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Miike se pone serio mientras Peckinpah sentado en su tumba aplaude

Por Enrique Fernández Lópiz

13 asesinos se sitúa en las postrimerías del Japón Feudal, cuando el ascenso al poder de un joven perverso y sanguinario, Lord Naritsugu, empieza a suponer un peligro para la paz en la zona. Naritsugu, que como señor feudal está por encima de la Ley y de toda norma, asesina, viola, mutila o encarcela de forma errática y caprichosa. El oficial Sir Doi está muy apesadumbrado y profundamente preocupado por la brutalidad, la crueldad y la despiadada violencia de Lord Naritsugu. Para solucionar la situación acuerda con el samurái Shinzaemon Shimada, para que colabore y ayude a acabar con el tirano. Shimada logra reunir un grupo muy selecto de guerreros samuráis, entre los cuales está su sobrino y fiel escudero. Todos reunidos planifican una acción de emboscada aprovechando un viaje del tirano Naritsugu, al que escolta una comitiva encabezada por el implacable Hanbei. El encuentro entre los trece samuráis con un ejército de más de cien hombres, es toda una obra de fuerza e intensidad que acabará de manera inopinada. Esta película es un remake del film homónimo (The Thirteen Assassins), dirigido por Eichi Kudo en 1963, con guión de Kaneo Ikegami.

El prolífico, extemporáneo e irregular director Takashi Miike, ha realizado de manera bastante buena desde mi modo de ver, una auténtica película de acción física pura y dura. En gran medida, la película es un cuasi calco argumental de la grandiosa obra de Akira Kurosawa, Los siete samuráis (1954); que luego, por cierto, daría lugar al también conocido western de John Sturges, Los siete magníficos (1960). Hay ligeras modificaciones sobre el original que no confundirán, empero, al buen cinéfilo. Aquí, el villano es un solemne sádico que tortura hombres o amputa los miembros a las mujeres y niños a placer, con alguna escena que se podría haber ahorrado Miike. En el guión de Daisuke Tengan, adaptación de una historia de Kaneo Ikegami, la diferencia con el original de Kurosawa está en que en esta cinta no se aportan explicaciones sobre la personalidad ni las razones de los justicieros. Hacer eso habría restado tiempo a las batallas, que es lo que más interesa al director Miike. Acompaña bien la música de Kôji Endô, está bien la fotografía de Nobuyasu Kita, y tiene una buena puesta en escena y efectos especiales.

Como dice Batlle, estamos ante una: “… tradicional epopeya de samuráis con la que el heterodoxo, ecléctico enfant terrible Takashi Miike podría ingresar en las filas del clasicismo japonés, a la diestra de Akira Kurosawa”. Lo que me parece que Miike podría haberse ahorrado, pues ni quita ni pone a la película, son las escenas brutales a cargo del villano y sobre todo, la que muestra a una mujer desnutrida, mutilados brazos y piernas y la lengua seccionada. Si Miike pretendía teñir de horror su inclasificable filmografía, vive Dios que lo consiguió; eso sí, de manera gratuita.

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Me gusta en mis comentarios dejar constancia de los actores del film. En este caso son muchos, y destacando a los principales está Kôji Yakusho, Takayuki Yamada, Yûsuke Iseya, Gorô Inagaki o Masachika Ichimura; el resto acompañan perfectamente el film, actrices y actores como Mikijiro Hira, Hiroki Matsukata, Ikki Sawamura, Arata Furuta, Tsuyoshi Ihara, Masataka Kubota, Sôsuke Takaoka, Seiji Rokkaku, Yûma Ishigaki, Kôen Kondo, Ikki Namioka, Shinnousuke Abe, Kazue Fukiishi, Megumi Kagurazaka, Nizaemon Kataoka, Kazuki Namioka, Mitsuki Tanimura y Sakurako Moteki. Bien conjuntados y en una excelente interpretación coral.

Premios y nominaciones en 2010 y 2011. 2010: Festival de Sitges: Mejor diseño de producción, Premio del público. Festival de Venecia: Nominada al León de Oro (mejor película). Academia de cine japonés: 4 premios técnicos. 10 nominaciones, incluyendo mejor película. Asian Film Awards: Mejor diseñador de producción. 5 nominaciones, incluyendo mejor director. 2011: Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa.

Aunque como digo, el rastro de Kurosawa es evidente, esto no quita para que estemos ante una película bastante buena en el género de samuráis, hecha con oficio y con escenas de enfrentamientos guerreros de primer orden y muy cuidadas en su rodaje. Como escribe Sánchez: “Takashi Miike atempera su genio y se pone el disfraz de clásico. […] un tributo a una manera de hacer cine que ha pasado a mejor vida. Miike juega a ser anacrónico: si la figura del samurái define la tarea del héroe en la milenaria cultura japonesa, (Miike) quiere rendirle homenaje hablando su mismo idioma, adoptando su código de honor, llevando hasta las últimas consecuencias su repentino amor por la tradición. Lo que puede parecer un sabio ejercicio de estilo se transforma en la restitución de un género, el «chanbara» o cine de samuráis, que ha perdido su pedigrí al ser sometido a los mandatos del digital. […] El largo clímax que enfrenta a buenos y malos es, huelga decirlo, una lección de cine”.

O sea, cine de samuráis al más puro estilo, un chute de acción en vena en los cuarenta y cinco últimos minutos, con escenas que quedan fijadas en la retina y en el frontal. Se nota que Miike siente un profundo respeto por las tradiciones y concretamente por los samuráis. Si bien Miike está más fascinado por lo que ocurre en el plano plástico, que por lo que acontece en terreno psicológico de los personajes. Como apunta Costa: “su película baña de contemporaneidad los ecos de Kurosawa, a través de su lenguaje inmersivo y su paleta cromática manipulada digitalmente. Un `tour de force´menos clásico de lo que parece a primera vista”.

Para ir concluyendo diré que en esta cinta Takashi Miike parece ponerse “serio” como director, para hacer una película de corte clásico pero sin renunciar a su estilo más sorprendente y desgarrador. El inicio está muy bien, y la primera mitad de proyección salva el corte, lo cual que incluye como ya he dicho, alguna escena recuerda el lado más macabro y oscuro de Miike. La presentación y el reclutamiento de los trece asesinos se hace algo aburrida, sobre todo por comparación con la clásica de Kurosawa. La segunda parte se digiere bien que mal. El vestuario, escenario y efectos especiales son meritorios. Y luego, para los amantes de la acción, viene una segunda parte de batallas sin parar, donde los más de cien soldados del pérfido Naritsugu, tardan muy mucho en rozar siquiera a uno solo de los samuráis. Merece destacarse por su sobriedad y originalidad el duelo entre Shinzaemon y su amigo de la infancia y ahora enemigo, Hanbei. Y Naritsugu, mirando atentamente la lucha de ambos contendientes, dice: Prefiero los duelos entre dos sables solamente, son mucho más elegantes. Hay, eso sí, un enigma, el del cazador del bosque inmortal.

En conclusión, es una película de buena factura y de obligado cumplimiento para la pléyade de seguidores de Takashi Mike. Película belicosa, escenas fuertes cuerpo a cuerpo rodadas con meticulosidad, un ejercicio de carnicería cinematográfica y afinada realización, con “una mezcla de sangre y júbilo que haría que Sam Peckinpah se sentase en su tumba y aullase de placer” (Edlestein). Cierto y vero. Así pues, peli con violencia. Si eres de alma sensible, no la veas.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=NgPC74-Tde8.

Comentarios

  1. Sancho P.

    Muy buena película aunque me quedo con Los siete samurais de Kurosawa. Como bien dice el autor de esta crítica, no apta para almas sensibles.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Así es amigo, es muy cruda la peli; lo que no le resta valor. Y Kurosawa, claro, está muy por encima, fue un genio y es ya un icono. Saludos

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