesante, plan documental, de las mujeres africanas que viven en España; y La noche que mi padre mató a mi padre (2016), en la que parece que tiene su punto de comedia negra, divertida cara al público y con excelentes actores, si bien ésta última la pongo en barbecho, pues ni la he visto ni hay mucha noticia aún sobre ella.

La cosa es que Miguel y William no cuaja prácticamente en ningún momento. Y podría ser más duro, pues no es de recibo que se haga algo tan chusco con dos personajes de esta talla. Pero pondré fin a mis comentarios, porque cualquiera que haga o intente hacer una película, ya merece respeto. Si no, fíjense lo que la propia directora Inés París cuenta, de lo dificultoso y costoso del rodaje: “… también sufrimos. El frío que hace en los castillos (a veces más en el interior que fuera) el polvo que levantaban los suelos sobre los que tenían que moverse los actores y desplazar la cámara, el humo de las innumerables velas que nos obligaba usar mascarillas y que teñía de negro los maravillosos maquillajes cerúleos de los actores, la incomodidad de los trajes de época, con corsés que cortaban el aliento a las actrices, los tiempos de espera para que todo estuviera listo y sobre todo, la dificultad de trabajar con animales: caballos que relinchan, que se encabritan y se “niegan” a pararse en las marcas, burros que se empeñan en tirar de un decorado hasta romperlo, cerdos que se lo comen o con los que sólo se puede hacer una toma porque mueren de un infarto si les haces correr varias veces […] Pero todo esto se supera con facilidad cuando tienes un equipo como el que ha hecho esta película. Un equipo que mezclaba técnicos y artistas ingleses y españoles enormemente profesional y unido por un proyecto en el que creían y al que todos han sabido aportar lo mejor. Empezando por su entusiasmo y esfuerzo. Sobre todo, los actores”.

Lástima que no cosechase mejores frutos.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=OeCylq8dvxg.

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