Image Image Image Image Image Image Image Image Image

Mr. Turner

Por Alejandro Arranz

-Un biopic extraordinario, rebosante de sutil intensidad, de imágenes hermosas, de sentimientos y emociones contenidas. Pero más extraordinaria es su actuación principal, Spall se convierte en William Turner casi literalmente y borda un personaje inolvidable.
-El guión es suntuoso y el trabajo visual de Leigh y Pope hipnotiza con cada bello plano y cada hermosa pintura. Sin duda una de las mejores película del año.

Estamos en plena temporada de premios, con cantidad de películas interesantes y candidatas a alzarse con algún que otro galardón en los diferentes festivales, a la espera de la gran ceremonia de los Oscar que cerrará como cada año esta temporada que tanto nos gusta. Y como está claro, una película del famoso cineasta británico Mike Leigh es motivo de exaltación para todos, todavía más cuando su nuevo trabajo se trata nada menos que de un drama biográfico sobre el visionario pintor Joseph Mallord William Turner, una figura muy controvertida en su época. Leigh, como nos tiene acostumbrados también escribe el guión del filme, con suma destreza todo sea dicho, y para apoyarle en el trabajo visual elige a su habitual director de fotografía, Dick Pope (El Ilusionista). Aunque lo más importante lo he dejado para el final, el reparto, Timothy Spall le pone cuerpo y alma al renombrado paisajista británico, al que apoya un acertado elenco de secundarios tales que: Jamie Thomas King, Roger Ashton-Griffiths, Robert Portal, Lasco Atkins y John Warman -entre otros-. Otro colaborador habitual del director al que también encontramos en esta ocasión es el compositor Gary Yershon.

mrturner2

Cuando finalmente el último plano funde a negro queda un regusto amargo y al mismo tiempo la sensación de haber visto una película magnífica, de sentimientos elevados, y el hecho de que ambas emociones converjan no conlleva que haya sentimientos encontrados, sino un molesto exceso de metraje durante la última media hora más o menos. Mike Leigh ha logrado otra gran película, una joya del género tan perfectamente imperfecta como el personaje que retrata (y asimismo su obra), un memorable personaje al que Spall interpreta de manera perfecta, con todo lujo de matices y gestos, y es por tanto que su abrumador trabajo convierte a ésta en la mejor actuación que he visto a día de hoy en una película del 2014. Entre su incalculable interpretación y la habilidad de Leigh como director, este biopic parece casi documental, y lo digo como un cumplido. La dirección es soberbia en todos los aspectos, la cámara de Leigh se mueve son sutileza entre los pequeños momentos sin aparente importancia y las grandes acciones igualmente llenas de significado; desde la emoción más dificilmente perceptible -o apreciable- de un pequeño hombre de gran visión, hasta el más grande de los paisajes de las tierras inglesas y su representación pictórica, cada plano lleno de emociones, de significación y por supuesto, de belleza visual, pues Pope y Leigh componen una de las películas más visualmente hermosas de la temporada y de los últimos años. La dirección de actores también es excelente y todos los intérpretes realizan un trabajo estupendo.

Los trabajos como guionista y director de Leigh concurren cuando hablamos del ritmo, otra indudable virtud del filme, aunque tratamos con un ritmo interno de plano bastante pausado, el ritmo externo es algo más dinámico, marcado por unas fabulosas panorámicas, esto junto con la agilidad de las conversaciones y el afilado a la par que irónico humor británico logran ese armónico ritmo que hace que el filme no decaiga y/o aburra ni por un segundo hasta el tramo final. No todo el guión son líneas de diálogo agudas y acaudaladas conversaciones, la historia que cuenta es dramática, fascinante y perfectamente moderna a pesar de la época en la que sucede, y es que el arte es eterno y el ser humano en su infinita complejidad no ha cambiado tanto en el último siglo y medio. Pese al sublime trabajo realizado en prácticamente todos los campos el filme sufre mucho durante su última media hora, falta de vigor y sólo sostenida por la actuación de Spall. Por alguna razón se alarga innecesariamente y en lugar de concluir desarrolla una subtrama precaria en los últimos minutos, para seguidamente ultimar con un plano simbólico, sin duda, pero no por ello más correcto para culminar el biopic. Si bien es esa media hora final demasiado dilatada la que hace que la película no obtenga la nota que merece no se debe desmerecer el conjunto, el de un maravilloso biopic repleto de virtudes y sobrado de poderío cinematográfico, tanto visual como verbal.

Mile Leigh vuelve a obsequiarnos con otra muestra de gran cine; un portentoso drama de época de grandes ambiciones y aún más grandes resultados, con un apartado visual para estudiar y una interpretación principal destinada a llevarse todos los premios de la temporada. Es uno de los mejores biopics que he visto en mucho tiempo, que no sólo se centra en la vida pública del pintor sino también en sus sentimientos, su personalidad y en como todo lo que le rodeaba influyó de sobremanera en su obra. Al director británico cualquier periodo histórico le sirve para transmitir lo que quiere y en esta ocasión queda más que claro que nunca, no hace falta ser un experto en arte ni en la psicología del ser humano para darse cuenta de que esta es una historia de interés moderno, y cualquiera de ustedes deberían atender a lo que cuenta, el qué y el cómo son magistrales.

Alejandro Arranz

It's only fair to share...Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0Email this to someone

Escribe un comentario