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McKay no da con la tecla

Por Javier Fernández López

Seguramente cuando vean esta película tengan la sensación de que no han desperdiciado ni su dinero ni su tiempo, y están en lo cierto. La gran apuesta puede definirse perfectamente como una película necesaria. Sin embargo, tampoco puede decirse que haya ingenio en lo visto, y es que aunque la película da pie a discusión sobre la economía que está por encima de nosotros y condiciona nuestras vidas de una forma cruel y, en momentos, asqueante, en términos cinematográficos no es gran cosa. Adam McKay no resuelve correctamente el modo de narrar esta historia a través de la cámara. Quizá con la originalidad como marco inicial, al final ha quedado “una cosa mal hecha”, en tanto que, y perdonen el atrevimiento, desenfocar con la cámara sabemos todos y no por ello nos llaman cineastas.

El recurso de romper la cuarta pared puede ser lo mejor de la película, pero el problema es que la cinta no puede evitar hacer recordar al espectador otra gran cinta de temática similar: El lobo de Wall Street. Ahí DiCaprio también rompía la cuarta pared, y lo hacía con encanto, ingenio y fuerza. En La gran apuesta a veces se usa para cualquier cosa. Lo del reparto también tiene su gracia, porque parece que Brad Pitt está confirmando su rol en Hollywood de gran secundario. El problema que veo es que tiene demasiado nombre para este tipo de papeles que tampoco tienen mayor dificultad. Demasiado postureo en el cartel de la cinta, porque el trabajo de Ryan Gosling no es que sea una genialidad. Únicamente destacan los que deberían tener más minutos: Christian Bale y Steve Carell. El primero está impresionante en su papel de tonto pero más inteligente que el resto, mientras que la ambivalencia de Carell es la gran baza de la película para seguir a flote.

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La cinta muestra un problema grave de narrativa, y es que el espectador andará algo perdido entre tanto terminología económica. No se equivoquen, entenderán superficialmente todo lo que está pasando, pero la profundidad está reservada para los estudiantes universitarios de economía y los que se leen la sección de Walt Street Journal del periódico. Donde más podemos ser testigos de este problema es cuando la película recurre a un cameo para explicar más llanamente lo que está sucediendo, un cameo que en realidad es un chiste con doble fondo, pero falla en su cometido dado que el discurso explicativo es igualmente complejo que lo que pretendía explicar.

Así pues, no, La gran apuesta no es una gran película, aunque sea necesaria e interesante por momentos, ilustrativa incluso. Para algo así, me sigo quedando con El lobo de Wall Street y con la cinta de Costa-Gavras El capital. A McKay le diría de forma muy amistosa que se le da mejor la comedia gamberra del estilo de Los otros dos.

Comentarios

  1. Sancho P.

    No podría estar más de acuerdo con el autor de esta crítica. La gran apuesta no es una “gran opción” para ir al cine a verla.
    Christian Bale está sublime, como en casi todos sus papeles y de verdad se echa en falta se le hubieran dado más minutos. Se le ha descrito a la perfección con tonto pero más inteligente que el resto.

  2. Javier Fernández López

    Muchas gracias por tu comentario. ¡Se agradecen las palabras!

    ¡Un saludo!

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