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Mediocridad que no deja de tener sus valores

Por Enrique Fernández lópiz

He vuelto a visionar esta Larry Crowne, nunca es tarde, más que nada para cerciorarme de que la mediocre impresión que produjo en mí cuando fui a su estreno, se mantenía en el tiempo. Pues bien, creo que sí, aunque la verdad, ahora la he valorado con una mirada más indulgente que hace seis años, encontrando en ella, elementos de interés como digo al final de estos comentarios. Puede que me esté haciendo mayor. Pero ojo, reitero mi convicción de hace seis años, sobre que la película queda muy cortita, pues a pesar de la buena onda entre el señor Hanks y la señora Roberts, sigue siendo blanda y convencional.

Larry Crowne (Tom Hanks) cree a pies juntillas que vive en el mejor de los mundos, en un sistema que premia el esfuerzo y la abnegación, lo cual que acude a una reunión con sus superiores convencido de un ascenso en su modesto trabajo en un comercio de ropa. Pero hete aquí que lo que le comunican sus jefes es el despido, alegando que carece de titulación universitaria y conocimientos. Tras este duro golpe, Larry, un hombre corriente en la medianía de edad, decide darle un nuevo rumbo a su vida y reinventarse, pues la situación económica es acuciante, la suya, que le impide pagar la hipoteca de la casa que habita, y la de los Estados Unidos que está inmerso en la crisis que todos conocemos. Ahora, con todo el tiempo libre, decide volver a estudiar y se matricula en la Universidad, donde se junta con un grupo de jóvenes que al igual que él conducen ciclomotores y se lo pasan bomba. En la Universidad conoce a Mercedes Tainot (Julia Roberts), una atractiva profesora de oratoria, una mujer cansada de la enseñanza y desengañada de su relación con su marido, un individuo vago y adicto al porno, Dean (Bryan Cranston). Y ambos, Mercedes y Larry, se enamoran. Larry, que creía que su existencia acabada, aprende la lección de que siempre hay nuevas oportunidades y razones para vivir.

El director Tom Hanks en su tercer largometraje nos ofrece una historia rodada con oficio, mero oficio pero con mucho que aprender por delante; una trama tópica y optimistoide reflejada en un guión escrito por él mismo junto a Nia Vardalos, quien está por debajo de otros trabajos suyos, como el guión del film de 2002, Mi gran boda griega. En fin, esta obra es el paradigma de eso que hoy llaman buenrollismo, un optimismo rayano con lo estúpido que pretende mitigar el tsunami de la crisis financiera, con esa táctica que los anglo denominan una feel-good movie, una especie de película balsámica, lenitiva, una fantasía para abrazar sin reparos el lado brillante y alegre de la vida y salir del oscuro nubarrón como quien sale de la ducha. Lo hace además con unos diálogos y escenas de pretendida gracia y regocijo, lo que me ha recordado un concepto psiquiátrico cuyo nombre es la “moria”. La moria es un fenómeno psicopatológico caracterizado por la excesiva jovialidad, la tendencia a la broma sin sentido, a la frivolidad y la extravagancia. Así es, y como escribe Costa: “Larry Crowne parece una inoportuna sobredosis de Prozac en un velatorio, una mala inyección de bótox en la cola del paro”. O sea una alegría cretina.

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Música sin excesos de James Newton Howard que acompaña mal que bien la historia y buena y luminosa la fotografía de Philippe Rousselot.

En el reparto un Tom Hanks inexplicablemente encantador y exultante y Julia Roberts en la piel de una profesora que mira a su alumnado con envenenada condescendencia. Grandes estrellas que a duras penas pueden salir del atasco de esta comedia-drama babosa, monótona y prescindible. Apurando la cosa, es la Roberts la que mejor contribuye, con alguna estimulante arista, pero el conjunto sigue resultando extemporáneo y de una nadería que me recuerda el título de la conocida novela de Kundera, La insoportable levedad del ser, sólo que aquí, más que dudas existenciales en torno a la vida como en la novela, nos tropezamos meramente con lo leve, lo insignificante, con lo fútil.

Acompaña un elenco de secundarios que cumplen bien con lo que les toca, actores y actrices como Bryan Cranston (correcto como marido adicto al porno), Nia Vardalos, Pam Grier, Jon Seda, Cedric the Entertainer, Tom Budge, Holmes Osborne, Rami Malek, Bob Stephenson, Rita Wilson, Wilmer Valderrama, Taraji P. Henson, Julia Cho y Gugu Mbatha-Raw, todos ellos muy profesionales y pintorescos.

La película, a pesar de las buenas expectativas basadas en los intérpretes Hanks-Roberts, nunca convenció demasiado a la crítica especializada. El conocido crítico de cine norteamericano Roger Ebert, escribió: “Larry Crowne tiene a Tom Hanks y a Julia Roberts, una buena premisa y un colorido reparto de secundarios, pero lo que no tiene es una razón para existir”. Más claro el agua.

Creo que las palabras de Ebert pueden tener su explicación en que la película, en su calidad de comedia romántica-drama, parece tener la obsesión, en los difíciles momentos por los que transcurre la historia y el protagonista, de provocar la risa fácil, minando las ocasiones y oportunidades trágicas de un hombre sin trabajo, que lo ha perdido todo y va a la deriva. De manera que la película está falta de un enfoque diferente y una mayor acidez, sarcasmo y crítica social, en sus planteamientos.

Entonces, dado que antes prometí ser más indulgente: ¿Qué es lo mejor de este film? ¿Qué se puede salvar de él? Creo que hay dos puntos interesantes:

La primera cuestión aprovechable es algo que yo siempre defiendo a capa y espada: la enorme relevancia que tiene la educación y el aprendizaje a lo largo de toda la vida (Lifelong Learning). La participación de la mediana edad y los adultos mayores en cursos, seminarios y otras actividades educativas tiene innumerables aportes beneficiosos en este colectivo de edad, a todo nivel: de salud, intelectual, mejora de la autoestima y afianzamiento de la propia identidad en un mundo cambiante. Esto la película lo pone en valor y es meritorio que lo haga.

La segunda cuestión que quiero apreciar es más bien del tipo “clima familiar” adecuado. O sea, si uno busca una película a la que puedas llevar por igual a los niños, a los padres y a los abuelos, esta puede servir, sin temor a sentir vergüenza ni la posterior necesidad de dar explicaciones. Todos van a salir contentos de la sala.

¿A que he sido complaciente y comprensivo?

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=FQfuQ5EwS-8.

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