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Mediocre pero entretenida

Por Enrique Fernández Lópiz

Veía hace poco esta esta película (Duelo en el desfiladero) en la que un Sheriff llega al pequeño pueblo de Bancroft, su nuevo destino, tras el asesinato de su predecesor. Por todos los medios intenta encontrar al hombre que mató al antiguo Sheriff, en una frenética persecución que acaba en el “duelo en el desfiladero”.

Francis D. Lyon no pasará a la historia del cine por esta película, pero su obra llega a ser un wéstern para pasar el ratito tranquilamente sin más complicaciones y con un poco de acción. Sus actores no son de relumbrón, pero hacen dignamente sus papeles: Joel McCrea, Mark Stevens o Joan Weldon, Addison Richards, Darlene Fields, Carolyn Craig, Roberte Griffin, L. Stanford Jolley o Goerge Chandler entre otros.

El guión es simple, como aquellas novelas del oeste que se leían en los ´50 ó ´60, de Marcial Lafuente Estefanía, la fotografía bien y una música ad hoc. Pero la verdad es que cuando se ve una peli de esta categoría, se echa en falta a los grandes, no sólo de la dirección (Huston o Ford por poner dos ejemplos) o la música (Corleone, etc.), sino también a los clásicos actores del western que dieron lustre a tan importante género para el cine (p.e. Wayne, Palance o Eastwood).

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El asunto es que a mí, que me gusta documentarme, no encontré apenas información sobre este film. Mas creo que lo que ahora escribo será suficiente para dar visibilidad a esta peli mediocre que, empero, distrae. Como ya he dicho muchas veces, yo soy un amante de los western, y éste, porque sea humilde, también requiere sus comentarios, pues ya habría querido yo rodar un western por sencillo que fuera. Además, esta película tiene su ingenio en los diálogos. Como este que acontece cuando el protagonista va de pasajero pasajero en la diligencia y le preguntan: ¿De dónde es usted?; y responde Joel McCrea: De cualquier parte a donde se puede ir, y a veces más lejos. Me gusta.

Es obvio que es una cinta sencilla y sin pretensiones. Un western discreto y casi desconocido. Tiene algo original: el tratamiento que se le da al malvado de turno, un hombre frustrado por no poder dedicarse a su máxima pasión, ser pianista. Y es igualmente singular por las escenas que tienen Joel McCrea y Mark Stevens, con una adolescente que se ha quedado sola en un rancho, sobre todo la que mantiene con Mark. Los cordiales Slim Pickens y L. Q. Jones aparecen en personajes secundarios: ¡qué le vamos a hacer!

En definitiva, creo que hay que dejar testimonio de los filmes sobre vaqueros, sean buenos o regulares. Como decía antes, también Marcial Lafuente Estefanía (1903-1984),  escribió más de dos mil seiscientas novelas del oeste, todas mediocres y todas entretenidas. Y yo he leído alguna. Estefanía era ingeniero industrial, y viajó por razones de su profesión a Norteamérica entre 1928 y 1931; allí conoció muchos lugares que le habrían de servir luego para ambientar sus historias, cuyos detalles de atmósfera y localización son rigurosamente exactos. Este escritor corriente pero ameno, con múltiples avatares en su vida, siguió el consejo de le había dado el escritor y dramaturgo Enrique Jardiel Poncela: «Escribe para que la gente se divierta, es la única forma de ganar dinero con esto».

Pues bien, de Francis D. Lyon, del guión de Talbot Jennings, Elisabeth Jennings, de la música de David Raksin o de la fotografía de Ernest Laszlo (que por cierto me parece buena), diré lo mismo: hicieron esta peli para que nos entretuviéramos un rato, a lo Marcial Lafuente. Entonces, hay que poner en valor su interés y su obra, y darles las gracias.

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