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Mensajes borrados

Por Jon San José Beitia

Mensajes borrados presenta un relato de misterio absorbente e intrigante que logra captar la atención del espectador, desde un primer momento, cuando el protagonista recibe una llamada que considera una broma y que más tarde resulta ser el comienzo de toda una galería de crímenes que siguen el mismo modus operandi y que le señalan como posible responsable.

Tiene el aspecto visual de una película televisiva barata y mediocre, pero su argumento logra resultar lo suficientemente atractivo como para mantener la atención del espectador en todo momento, gracias a numerosos giros de guion y a la constante sensación de peligro, casi palpable. Los responsables de la película logran crear paulatina y progresivamente la sensación de tensión e incógnitas a las que se enfrenta el protagonista, desarrollando toda una trama de misterio donde nada es lo que parece. Hace uso de numerosos tópicos del género, jugando con los personajes y las posibles pruebas que les pueden incriminar, adentrando al espectador en todo un juego de mentiras y dobles sentidos que dura hasta alcanzar su extraño y enrevesado desenlace.

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La diversión de la película radica, fundamentalmente, en la constante sensación de misterio, las numerosas incógnitas que van surgiendo a medida que avanza el desarrollo, ofreciendo un juego de tensiones, dudas e incógnitas, donde todo parece apuntar en una dirección, para dar paso a numerosos giros arguméntales. En su afán por sorprender al espectador, los responsables de la película y del argumento terminan por caer en la trampa de rizar demasiado el rizo, haciendo que al llegar al desenlace de la película, todo lo presentado se antoje forzado y con numerosos agujeros de guion.

En el aspecto interpretativo no hay nada reseñable, ni que merezca mención especial, el papel protagonista recae en un Matthew Lillard, que ganó cierta repercusión gracias a su papel en la saga de terror Scream y que, en Mensajes borrados, deja claro que no da la talla como actor protagonista. Mensajes borrados ofrece un entretenimiento pasajero y agradable para los seguidores del suspense y el misterio, gracias a las bases de su argumento, pero, a su vez, llega a ser decepcionante por el empleo de numerosos tópicos y clichés que hacen que el factor sorpresa pueda desaparecer con la misma facilidad que los Mensajes borrados.

Mensajes borrados es ideal para pasar una tarde entretenida, adentrando al espectador en un baile de incógnitas plagadas de suspense y tensiones que encuentran una solución excesivamente rebuscada.

Jon San José Beitia

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