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Mi crítica 700 sobre “la mejor película española” del momento según Buñuel

Por Enrique Fernández Lópiz

La tía Tula es el título de una de las mejores novelas españolas del pasado siglo, escrita por don Miguel de Unamuno en 1907 y publicada en 1921. Esta novela incluye como factor diferencial en la obra unamuniana, la presencia de un erotismo sutil en ocasiones explícito. Además, la trama aborda de lleno una práctica antaño arraigada antropológicamente hablando: el “levirato”, esto es, cuando una viuda pasa a ser esposa de uno de los hermanos del marido difunto; y el “sororato” o unión de un varón con un conjunto de hermanas. En el caso de la novela sería el intento de matrimonio del protagonista viudo, con la hermana de su difunta esposa, con Gertrudis (Tula). La novela, y la película de igual título, abordan igualmente el contexto de la represión sexual en la época y otros temas complejos y espinosos.

Estamos ante una excelente adaptación de la novela de Unamuno, aunque deja al margen algunos aspectos de la obra literaria, lo que no le resta en absoluto mérito al libreto escrito por José Miguel Hernán, Luis Sánchez Enciso, Manuel López Yubero y propio director del film, Miguel Picazo. En él, a la muerte de su joven hermana Rosa, Tula acoge en su casa a su cuñado Ramiro y a sus dos hijos pequeños, un varón y una niña. En el pueblo donde viven, Tula tiene un pretendiente que busca la influencia de Ramiro para conseguir sus propósitos de boda. Lo cual que Tula rechaza de plano. No sólo eso, Ramiro siente una fuerte atracción por su cuñada, favorecida por la vida en común. Pero Tula, como ella dice, “por respeto a sí misma” y por respeto a su difunta hermana, rechaza hasta los consejos del cura y pone todo su empeño en la crianza de los pequeños, dejando de lado la idea de boda. Pero en un viaje vacacional a visitar a un tío, Ricardo deja encinta a una muchacha y debe casarse con ella, lo que deviene tragedia y soledad para Tula que queda sola, perdiendo a sus queridos sobrinos-hijos, que se trasladan con su padre a un nuevo hogar con una adolescente e inexperta esposa y nueva madre.

Miguel Picazo ha sido un personaje atípico en la cinematografía española; como él mismo admitió: “La verdad es que he hecho muy poco cine… Tendría que haber rodado más… pero no me he vendido bien, no he conectado con los productores”. Sin embargo, Picazo es un director de culto, entre otras, con este su primer largometraje del que el mismísimo Buñuel afirmó que “era la mejor película española que había visto nunca”.

Esta película tuvo un extraordinario éxito en el Festival de cine de San Sebastián en 1964. Así lo relata Picazo: “Me llamaron para comunicarme que el jurado que presidía Nicholas Ray me había considerado el mejor director. En ese mismo momento La tía Tula se estaba proyectando para el público y pude oír una ovación como no te puedes imaginar. Salí a saludar, yo no sabía hacia dónde mirar; quise escaparme del escenario pero alguien me empujó para que volviera a salir: ‘Nunca interrumpas un aplauso’, me dijo, y me quedé hasta el final. El estruendo me dejó anonadado, el público en pie gritaba bravos. Algo apoteósico”. De manera que Picazo, aventajado alumno de la Escuela de Cine en su momento, dio un auténtico campanazo con esta obra emblemática que es ya parte de nuestra Historia cinematográfica con mayúsculas.

Además de una gran dirección y un enorme guión, es excelente la fotografía de Juan Julio Baena en blanco y negro, llena de tonalidades y claroscuros muy significativos; sin olvidar la excelente utilización de los planos secuencia, sin duda influenciado por el maestro de los mismos, Luis García Berlanga. Completa una música de gran nivel que arropa el film de Antonio Pérez Olea.

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En el reparto destaca por sobre todo una desconocida y mesurada Aurora Bautista que logra con esta película el papel de su vida, su mejor trabajo. Hay que recordar que la Bautista venía del cine histórico, siempre haciendo de reinas y otros personajes insignes a los que ella aportaba un exceso de dramatismo. Pero en esta película, Picazo logra que la ya venerada diva en aquel momento, de forma delicada y con un registro dramático contenido pero intenso, haga un trabajo memorable para su carrera y para nuestro cine. Está muy bien en su rol de viudo joven y ardiente el actor argentino Carlos Estrada, que incluso físicamente da la talla para el papel. Enriqueta Caballeira muy bien, en su momento fue considerada por el Círculo de Escritores Cinematográficos como mejor actriz de reparto. Irene Gutiérrez Caba, grande como siempre. Laly Soldevilla alegra y da el toque de humor, propio de las mujeres de aquellos entonces. Y acompañan de manera más que digna Paloma Lorena, Paul Ellis, Emilia Zambrano, Coral Pellicer, Monserrat Julió, Chir Bermejo, Esmeralda Adam, Margarita Calahorra, María Hevia, María Teresa Dressel, Mari Loli Cobos, Carlos Sánchez Jiménez, Juana Azorín, Ricardo Díaz, Lola Marquerie, Miguel Armario, José María Prada, Julia Delgado Caro, Fanny Maral y la célebre Lola Gaos. Los actores y actrices hacen un trabajo conjuntado y armónico de lujo.

Premios en 1964 y 1966. 1964: Festival de San Sebastián: Mejor película española. Mejor director. 1966: National Board of Review: Mejores películas extranjeras.

Esta obra se considera dentro del movimiento de nombre “Nuevo Cine español”, que incluía la tendencia característica de los años sesenta de abordar los problemas y avatares de la sociedad española de la época con gran realismo. Además de Picazo, puedo recordar directores importantes dentro de este movimiento como Víctor Erice o Carlos Saura.

En esta línea, esta película es un auténtico retrato psicológico y social que Picazo supo trasladar de los principios del pasado siglo cuando fue escrita la novela, a aquellos inicios de los sesenta cuando la moral, el puritanismo y la hipocresía, campaban por sus respetos, obligando sobre todo a las mujeres a vivir con intensas contradicciones interiores; contradicciones poderosas e inabordables: por un lado, una severidad y moralidad sin concesiones; por otra parte, una biología en ebullición movida por el deseo, pero contenida por el temor al pecado y a cualquier relación amorosa que pudiera derrumbar la regularidad y la aparente monotonía que envolvía la vida de la protagonista en el caso que nos trae: Tula. Este fenómeno se daba sobre todo en ciudades de provincias, como en este film, que se ubica en Guadalajara. Mujeres como Tula, que sublimaba sus deseos eróticos en su afán maternal y sus continuas visitas a la iglesia para rezar o confesarse. Aquí, aunque sea repetitivo, quiero decir que Aurora Bautista hace una interpretación gloriosa del personaje, mujer/madre y educadora, de firmes convicciones y personalidad vigorosa, pero inmersa en una vida insuficiente y timorata, facetas que a ella la lastran.

Pero llegado un punto, Tula se va a encontrar en una disyuntiva y se verá obligada a resolver y decidir. Sin embargo, ella no puede aceptar que su vida de madre postiza sea una ilusión, que su vida familiar sea una entelequia que puede quebrarse, volatilizarse en cualquier momento. Tula, amparándose en sus cuestionables convencimientos y en su ofuscada terquedad, no acierta a ver y hace una “negación” inconsciente sobre la evidencia de encontrarse en una situación artificial. Por eso esta cinta es el crudo y penetrante análisis de una mujer cuya sexualidad es reprimida por la sociedad y las duras creencias religiosas, para las que la pasión es un tema tabú, algo al lado de su “ser en el mundo”. De manera que Tula es el símbolo de muchas mujeres que, habiendo interiorizado esta represión, se vieron atrapadas en la doble moral de una educación beatona, hipócrita y mojigata. Esa doble moral decidía que la mujer debía ser casta, dócil, resignada, y dedicada de lleno a su cometido de esposa o madre. Los hombres sí podían tener deseos y manifestar o actuar para satisfacerlos, las mujeres bajo ningún concepto.

Pero es sabido que aún hoy, la valoración narcisista de los padres con relación al varón, sigue promoviendo su actividad sexual e incluso se tiene a gala si el hijo es mujeriego o se prodiga en el sexo. Por el contrario, sobre las muchachas impera una educación más severa y la tendente a un solo novio que derive en marido, a ser posible con “posibles”. O sea, podéis preguntar a los padres sobre la distinción de trato y la educación entre varones y mujeres, y observaréis que estos comportamientos se siguen reproduciendo de la misma manera que hace un siglo. Como escribe Verónica García, en relación a las mujeres jóvenes en pleno siglo XXI: “… la mujer aún se enfrenta cada día a la obligación social de demostrar que es buena madre, ama de casa y administradora del hogar, amante, cónyuge que se ocupa de forma cariñosa de su pareja, trabajadora y que, además, sabe ser mujer, porque la sociedad le ´exige´ que se vea bien, por muy frívolo que esto pueda parecer”. En este sentido, la película de Picazo (y la novela de Unamuno), siguen vigentes. No es que estemos hablando de la Edad Media.

Estamos ante una obra muy importante, que se fija en la memoria y te hace pensar en asuntos significativos de la vida; o sea, que no te deja indiferente, ayer ni hoy, pues si cuando la vi hace años ya me impresionó, ahora que la he vuelto a visionar, me sigue pareciendo un lujo que mantiene toda su vigencia.

Es un auténtico documento social que sale en defensa del valor de la mujer en el mundo, y es una obra maestra del cine español, gracias, eso sí, no sólo a un enorme Picazo, sino también a un inconmensurable pensador, poeta, novelista y ensayista como fue Miguel de Unamuno. Como escribe Morales: “Buena adaptación cinematográfica de la obra homónima de Unamuno. Brillante recuadro de la sociedad provinciana de la época“. Y para Palomo fue: “Toda una conmoción para el cine español de los sesenta [...] asombrosa adaptación de la novela de Unamuno que alcanza un rigor dramático y una solidez formal inaudita“.

Estimados amigos, para acabar diré un par de cosas. La primera es que si Aurora Bautista está de diez para arriba en este film, su director Miguel Picazo, firmó una ópera prima prodigiosa, de una perfección inaudita, lo que atendiendo a su corta filmografía, ya no pudo volver a igualar. Pero aquí está. Para que luego digan que el cine español es malo o insoportable. Mirad, quien dice esto desconoce, no sólo al GRAN Don Luis Buñuel, sino otros directores memorables que tienen en su haber grandes películas de siempre y para siempre; directores como García Berlanga, Erice, Garci, Bigas Luna, Trueba, Itziar Bollaín, Camus, Almodóvar, Amenábar, Bardem, Saura, Borau, Pilar Miró, Medem, Armendáriz, Martín Patino, Armiñán, Suárez, Gutiérrez Aragón, Chávarri y el mismo Picazo. Y eso que los he ido escribiendo de memoria y sin orden, pero hay más, algunos más que espero me perdonen por no mencionarlos.

En suma: aconsejo el visionado de esta inefable película de Picazo, sin resquicio de duda.

Breve entrevista a Picazo: https://www.youtube.com/watch?v=OsFEc7PDwRY.

Una escena de la película: https://www.youtube.com/watch?v=rem0hrpPY8s.

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