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Morir todavía

Por Jon San José Beitia

Película de intriga dirigida por Kenneth Branagh en la que se tocan los temas de reencarnaciones, segundas oportunidades y la hipnosis; posiblemente demasiados elementos para funcionar en una seria trama de misterio que se precie.

Presenta la historia de una extraña mujer que no recuerda nada de su pasado, pero que tiene visiones de un asesinato, que parecen ser vivencias de otra vida. Como trama de suspense engancha con un inicio prometedor, pero todo se queda en eso, en prometedor, derivando en un desarrollo torpe y más próximo a una comedia desenfadada que a una trama de misterio. Se apoya en demasiadas licencias gratuitas para dar forma al argumento, que está más próximo a la ciencia ficción que a la realidad, al tocar la hipnosis y la reencarnación para desarrollar la trama de suspense.

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El argumento inicial es interesante, pero presenta diversas incongruencias y situaciones inverosímiles. Tiene un desarrollo torpe a la hora de manejar el suspense, posiblemente debido al manejo de la historia por parte de su director, Kenneth Branagh, más acostumbrado a trasladar la obra de Shakespeare. En el reparto podemos encontrar a la que se convirtió en mujer de Kenneth Branagh, la reconocida y ganadora del Oscar, Emma Thompson, acompañada por la ligera aportación del cómico Robin Williams, que no encaja bien en su personaje, y un molesto Andy García, que se limita a repetir sus gestos y miradas habituales. Las interpretaciones del reparto no están a la altura de lo que se espera de ellos. Kenneth Branagh y Emma Thompson, sobreactúan. El empleo del blanco y negro por parte del director para ubicar las secuencias del pasado funciona bien para dejar claro al espectador en qué momento temporal se encuentra, pero peca de ser muy simplón y evidente. El maquillaje en una de las secuencias es ridículo y llega a ser molesto, donde se puede apreciar el rostro de Andy García, inundado de maquillaje, para hacerle aparentar mucho más edad de la que tiene, no convence ni su actuación ni el maquillaje. Lo único que salva la trama es el tono de humor que desprende el conjunto del relato, que hace que se pueda seguir con cierta comodidad. La resolución del misterio se ve venir y resulta aparatoso en su desenlace. Una idea atractiva e interesante, mal aprovechada. Para pasar el rato, si no se tiene nada mejor que hacer.

Jon San José Beitia

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