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Melodrama al gusto de los años 40 en España

Por Enrique Fernández Lópiz

Estamos ante un melodrama familiar de época, Siglo XIX, que es un fiel retrato de la Barcelona de finales de ese siglo y principios del siglo XX, con los movimientos sociales y políticos del momento, que se incardina en la vida de la burguesa familia Rius y su fábrica textil en el Pueblo Nuevo (Pobleneu) (Barcelona). El empresario textil Joaquín Rius se enamora de una mujer llamada Mariona Rebull. La felicidad parece llenar la vida del matrimonio Rius, hasta que aparece Ernesto Villar, un antiguo novio de ella, que se convierte en el amante de Mariona. O sea, la trama gira en torno a dos ejes: “En primer lugar el tema sentimental, el joven Rius desposa a Mariona Rebull, hija de un acaudalado joyero, pero no sabe satisfacerla por lo que acabará por serle infiel con un amigo de la infancia. El segundo eje son las luchas obreras y la aparición de los pistoleros, los anarquistas y grupos terroristas” (Sáiz). Por la ideología política del novelista y del realizador, podemos imaginar sin esfuerzo que estos acontecimientos anarquistas, etc., no salen bien parados.

Bajo la dirección impecable aunque un tanto amanerada de José Luis Sáenz de Heredia y un guión de su propia autoría, adaptación de la novela homónima del escritor y periodista catalán Ignasi Agustí, se organiza, articula y construye una película con algunos méritos pero también con sus defectos y elementos no tan loables, que acaban por convertir este film en una cinta hispana a la antigua usanza con recursos económicos, y por ende técnicos, limitados.

A Sáenz de Heredia se le crítica y reprochan sus ideas derechistas y franquistas, así como por su parentesco con José Antonio Primo de Rivera. Además fue director de Raza (1941) con guión de Francisco Franco Bahamonde y Franco ese hombre (1964), un documental a mayor gloria del entonces Caudillo. Pero a mí no me importa decir que si uno se circunscribe al aspecto estrictamente cinematográfico y a pesar de lo dicho, Sáenz de Heredia fue un buen director y en Mariona Rebull, a pesar de algunos vicios de la época y sus limitados recursos y restringida puesta en escena, Sáez nos deja una prueba de su buen hacer y de sus conocimientos técnicos. Lo que ocurre es que “la película realizada con propiedad por Sáenz de Heredia tiene el hándicap de que debe convertir en imágenes una novela larga y densa más propia para una serie de televisión que para un largometraje aislado. De todas formas el quehacer del director logra imponerse y la película es un ejemplo de melodrama sólido con unos personajes muy bien construidos” (Sáinz).

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Justamente, con los años se produjo una serie para TVE titulada La saga de los Rius (1976).

Veamos, la novela de Ignacio Agustí en la que se fundamenta la película, a la que habría de seguir El viudo Rius, obra que igualmente se condensa en esta cinta, centra el melodrama amoroso en los albores revolucionarios de la huelga general y la guerra de Marruecos. Si el melodrama tiene su miga, en sus planteamientos políticos, presenta unas reivindicaciones obreras con elementos estéticos que describen una perspectiva no precisamente modélica, propio de la época de postguerra y del propio Sáez de Heredia. La música de Manuel Parada está un tanto trasnochada y tiene su mérito la fotografía en blanco y negro de Alfred Gilks.

Algo que conviene decir, sobre todo cara a los jóvenes, es que el gran valor de las novelas de Ignasi Agustí radica en que muestran cómo se produjo la revolución industrial en Cataluña, lo que convirtió a esta región española en una zona moderna. En España sólo triunfo esta pujanza social y económica, aparte de en Cataluña, en el País Vasco y en Madrid. El resto de la Península quedó relegada a una economía agraria en manos de los caciques locales y los terratenientes. A causa de este hecho, se produjeron en España desequilibrios económicos muy profundos que empobrecieron buena parte del país, por una meridiana falta de industrialización y falta de visión de los gobernantes.

Los actores principales, José María Soler Seoane y Blanca de Silos son actores provenientes del teatro, lo cual se nota; así y todo, no seré yo quien critique sus trabajos en esta película, que incluso considero meritorios. Y un poco al lado pero ya asomando con pujanza, tenemos a una jovencísima y hermosa Sara Montiel que da el campanazo por su soltura y lozanía; también está excelente Carlos Muñoz. Por otro lado, Alberto Romea, el empleado Llovet que sacrifica su vida por el patrón, conserva una admirable eficacia como secundario. En su estreno todos fueron ensalzados y obtuvieron un rotundo aplauso.

En su momento, en su estreno en 1947 en la Gran Vía, esta obra fue alabada y considerada una gran aportación al cine patrio, y calificada de éxito rotundo. A mí, y a una acompañante extranjera que vio la película conmigo (ajena a quién era Sáez de Heredia, el franquismo, etc., etc.), nos gustó, más allá de todo.

Tráiler: bomba de un anarquista en el Liceo de Barcelona: https://www.youtube.com/watch?v=rGM2XgU_DUU.

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