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Miedo y dolor insondables

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace un par de días me quedé mirando entre entusiasmado y atónito esta película, La mujer pantera. Me llamaron la atención diversos aspectos de este conciso metraje, que a pesar de su brevedad, posee un nivel de excelencia y tiene un ritmo, una cadencia y una entonación técnica en todo sentido, maravillosa. De hecho, desde el principio hasta el final me cautivó el film sin que me levantara un segundo de mi asiento; incluso me produjo cierto desasosiego, por no decir miedo.

La joven Irena Dubrovna (Simone Simon) está dibujando una pantera negra en el zoológico de Nueva York cuando por esas cosas del destino conoce al ingeniero Oliver Reed (Ken Smith), un hombre apuesto, galante, equilibrado y resolutivo. Rápidamente se enamoran. Mas ya se apunta que Irena encierra un secreto aterrador, del que ni siquiera ella tiene sospecha. Irena es una mujer atractiva, melancólica, tímida, atormentada, celosa y frágil. Una vez casados, en el transcurso de su matrimonio, Oliver irá descubriendo el misterio de Irena, quien está convencida de que si ellos mantienen contactos sexuales, aunque más no sea un beso, ella, por una ancestral maldición que la preside, se convertirá en una pantera que acabará matándolo. Pero la mentalidad cartesiana de Oliver, un técnico en toda regla, entiende que se trata de imaginaciones o fantasías de su esposa. Así, convence a Irena para que recurra a los servicios de un conocido psiquiatra, el doctor Louis Judd (Tom Conway). Pero este cúmulo de circunstancias y la esquiva actitud de Irena hacen que el matrimonio entre en crisis, crisis que desemboca en un mayor acercamiento de Oliver hacia Alice Moore (Jane Randolph), una compañera de trabajo que está perdidamente enamorada de él, y a la que cuenta sus problemas matrimoniales. Esta amistad provocará los celos de Irena, e incluso en un par de momentos, Alice se siente acechada por una presencia oculta pero con visos de veracidad. A partir de este punto la acción se precipita y el Doctor Judd muere atacado por la pantera en que se convierte Irena, justo cuando él la besaba para comprobar su reacción. Pero el Doctor, que había tomado sus recaudos con un arma a la mano, ya la había herido a su vez mortalmente a ella. Una vez que Irena recobra su naturaleza humana, sangrando y malherida se traslada al zoo y abre la puerta a la pantera negra que había encerrada en la jaula, lugar donde Oliver la conoció. Cuando llegan Oliver y Alice la encuentran muerta en el suelo, convertida nuevamente en pantera.

El cineasta norteamericano de adopción y francés de nacimiento, Jacques Toumeur (Regreso al pasado, 1947), filmó esta cinta con un exiguo presupuesto de ciento cuarenta mil dólares de la época y fue catalogada como serie B. La produjo Val Lewton (de origen ucraniano) para la famosa RKO. Aquí destaco dos asuntos. El primero es la excelente labor de realización de Toumeur que logra crear una obra de mucho interés, con mucha intriga e incluso terror, en una narración in crescendo que pone en vilo al espectador. Además y en segundo lugar, con motivo de esta obra se patenta una técnica cinematográfica (que algunos denominan “técnica Bus”), que tiene su origen en la escena cuando Alice Moore es acosada y perseguida supuesta e intuitivamente (para el espectador) por la pantera oculta y desdoblada del personaje Irena Dubrovna, siendo que el ataque, ya “cantado”, se aborta por la súbita llegada de un autobús donde logra montar por los pelos Alice, secuencia que hace que el ritmo cardíaco se ponga a más de ciento veinte pulsaciones por minuto. Esta técnica ha sido repetida innumerables veces en muy diversas películas de intriga o de horror que vendrían luego.

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Tiene el film un guión excelente del californiano DeWitt Bodeen, con cuyo libreto consigue inquietar, asustar y entretener a partes iguales de manera muy eficaz. Desde el inicio de la película Bodeen incorpora al Dr. Louis Judd, a la sazón un estudioso del atavismo, quien a modo de prólogo nos introduce en el meollo de la historia refiriendo su obra “Anatomía del atavismo”, cuando textualmente dice: “Igual que la niebla sigue residiendo en los valles, así se agarra el antiguo pecado a los bajos lugares, y las depresiones a la conciencia del mundo“. También hay diálogos maravillosos como este que transcribo: “Que nadie lo diga, y que se diga a tu vergüenza. Pero aquí era bello todo, hasta contar con tu presencia.”/ “Yo sé lo que es el amor. Es comprensión. Somos tú y yo, y el resto del mundo no importa. Sólo nosotros dos viviendo nuestras vidas juntos, feliz y orgullosamente. Sin torturarse a uno mismo, sin dudas. Resiste y es eterno. Nada lo puede cambiar. Eso creo yo que es el amor.” El mismo Bodeen se encargaría en el año 1944 de escribir el guión de El regreso de la mujer pantera dirigida por Robert Wise y von Frtisch.

Excelente la música seca e intrigante del reputado Roy Webb y una maravillosa fotografía luminosa y nítida en blanco y negro de Nicholas Musuraca.

Me han gustado mucho sobre todo las dos protagonistas femeninas del film, con una Simone Simon (ex-modelo y actriz marsellesa) turbadora que logra transmitir el miedo de lo misterioso y lo oculto de una auténtica “mujer pantera” de felinos rasgos. Excelente Kent Smith en su rol de Alice, la chica buena y amantísima, muy guapa, aunque un poco gordita en la impresionante escena de la piscina. Tom Conway muy bien como psiquiatra seductor; y Kent Smith óptimo en su papel de atractivo ingeniero naval. Y acompañando Jack Holt, Alan Napier, Elizabeth Dunne y Mary Halsey.

Estamos ante una obra de sobresalto y suspense sorprendente y muy estimulante, que mezcla también romance y thriller. Fue publicitada curiosamente con el lema: “Bésame y morirás de un zarpazo“. Y es que la mente ancestral y recurrente de la enigmática mujer (venida de Serbia), Irena Dubrovna, es el nódulo alrededor del cual giran las impresiones angustiosas que transmite el film, relacionadas con supersticiones y costumbres llenas de tenebrismo enlazadas con tiempos pretéritos.

Película calculadamente ambigua, con escenas y contenidos extraños, confusos e incompletos, en que no se sabe a ciencia cierta si los problemas de Irena son producto de una patológica aversión al sexo, fruto de la represión sexual; o si realmente se vinculan con leyendas serbias muy antiguas de sesgo satánico, mitologías en que las mujeres descendientes de una determinada casta se transforman en violentas panteras ante la presencia sentimientos exacerbados como los celos, la pasión amorosa, el efecto de caricias o besos, u otros contactos carnales. El caso es que Irena, sintiéndose víctima de una execración, evita el contacto sexual con su esposo al que ama.

Junto a este enigma del argumento, está una atinada inconcreción visual y sonora. El resultado es que provoca recelo y a veces sensación de espanto. Hay juegos de luces y sombras, sonidos extraños y silencios tormentosos en los que se apunta la presencia física del mal. No se ve el mal por una acertada elipsis visual, a lo más lo sospechamos. Es justamente la utilización de la “sugerencia” una de las virtudes de este metraje. Una manera de estimular la imaginación del espectador, generando en su pensamiento imágenes y situaciones más tremendas que las reales. Los niveles dramáticos se tensan con las reacciones de los personajes: el disgusto del marido, el sufrimiento de Irena y sus expectativas hechas añicos; sin olvidar el papel importante de la segunda mujer, Alice, que pasa a ser otra víctima en la trama. Todo ello hace a un clima sombrío, tenso y opresivo. A lo que se une el papel de lo misterioso y lo paranormal supuestamente, causas que empujan a un desenlace final frenético y tempestuoso.

Es una cinta brillante y sucintamente narrada en un formato de mediometraje que apenas sobrepasa 70 excitantes minutos. La película se cierra con los versos del poeta John Donne, pertenecientes a su obra Holy Sonnets: “But black sin hath betrayed to endless night / my world, both parts, and both parts must die.” (“Pero el pecado negro traicionó a la oscuridad infinita / a mi mundo, a ambas partes, y ambas partes deben morir”). Esta película de Jackes Tourneur te va a acariciar con el terciopelo del color más oscuro para ofrecerte una semblanza del miedo y del dolor insondable.

Trailer: https://www.youtube.com/watch?v=UeqD6qMcnoY.

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