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Mr. Holmes

Por Alejandro Arranz

-Sir Ian McKellen entrega en Mr. Holmes una interpretación brillante y majestuosa. Lo malo es que la película no pasa del melodrama sensiblero.
-Muy irregular, tiene un par de momentos interesantes e incluso algo de misterio, pero siendo sinceros, el filme de Condon no está a la altura del personaje ni de la historia, es corriente y olvidable.

Desde que Sir Arthur Conan Doyle publicara la primera novela del detective Sherlock Holmes allá por 1887, con el título “Estudio en escarlata”, el cine ha sido un hogar permanente para el detective más inteligente del mundo. Más de una decena de actores han dado vida al famoso y fascinante personaje a lo largo de un siglo y ahora ha sido nada menos que Sir Ian McKellen el elegido para interpretarle en sus últimos años. La historia está basada en la novela homónima del escritor Mitch Cullin y ha sido adaptada por el guionista Jeffrey Hatcher (La duquesa). Esta última aventura de Holmes está dirigida por Bill Condon (El quinto poder), que ya trabajó con McKellen en Dioses y Monstruos, una estupenda película que trataba el mismo tema con mejores resultados. Desde entonces ambos compañeros han seguido caminos muy distintos, Condon dirigiendo las últimas entregas de Crepúsculo y McKellen convirtiéndose en una de las estrellas de cine más respetadas del panorama actual. Por último antes de empezar queda nombrar al elenco de secundarios que acompaña a McKellen en el filme, estos son: Laura Linney, Hiroyuki Sanada, Frances de la Tour, Roger Allam y Philip Davis -entre otros-.

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Partiendo desde un parecido más que razonable con su obra Dioses y Monstruos mencionada anteriormente, Condon nos cuenta los últimos años de Sherlock Holmes, el verdadero: un hombre solitario, arrepentido por innumerables cosas de su pasado cada vez más borroso, pues cuya memoria y razón empiezan a ceder ante la vejez. Y es que incluso el detective más racional e inteligente del mundo es humano, envejece, pierde su agudeza, su visión, su agilidad física y mental y se marchita como lo hacemos todos. Incluso cuando su leyenda es tan inmensa que el personaje real no sabe si continúa siendo él o se ha convertido en la imagen ficticia vendida por las novelas y las películas, con esa pipa que no le gusta fumar y ese sombrero de caza que sólo se puso en una ocasión. Sherlock Holmes detrás de toda la ficción es nada más que un hombre, maltratado por los años y por un último caso incapaz de resolver, se dedica ahora a cuidar de sus abejas e intentar terminar de escribir una última y verdadera historia, procurando que su memoria aguante otro día más. Y es McKellen un Holmes a la altura de las expectativas por altas que fueran, su interpretación está repleta de matices y le hace honor a un gran personaje, algo de lo que el filme no puede estar orgulloso. Las malas noticias son que el reparto por mucho que se esfuerce no puede levantar la película por si sólo y no hay demasiadas cosas reseñables aparte de este. La película es elegante y vulgar en igual medida. Condon aporta esa elegancia junto a su buen hacer, la ironía de McKellen, los trajes de época, los paisajes y el conjunto tan británico como -positivamente- “rústico”, sin embargo no quita que la película sea como he dicho vulgar, sin nada a destacar, fría y sin alma.

La narración me aburre, le falta vitalidad e intriga y le sobran perífrasis. Por último, a los problemas anteriores hay que sumarles el condenado sentimentalismo, que llega a ir en contra del personaje.

Por tanto Mr. Holmes es un melodrama de época con ciertos tintes de telefilme barato y que sufre algunos de los problemas de su protagonista (entre ellos el ritmo de un anciano de 93 años), sin tener la agudeza ni la densidad de los que lleva presumiendo éste mismo durante más de un siglo. Condon hace algunas cosas bien pero sus últimos años de trabajos mediocres le han pasado factura y un servidor piensa que sin la fabulosa Laura Linney y sin él inigualable McKellen esta película sería un plomazo vacuo y sin interés. Sin embargo dos actores de semejante calidad le aportan humanidad, sentimiento, gracia y remiendan no pocas deficiencias de esta olvidable obra que ni de cerca le hace sombra a este maravilloso personaje.

Alejandro Arranz

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