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Monuments Men

Por Alejandro Arránz

-Clooney no conoce los mecanismos de la comedia, ha creado una película aburrida, trivial, inepta y realmente mala.
-No me ha sacado ni la sonrisa; con cada movimiento del guión uno queda aún más insultado. Es el resultado de como una buena idea puede ser aplastada por un millar de malas decisiones.

George Clooney regresa como director tras Los Idus de Marzo (una espléndida mezcla de fábula moral y thriller político) para presentarnos su nuevo proyecto, una comedia bélica basada en hechos reales que cuenta la historia de un grupo de expertos en arte que arriesgarán sus vidas en plena Segunda Guerra Mundial para proteger las obras de arte y arrebatarles a los nazis las que fueron robadas. Para contar esta épica historia de interés humano Clooney se agencia un buen grupo de amigos que pueden llenar las salas de cine individualmente (no digamos ya unidos), el reparto que rápidamente se convierte en el mayor y único logro de la cinta, también en su único objeto de apoyo, está formado por: George Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Cate Blanchett, Bob Balaban, Jean Dujardin, Hugh Bonneville y Dimitri Leonidas. El guión está escrito por el dúo Clooney-Heslov, lo que a primera vista podría ser motivo de tranquilidad; en otros apartados como la música o la fotografía encontramos artistas de la talla de Alexandre Desplat (Philomena, Argo) y Phedon Papamichael (Nebraska).

Bien, todo parecía indicar que los Monuments Men los había reunido Clooney, menudo equipo de figuras había fichado para el reparto, para el guión y para el resto de apartados técnicos, desgraciadamente los actores no brillan en absoluto y el guión es un bodrio sin remedio, la parte técnica se salva. Clooney falla desde el principio, a la hora de presentar a sus personajes, apenas se molesta en hacerlo (no te sabes ni los nombres) pues al fin y al cabo lo que importa es quien los interprete, es triste que un director del nivel de Clooney elija tirar de un recurso tan fácil y rastrero. La empatía queda descartada pues tras esa inexistente presentación llega el aún más inexistente desarrollo de personajes, a través de un montaje deficiente y tendencioso se nos muestran varias escenas muy cortas y completamente triviales en las que con apenas una pincelada se intenta desarrollar a los personajes individualmente, a través de típicas historias emotivas y detalles insignificantes, atención a la de Bill Murray.

Si los presentas mal y profundizas mal en ellos ya puestos acaba mal el trabajo, es el credo del dúo de guionistas para esta película, pues tanto el final de los caídos como el de los supervivientes es de risa, y no de la buena. Hay maneras y maneras de matar a un personaje y si a uno le das un buen monólogo para despedirse, haz lo mismo con su manera de morir, porque es comprensible que un experto en arte dispare mal, pero no lo es que sólo dispare una bala y luego espere su muerte, otra de las muertes es quizá aún peor, pues está rodada de una manera ciertamente cómica y luego pasa sin ton ni son al melodrama, para que uno de los actores tenga su momento de gloria mientras entra incoherentemente la voz en off de George Clooney con un discurso patriótico de superación. Querido George, ¿qué intentabas vendernos?

Pasemos a un terreno más general, la película dura dos horas y parece que dure cuatro, los diálogos que intentan ser divertidos y perspicaces no superan el nivel de párvulos, y es que ni los actores parecen contentos soltando automáticamente esos chistes tan burdos e inconsistentes; narrativamente es farragosa, un conjunto de coloridos escenarios que apenas duran unos minutos y en los que no se cuenta nada, además la propia narración está colmada de clichés hasta lograr que la historia se vuelva aún más simple y previsible. Y luego están esas mini-historias que no pueden ni considerarse subtramas, como la de George Clooney con La Virgen de Brujas o la de Matt Damon y Cate Blanchett que es una soberana estupidez; hay tal número de insustanciales escenas de corta duración que en ningún momento se aprecia una mínima coherencia narrativa, tampoco ningún tipo de cohesión.

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Es la hora de hablar del supuesto pilar fundamental de Monuments Men, su imponente elenco de actores; otra de esas partes de la película que prometía mucho y se queda en una mera anécdota, en la cabeza situamos a Matt Damon y al propio Clooney como líderes de este caricaturesco grupo, sin embargo, poco se les ve hasta el tramo final, ya que tampoco se consigue dar a cada personaje el tiempo necesario, en este caso reciben más aplausos los secundarios. Bill Murray brinda su enorme carisma pero está mucho más apagado que de costumbre, Dujardin es bastante olvidable, claro que ambos son una joya comparados con Goodman y Blanchett, que ni la Mona Lisa sabe que pintan aquí, Mr. Goodman pone el piloto automático hasta un patético momento de gloria de un personaje aburrido y plano, Blanchett en un personaje tan ridículo y estereotipado que dan ganas de echarse a llorar; finalmente son Balaban y Boneville los que mejor parados salen de esta juerga sosa y absurda, en especial Boneville que aunque salga poco se lleva un buen monólogo y un pequeño pero merecido aplauso, su personaje también es una desfachatez de lo más estándar.

Al final lo único reivindicable del filme no son sino sus apartados sonoro y visual, con unos grandes efectos de sonido y una banda sonora eficaz aunque sobrada de grandiosidad, así como una enérgica puesta en escena que logra una sublime ambientación, parece que todo lo que Clooney ha hecho este año se salva solamente por su apartado técnico…Gravity

Tras todo esto llegamos al final de la película, Clooney es incapaz de crear tensión por mucho que intente alargar esa parte, fallo tras fallo deja caer su película en un abismo aún mayor, incoherencia tras cliché hasta llegar a un diálogo -prácticamente monólogo- del propio Clooney con el que queda pero que muy bien; y qué mejor modo de finalizar que con una desvergüenza de escena con una bandera americana, una náusea de secuencia patriótica que pone de manifiesto lo mala que puede volverse una buena idea si la saturas de malas decisiones, fallos garrafales y clichés burdos. Y es que no hay más que mirar para ver a plena vista lo absurdo que es todo lo que ocurre en Monuments Men, la escena de Clooney con su familia, la de Bill Murray escuchando la canción, el exalcohólico personaje de Boneville o, sin ir más lejos, Cate Blanchett, qué montón de pinceladas tontas y de soluciones manidas e incoherentes. Una obra de arte no vale lo que una vida humana y una película tan mala mucho menos, no vale ni dos horas de tu vida.

Alejandro Arranz

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