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Mi amigo el gigante

Por Alejandro Arranz

-Spielberg regresa de nuevo a su cine infantil con unos resultados estupendos. No es “E.T” ni mucho menos, pero me habría cautivado de verla siendo niño.
-Repleta de milagros visuales, emociones reales, aventuras fantásticas y libre de pretensiones. Es una historia encantadora y directa tan disfrutable por niños, como reflexiva para adultos.

Me sorprende que a estas alturas un estreno del legendario Steven Spielberg no rompa tantos esquemas como cuando yo era un barbilampiño enano entusiasmado con el cine. De aquella todo era pasión por el descubrimiento, fascinación por la aventura, ensoñación con la magia. Ahora todo es un poco más artificial, puede que la mirada pura y la carencia analítica de aquellos años se pueda utilizar con argumento contrario, pero para mí la verdad irrefutable es que ya no se hace cine como el de antes. En este caso hablo de cine infantil (vamos a decir un género aunque sea un “target”). El cine infantil deja mucho que desear, se produce en masa y hay pocas apuestas que realmente merezcan la pena. Y si hay un director que durante su carrera ha logrado cautivar a familias enteras con su sempiterna alma de niño, ese es Steven Spielberg. Sin embargo con los años su madurez como director le ha hecho bifurcarse. Vamos a decir que tenemos al Spielberg para adultos y al Spielberg para niños. El primero ha ofrecido obras tan densas y vastas como La lista de Schindler, Munich o Lincoln más recientemente. El segundo con el paso de los años ha perdido, en opinión de muchos, la esencia para hacer películas infantiles. Quizás esto lo provocara War Horse, que pese a evidentes virtudes era una película larga, dispersa y muy empalagosa. Pero en mi opinión “Tintín” demostró que seguía siendo un fascinante narrador de aventuras familiares, y más importante aún, que aún resguardaba algo de aquel polvo mágico de los clásicos de mi infancia que conseguían que cada fotograma volviera a ser un motor para la ilusión y el deseo de descubrir nuevos misterios, lugares, personajes y vivir nuevas aventuras. El cine podía volver a ser mágico, aunque cada vez sea más difícil ser positivo con respecto a su futuro. Dejando tanta cháchara atrás, he de decir que el estreno de Mi amigo el gigante es un hito artístico. La unión de Roald Dahl (o al menos de sus mundos), uno de los genios del relato infantil, con Steven Spielberg, unos de los mejores narradores cinematográficos de historias infantiles. Por tanto con este párrafo sólo intento decir que para mi un estreno de Spielberg, sigue siendo una importante fecha que apuntar en el calendario. En esta ocasión Melissa Mathison adapta el cuento de Dahl, Kaminski y Williams permanecen fieles al cineasta en sus respectivos puestos y Mark Rylance se pone en la piel del buen gigante protagonizando la película. La pregunta que se debe formular es ¿Sigue poseyendo el cineasta, la capacidad de comunicarse con el alma de los niños y retratar los entresijos de la infancia?

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Mi respuesta es que sí. Mi amigo el gigante no es, como muchos están diciendo, la nueva E.T., y tampoco es la película que mediocre que muchos quieren que creáis. El Spielberg infantil ha vuelto pero afectado por su alter ego. Frente a la infancia inmortal que siempre nos ha querido vender, parece haber aceptado una verdad inevitable. Lo inmortal va directamente ligado a lo mortal. Y puedo sentir cierta mirada al pasado al igual que parece haber un conocimiento sobre la obligatoriedad de la madurez. Es quizás este añadido a su visión de la infancia lo que ha disgustado a algunos adeptos, y también la que ha hecho que otros encuentren el cambio digno de un título de “película de culto”. Lo primero donde noto el cambio es en el punto de vista, Spielberg no nos hace mirar a través de los ojos de la niña como pudiera haber hecho -e hizo- tiempo atrás. El protagonista es el gigante: solitario, temeroso, repudiado por ambos mundos y bondadoso aunque nada le lleve hacia ese camino. Y es precisamente la cara del gigante de Mark Rylance la que representa la magia de esta película y de la obra de Spielberg. Un director que por encima de su impecable técnica, su exquisita narración y sus conocidos vicios, es un hombre que sigue entendiendo a la perfección el alma infantil. Y así es como durante 90 minutos nos sumergimos en una historia estupenda. En un mundo de sedosa fantasía, entre los embriagadores colores de Janusz Kaminski, la delicada melodía de John Williams, la brillante interpretación de Mark Rylance (por mí podían darle otro Oscar) y los “alucitásticos” efectos de un magnífico equipo de guisantes humanos que nunca cruzan esa fina línea que une el CGI con la artificilidad, porque toda la película se siente tan artesanal como las fantasías de antaño. Los niños alucinarán y reirán sin parar, los adultos aparte de disfrutar del gran corazón que tiene el filme, apreciarán el lirismo de la propuesta, y un sentimiento de melancolía que la imbuye y servirá para hacernos reflexionar sobre algunos temas vitales y sobre lo que Spielberg ha querido decirnos con esta película. Una lastima que tras esos 90 minutos, la cinta se torne en un producto del peor infantilismo posible, pasando por una escena en particular que si eres mayor de 6 años, provoca vergüenza ajena.

Entre los manufacturados blockbusters y el desidioso cine infantil de hoy en día, el anterior Rey Midas de Hollywood hace una pequeña y genial película de aventuras y fantasía, que recupera la esencia de lo que debe ser el cine infantil, que descubre, que emociona, que hace que un niño pueda temer por la seguridad de su nuevo y ficticio amigo cinematográfico y que un adulto pueda sentirse nostálgico porque alguien en alguna parte sigue sabiendo entregar cine infantil repleto de virtudes. Puede que la ultima media hora empañe el trabajo previo, pero nada impide que lo que viéramos hasta ahí se quede con nosotros. Mi amigo el gigante es una película divertida, honesta y triste en la madurez del cineasta; Mark Rylance es el gigante que quisieras tener como amigo, y es así como te das cuenta de que lo bueno de esta película no es que merezca la pena ser vista, sino que después desearás revisionarla. Como los clásicos de antaño.

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Comentarios

  1. Enrique Fernández Lópiz

    Alejandro, enhorabuena, me han gustado tus comentarios sobre la nueva peli de Spielberg; esa frase final tuya que dice: “lo bueno de esta película no es que merezca la pena ser vista, sino que después desearás revisionarla”, me ha dado que pensar y yo, que no la pensaba ver, puede que lo haga. Si es así, ya verás mis comentarios y le puedes decir a Spielberg que te lo debe a ti. Un abrazo amigo.

  2. Alejandro Arranz

    Me alegro de que mis palabras te hayan animado a verla. Espero que te guste, me apena que cada vez haya más gente que la esté criticando duramente. Creo que pese a sus imperfecciones, Dahl habría elogiado muchos aspectos de la visión que Spielberg tiene de su obra.
    Un abrazo.

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