Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Mucha Binoche y lo que podría haber sido esta película

Por Enrique Fernández Lópiz

Rebecca (Juliette Binoche) es una importante y arriesgada reportera de guerra. Estando en Kabul (Afganistan) fotografiando todo el proceso de un atentado suicida islamista, resulta gravemente herida, lo cual que su marido va a buscarla y la lleva a Irlanda para que se recupere de las graves heridas sufridas en la explosión provocada por los cinturones-bomba de la terrorista, quien por cierto activó precipitadamente el artefacto por culpa de la propia reportera. En este punto, su marido y sus dos hijas le ponen un ultimátum: debe decidir entre su arriesgado trabajo o su familia.

Bien dirigida por Erik Poppe quien conduce el film sobre un guión del propio Poppe junto a Harald Rosenløw-Eeg que tiene, según mi opinión, lagunas importantes. Buena música de Armand Amar, con una excelente fotografía de John Christian Rosenlund.

El reparto está compuesto por una exclusiva Juliette Binoche, junto a Juliette Binoche (a la que repito porque el noventa por ciento de la película es ella más ella). Creo que he visto mejores cintas de la Binoche, siendo que en esta lo que aparece reiteradamente es la cara ensimismada y apenada de la actriz, un rostro que en esta película no parece poder con un lenguaje de calado como en otras ocasiones, sino que más bien se deja llevar por sus contracciones, espasmos e inercias gestuales que parecen ensayadas específicamente para esta película. Junto a la Binoche y con cara de iracundo tenemos a un sobrio Nikolai Coster-Waldau, del que nadie va a dudar que efectivamente sea un actor del norte de Europa. Luego está Maria Doyle Kennedy, actriz y cantante ya veterana que sale poco, pero correcta; Larry Mullen Jr., baterista de la banda irlandesa U2, bien; Mireille Darc, la joven Laury Canny, hija de la protagonista, de mirada acusadora e irascible que parece llevar dentro el germen rabioso de su madre (pues vale); Adrianna Cramer Curtis (en su sitio); y Mads Ousdal (en pocos minutos, OK).

Se trata de una coproducción Noruega-Irlanda-Suecia; Zentropa International Sweden / Film i Väst, y esto se nota.

La película merece la pena verse, así lo digo de entrada. Pero concurren en el film varias envolturas que querría comentar.

La Binoche. En primer lugar me refiero al excesivo protagonismo de la Binoche, pues en esta película es ella y el resto. A mí me gusta mucho esta actriz, pero creo que esta película está pensada para su protagonismo casi exclusivo, y yo creo que una buena película, por lo común, es una obra de actores diferentes que comparten protagonismo. Sin embargo esta película es Binoche y viceversa. El resto es prácticamente prescindible.

milvecesbuenasnoches2

Familia. Erik Poppe y su guión evaporan por una mala gestión de la historia, muchos matices y angulaciones sobre el tema del periodismo de guerra, en aras al terreno previsible del drama familiar. Por poder expresar lo sustantivo del film, el tour de forcé” del director lo lleva a alzaprimar el pulso entre las responsabilidades afectivas y familiares de la protagonista, versus la pulsión irrefrenable de su profesión como reportera de guerra. De manera que al noruego no le preocupa usar como leitmotiv simbólico en la cinta una especie de móvil de madera que representa la imagen de una familia de cuatro miembros —como la de la película— con las manos unidas en un corro perfecto. Simplón.

Género. El tercer asunto que quiero tratar tiene que ver con aspectos de género, de lo que tanto se habla hoy. Es decir, un marido e hijas deciden que su santa esposa y amantísima madre debe decidir entre una profesión de evidente riesgo y ellos. Y entonces yo me pregunto ¿cómo sería el tal dilema si fuera él quien hiciera la labor de reportero de guerra o, aún más arriesgado, de soldado en los múltiples frentes que se abren hoy en el mundo (Oriente próximo, África, Ucrania, etc.)? ¿La polémica sería tan agudizada si la señora fuera él en este film? ¿No lo llaman a esto sexismo e incluso machismo?

Una profesión de riesgo libremente elegida. El cuarto punto que quiero analizar es que parece evidente que ser reportero de guerra es ejercer un oficio de riesgo al que se opta por propia voluntad. Y eso parece ser un pecado de la protagonista, siendo que este trabajo es casi tan antiguo como las primeras guerras ilustradas de la humanidad. No ha mucho, aunque resulte políticamente incorrecto, el acreditado reportero de guerra de durante más de veinte años en Televisión española y hoy académico de la lengua y afamado novelista Arturo López Reverte, dijo en voz alta y clara, que Julio Anguita y José Couso, reporteros de guerra, “murieron porque querían estar allí. Fueron voluntarios a un lugar peligroso”. Nada creo que haya que añadir a este extremo, pero Poppe resulta cansino resaltando durante todo el film los tremendos gajes de un oficio impagado que se sitúa en el límite. Lo mejor que vi en este sentido en esta película es cuando la Binoche, en una escena, le comenta a su hija adolescente, que ella lleva dentro de sí la rabia y el germen del riesgo, y que cuando sea mayor, ella, su hija, comprenderá que nada hay que reprochar a tal inclinación. Y de nuevo cito a Pérez Reverte que dice: “Nunca conocí a un reportero que al sonar el primer cañonazo no sintiera la excitación, el hormigueo, de quien empieza una aventura peligrosa y fascinante”. Así debe ser, digo yo.

Thanatos-Eros. También está el asunto de la dimensión thanática de la vida y las inclinaciones de la protagonista. Ya los refranes y proverbios de antañazo dejan claro que “quien ama el peligro, en él perece”. Lo cual sólo la protagonista parece tener claro; no se sabe si los demás son “cortos” o pusilánimes. No dudo que el guión ha pensado en la angustia de una familia cuya alma mater está en situaciones de alto riesgo, y comprendo que plantee este dilema familiar moralizador a la vez que sexista como ya he apuntado. Pero este dilema que le plantean a la bienaventurada madre entre quedar en familia o romper y dedicarse a su “vocación” de reportera de guerra, resulta ñoño en lo que habría podido ser esta película. Yo creo firmemente que hay dos básicas inclinaciones que dirigen la existencia: la vida (Eros) y la muerte (Thánatos), que coexisten en nosotros. Son ideas freudianas, claro. Hay personas más thanáticas (pro-muerte), y quienes son más biofílicos (Eros). Es decir, si alguien expone demasiado su vida, hace deportes de riesgo, acostumbra a conducir a excesiva velocidad, se dedica a las carreras de motos o no cuida su salud, es más thanático que otro que es cuidadoso en sus hábitos, precavido en los límites de lo razonable, apuesta por el amor y se cuida a sí mismo en general según el dicho de que “el amor bien entendido empieza por uno mismo”; éste es más instinto de vida. Obviamente no hay nadie puro. Y en la película parece que el extremo del sujeto arriesgado, aunque fuera por razones sociales, informativas, de denuncia o profesionales, no es bien aceptado e incluso reprobado por un guión que considero conservador.

Ingenuidad y política. Finalmente, no querría acabar sin apuntar dos ideas. La primera es que un reportero de guerra no es un buen samaritano ni un filántropo, ni creo en absoluto en la idea de que pretendan detener con su testimonio las guerras. Lo segundo es la convicción de que las imágenes de los reporteros gráficos, sobre todo si son en exceso impactantes, provocan en quien las ve una especie de defensa muy primaria, tal es obviar inconscientemente lo que se ve en la foto o se lee en la crónica. Eso se sabe desde hace décadas por parte de la Psicología Social. Y la intención de los guionistas de hacernos creer que la protagonista lo que pretende es denunciar los atentados suicidas o las guerras, parece no entender que este tipo de imágenes tan impactantes hacen que el espectador de manera automática se cierre a ver la realidad que se presenta en prensa o TV. Y ya no digo nada cuando en el film se hace una crítica a los gobiernos que prohíben ciertas imágenes a la prensa oficial, cuando es sabido, y quien no lo quiera ver es necio, que los gobernantes son unos cínicos y unos títeres que sólo obedecen a diversos poderes fácticos como la industria armamentística, las farmacéuticas, los sistemas financieros, los explotadores de recursos naturales, etc., que son quienes lamentablemente mandan en el mundo. Entonces, el reportero está ahí para levantar acta de los sucesos terribles, no para cambiar sustancialmente a nadie, como tampoco se justifica la firme acusación que el film hace de esta profesión. De nuevo quiero citar a Pérez Reverte cuando escribe sobre “… la ingenuidad de quienes sueñan con un mundo perfecto, ni con la obscena demagogia de quienes convierten en votos cada niño quemado y cada muerte. Ninguna guerra es la última, porque el ser humano es un perfecto canalla. Y para contar lo más brutal de esa infame condición humana, seguirán muriendo periodistas”.

En resumen, una película que merece la pena ver. Sobre todo atendiendo al final, es decir, cuando el film plantea de forma seria si merece la pena ser un mero retratista de una realidad intolerable, tal cuando la fotógrafa Binoche toma “insight”, o sea, se da cabal cuenta, “capta”, “internaliza” o comprende la “verdad” revelada por su experiencia inmediata ante los acontecimientos que se van a suceder. De que ella, más que tomar una fotografía de la preparación de un atentado suicida de parte de una adolescente dispuesta a inmolarse por Alá, lo que en realidad debería hacer es obviarlo y lamentarse profundamente de lo que está viendo. Pues esa muchacha podría ser su hija, sólo que la joven suicida es con toda probabilidad pobre, explotada, inculta y le han lavado el cerebro.

Para finalizar diré que por lo leído sobre este film, algunos reconocen en este drama el egoísmo del reportero gráfico de guerra. Otros ven la brillantez de la filmación, e incluso subrayan las evidentes crisis familiares. El de más allá hace observaciones sobre el difícil equilibrio entre el trabajo y la vida familiar. Los de enfrente refieren un melodrama plomizo, nórdico y pesado (razonable). Y otros, una tragedia prolija (de eso no hay duda, hay un exceso de prolijidad) y progresivamente amorosa. Por no mencionar los que quieren ver en el rol de la protagonista una “evidente” pasión por su labor. En realidad no puedo desacordar con ninguna de estas opiniones. No me interesan mucho.

Pero lo que a mí me parece más importante es concluir con dos afirmaciones casi irrebatibles. La primera es que el noruego Erik Poppe debería haber profundizado más y mejor en la vida y puntos de interés de los reporteros de guerra, dado que él fue periodista de guerra para la agencia Reuters informando de los conflictos armados internacionales en Angola, Mozambique, Camboya o Beirut; debería haber hecho, pues, una descripción más seria y abierta al debate sobre el tema. Por lo tanto, según mi opinión, Poppe, empero su experiencia, ofrece una versión con evidentes trazas de superficialidad y sentimentalismo. Sólo algunas escenas como el plano final de las dos madres arrodilladas, está cargado de significado, lo que me lleva pensar por qué no hubo otras escenas equivalentes en los 117 minutos de metraje precedentes.

Amigo, yo te aconsejo esta película, pero no creas que vas a ver la crème de la crème del profundo cine nórdico. Para eso ya existió un Bergman, y aún no ha aparecido quien lo sustituya.

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario