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Memento

Por Marcos Cañas Pelayo

Cuando un General volvía de una campaña victoriosa en la Antigua Roma, era agasajado como un dios. Incluso, se le pintaba el rostro para asemejarlo a Júpiter. Vitoreado por las calles de la urbe, mientras sus prisioneros de guerra iban en triste procesión, viendo como sus enemigos celebraban el triunfo y exhibían las riquezas obtenidas, se sentía en la cima del mundo. Tal era el grado de éxtasis en la celebración, que los romanos instauraron la costumbre de que un esclavo acompañase al militar en su carro, sosteniendo sus laureles. Durante la procesión, no dejaría de susurrarle: «Recuerda que eres mortal.»

La importancia de esa clase de recuerdos, revela la fragilidad de todo, el éxito, el dolor, la esperanza… Todo está formado de fragmentos de nostalgia que pueblan nuestra mente, como si nunca fueran a abandonarnos. Pero, ¿y si un buen día desaparecieran? ¿En qué nos convertiríamos sin esas advertencias? Pues bien, tal es el juego que nos planteó, en 2000, la película Memento, dirigida por Christopher Nolan. Con el argumento de su ingenioso hermano, el director abrió una puerta inexplorada en el séptimo arte, utilizando todos los medios disponibles para lanzar a los espectadores en mitad de la acción de un hombre desesperado…

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NO CREAS SUS MENTIRAS…

Uno de los rasgos innegables de esta película es que lleva la marca de nacimiento de su creador. Nolan sumerge al público en un relato tramposo a más no poder; desde el minuto uno del metraje, estamos tan perdidos como Leonard, un desventurado personaje que no puede almacenar nuevos recuerdos. Obsesionado con pequeños flashbacks que tiene en su dañada memoria,  siempre de forma inconexa y desordenada, ha llegado a tomar determinaciones como tener tatuajes en su cuerpo con impresiones y pistas para sí mismo de sus objetivos.

Guy Pierce encarna a la perfección un papel que sería un bocado de cardenal para cualquier actor. A través de una misteriosa llamada telefónica, Leonard explica la historia de un hombre que tuvo una enfermedad como la suya… y al que él no le creyó. Asimismo, añade su verdadera motivación, encontrar a un hombre que violó y asesinó a su esposa. En pocos minutos, ha comenzado un juego del gato y del ratón en una laberíntica mente, la cual ha provocado que este film de Nolan (igual que en El truco final u Origen), genere una legión de admiradores, únicamente comparable a la de unos detractores que no dudarán con el dardo de la pretenciosidad a uno de los artesanos más posmodernos de Hollywood en los inicios del nuevo siglo. La fecha de este film tampoco puede ser causalidad.

Memento es una ingeniosa tela de araña tejida alrededor de un personaje sin un pasado claro. No obstante, gracias a la utilización de sus recursos y la firme determinación de ajustar cuentas, el personaje de Leonard se convierte en un agente implacable que podría interesar, y mucho, a los extraños individuos que pueblan el relato y que siempre parecen empeñados en desorientarle aún más con falsas y verdaderas pistas. Un macabro juego de despistes, donde los consumidores del film se ven asimismo engullidos.

Una atmósfera de incredulidad que acompaña a todos los miembros de esta obra. Joe Pantoliano (enésima demostración de la inagotable cantera que fue aquella maravilla conocida como Los Soprano), encarna a Teddy, amigo del protagonista y uno de sus enlaces en la investigación. De igual forma, Carrie-Anne Moss se imbuye en el rol de Natalie, aparentemente, la otra gran mujer en la vida de Leonard (que no es otra que Jorja Fox).

A pesar del transcurso de casi 14 años desde su estreno, el poder de fascinación de la narración de la cinta sigue cautivando a nuevas generaciones de espectadores. El gran acierto de la familia Nolan es provocar la sensación de empatía total entre Leonard y nosotros, compartiendo sus ojos y psicodélicos recuerdos. De haber sido amnésico, podríamos haber estado ante un estupendo relato negro de un agente de seguros que busca venganza sobre el asesinato de su esposa… Aunque debe fiarse de gente peligrosa, debido a su enfermedad. Al optar por una salida más compleja (la amnesia anterógrada), las soluciones de Memento son innovadoras, cuando no brillantes, así como con una gran capacidad de persuasión.

No obstante, no caigamos en el error de creer todas sus mentiras… por astutas que sean…

LOS PECADOS DE CHRISTOPHER:

Partiendo de la base que La Ilíada tiene sus incongruencias y hay algún pasaje donde Homero echa una pequeña cabezada, no podemos echar ninguna falta grave sobre algún pequeño sesteo de Nolan. Desde sus orígenes, este miembro de la industria del entretenimiento ha mostrado una alquimia especial para contentar a crítica y público.

Otorga las suficientes pinceladas intelectuales para contentar a unos, sin dejar descuidados elementos más comerciales. Por ello otorga a la interesante idea de Origen una estética de videojuego en sus diseños, a la par que cede las suficientes pretensiones legendarias a su entretenidísima (y no por ello exenta de calidad) trilogía de Batman, que ha reflotado al Señor de La Noche de Gotham en el celuloide hasta unos límites que no recordábamos desde los buenos tiempos de Tim Burton.

Por cautivador que pueda resultarnos la epopeya de Leonard, existen demasiadas dudas sobre la lógica en algunos de sus síntomas. Ocurre con las cabinas de Matrix, incluso la idea más genial puede tener fallos; la propia Blade Runner perdurará en la excelencia del aficionado a la ciencia ficción, mientras Ridley Scott lamenta no haber tenido en cuenta la posibilidad de haber incluido teléfonos móviles en una de sus óperas más celebradas.

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Las propias características del personaje de Pierce (a insistir, en uno de sus mejores papeles), hacen muy difícil creer su eterna supervivencia, pese a tantos hándicaps. Las carreteras estadounidenses no deben ser nada fáciles para una persona con lagunas en mitad de una conversación que él mismo ha iniciado, sin rememorar siquiera a su interlocutor, aunque esté frente a él.

Por respeto a los lectores que estén en disposición de verla por primera vez (y es una experiencia que merece mucho la pena, especialmente cuando no se sabe nada realmente de los trucos que guarda la trama en la chistera), sin especificar muchos detalles, los tatuajes que tiene Leonard alrededor del cuerpo también han sido objeto de acalorado debate en foros de cine.

VENTAJAS Y PARADOJAS DEL CINE DE CULTO

Mientras algunos solamente hablaban de experimento curioso pero nada más, el estilo psicodélico de Memento pronto conquistó a un sector de crítica y público que se dedicó a convertirla en objeto de culto. Un fenómeno que el cine de la factoría Nolan suele producir, aunque en pocas ocasiones con la intensidad que logra su trepidante montaña rusa de la memoria. Análisis desde la perspectiva psicológica, del juego de la narrativa temporal, en definitiva, todos los diversos ángulos desde los que se pueda exprimir su peculiar montaje.

No tiene nada de extraño que en el añorado programa ¡Qué grande es el cine!, una de las escasas películas “modernas” que se colaron fue la pieza de Nolan. Y es que, ya en aquellos días, esta construcción traicionera y fascinante, trasmitía esa sensación de futurible clásico.

«Todas las fotografías son memento mori. Tomar una foto es participar por un instante en la mortalidad de una persona y objeto; de su vulnerabilidad, de su cambio… Precisamente cortando y congelando ese momento, la fotografía refleja como el tiempo se derrite» - Susan Sontag.

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