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Miedo comer alma

Por Sergi Monfort

Numerosas veces me supera el hecho de que haya directores que te hacen creer que hacer cine es una tarea tan fácil. Con la austeridad como norma de oro, te piensas que descubrir a actores (que, a excepción de la impresionante Brigitte Mira, realmente ni siquiera pueden empezar a llamarse la crème de la crème) frente a la cámara con una sinceridad tan brutal lo podría hacer un niño de ocho años y conseguirlo. Te hacen sentir cómodo, cómplice, cercano. Te hablan en un lenguaje muy difícil de articular y muy sencillo de comprender. Te enamoras de la historia de amor.

Desde Harold y Maude, el concepto de pareja ideal no lo he visto deformado de manera tan excepcional. Como por accidente, a un árabe que chapurrea el alemán le retan a bailar con una señora muy mayor que acaba de llegar a su bar de siempre. El tipo no es muy brillante (y de hecho no actúa tan de rechupete), pero a Ali le pillas cariño en cuanto aparece… excepto si eres prácticamente cualquiera de los personajes secundarios, alemanes con la herida caliente de la posguerra y la intolerancia, despreciando de manera tan explícita como desagradable al chico.

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Si has visto Lejos del cielo, has visto una historia de amor en principio imposible a causa del racismo. Si has visto Adivina quién viene a cenar, has visto una (ligeramente mejor) historia de amor en principio imposible a causa del racismo. Aquí, el detalle es bajar un tono la música dramática y acentuar todas las fases de una relación terriblemente difícil (con una de las cotas más altas alcanzadas por la escena de la cafetería al aire libre, donde la protagonista se desgarra ante todos nosotros), con un cariñosa apreciación por los momentos de silencio, por los tiempos vacíos donde los personajes callan con la mirada desenfocada.

Lástima de final.

Y de algunos aspectos del guión que, de haber estado un poco más limados, habrían contribuido a una experiencia redonda y a una obra maestra mellada en la roca de la Historia.

No puedo terminar, sin embargo, de amar del todo a la extraña pareja con un final que se costea la gratuidad.

Aunque, para entonces, ya he perdonado a Fassbinder.

Peor lástima sería perdérsela.

VALORACIÓN PERSONAL: 7/10

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Comentarios

  1. Pepe

    Una crítica bien argumentada y muy buena. Enhorabuena.

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