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Memorias de un zombie adolescente

Por Jon San José Beitia

Cuando ya parecía estar todo inventado en el género zombie, donde todas las historias recordaban a lo mismo una y otra vez sin un ápice de originalidad y desparpajo, sale a la luz una producción que da la vuelta a la tortilla, ofreciendo con toques de humor, la perspectiva de las vivencias de un zombie.

La película, a modo de parodia, sigue las tendencias del cine actual, establecidas en gran medida por la saga Crepúsculo.

Presenta la historia de amor imposible entre un ser humano y un ser extraño, al tiempo que atractivo. En el saco se pueden incluir: vampiros (saga Crepúsculo), licántropos (La marca del lobo), magos (Hermosas criaturas), millonarios (Pretty Woman) y en el caso que nos ocupa, zombies.

Si algo destaca en el conjunto de Memorias de un zombie adolescente es su descaro y atrevimiento para cambiar las tornas y ofrecer la visión, vivencias y pensamientos de un zombie.

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Consigue jugar con los tópicos habituales del género zombie, para parodiarlos y darle un toque de humor irónico y sarcástico del estilo de vida de un zombie.

La película se divide en dos partes bien definidas, una primera parte que presenta al zombie y su forma de muerte, por llamarlo de alguna forma, y una segunda parte -menos gamberra- que presenta el romance y la lucha por mantenerlo intacto.

La presentación del personaje principal y su forma de vida supone la parte más atractiva de todo el relato. En él se ofrece un giro radical en la forma de desarrollar el argumento de una película de zombies, con los momentos más originales, divertidos y frescos vistos en el reciente género zombie.

La segunda parte de la historia, presenta un descenso de la osadía inicial y se deja llevar por un desarrollo de los acontecimientos, más previsible y menos original, cayendo en los tópicos del cine romántico. Con imágenes idílicas de la pareja protagonista, en la que apenas hay diálogos, acompañados por una banda sonora tierna y edulcorada. A pesar de todo, la relación no deja de tener un extraño encanto.

Los efectos especiales no son nada del otro mundo, pero logran presentar a unos seres, cuya presencia en las sombras, resulta verdaderamente inquietante.

Su director y guionista sabe jugar con el humor y el terror, haciendo guiños a comedias románticas como Pretty Woman y a todo el género zombie en general.

Logra crear una historia romántica, diferente, atrevida, divertida y, sobre todo entretenida, con la que consigue realizar una critica de la sociedad fría e inerte, en la que nos movemos los que nos consideramos vivos. Todo un acierto que, sin duda, otros tratarán de imitar.

Jon San José Beitia

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