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Maravillosa, encantadora: ¡viva Lubitsch!

Por Enrique Fernández Lópiz

Hugo Matuschek, jefe de una afamada tienda de obsequios de regalo en Budapest, entra cada mañana al establecimiento, donde le esperan sus reverentes empleados. El Sr. Matuschek recela de un tímido empleado de nombra Alfred Kralik (James Stewart), pues cree que se la pega con su esposa, y acaba despidiéndolo. Pero cuando se da cuenta de su error, lo nombra jefe de ventas y le indica que debe despedir al culpable, un presuntuoso empleado a quien nadie soporta. Matuschek y Compañía es una empresa seria, lo que no quita para que Alfred responda al anuncio de un periódico manteniendo un romance anónimo por carta. Su jefe decide contratar a una tal Klara Novak en contra de la opinión de Alfred. En el trabajo, Alfred discute constantemente con ella, sin sospechar él ni ella, que es la mujer a quien escribe cada día. Alfred prepara su primer encuentro con su misteriosa amante y se encuentra con una anodina compañera de trabajo (Margaret Sullavan) que resulta ser su idealizada dama.

Ernst Lubitsch, fundador de la llamada «comedia refinada», hace una dirección genial y exquisita de esta comedia encantadora El bazar de las sorpresas. Tiene un guión igualmente maravilloso de Samson Raphaelson (y un no acreditado Ben Hecht), adaptación de la obra teatral Parfumerie de Miklós László, un exitoso dramaturgo húngaro. Música deliciosa de Werner R. Heymann y fotografía muy buena en blanco y negro de William H. Daniels.

En el reparto de lujo, destaca la figura entre grotesca, elegante y educada de un jovencísimo James Steward, con su amada en secreto Margaret Sullavan (ambos excepcionales, sobre todo Steward); y les secunda un grupo de geniales actores y actrices como Frank Morgan (grande en el papel de jefe), Joseph Schidkraut, Felix Bressart, William Tracy, Sara Haden, Inez Courtney, Sarah Haden, Inez Courtney, Sarah Edwars, Edwin Maxwell, Charles Halton y Charles Smith. Todos de auténtico lujo.

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Cuando la vi por primera vez pensé lo mismo que la segunda y posteriores: ¡qué cosa más sencilla y más deliciosa! Claro, es que lo sencillo sólo lo pueden hacer los grandes como Lubitsch; parece simple, pero es complejo, parece una escueta comedia de enredos, pero es algo más, sobre todo porque hay en ella un aluvión de frescura y vitalidad.

Tiene este film, como casi todos los del maestro Lubitsch, un abordaje irónico especial al que se denominó el «toque Lubitsch», que usaba no solo para saltarse la censura, sino también para complicar la trama, enredar, divertirse, y para hacer ambiguas las situaciones, una ambigüedad que por lo común encerraba un soterrado mensaje político o sexual. Weinberg dijo que este toque Lubitsch era un modo de narrar que posee: … los sutiles ingredientes de la ironía, el pathos, la amargura y la risa, todos en uno; muy a menudo es el sarcasmo más anímico que visual que brota de una situación imposible que pueda degradar al héroe o descalificar al genio.”

También el film pone de manifiesto que para descubrir quiénes somos realmente, hay que ejercitar la mentira, que habremos de mentir. Y la pregunta es: ¿no lo hacemos cada día? Las mentiras, sean piadosas, importantes, pequeñas o mayores tiñen nuestra existencia, incluso más allá de eso que llamamos hipocresía. La mentira en Lubitsch es una herramienta retórica magnífica para encontrar la verdad.

Los giros argumentales son muy importantes en este film. James Stewart es idealista pero tiene también brotes mezquinos en su personaje de Alfred Kralik, muy preocupado por su relación con el Jefe de la tienda Hugo Matuschek. Está igualmente ilusionado con su amor platónico por carta.

Cuando Matuschek contrata a la bonita joven Klara Novak, introduce a la actriz Margaret Sullavan, la protagonista de la película y eje de la misma con su actitud neurótica y alocada, que nos encandila con sus diálogos interesantes e hilarantes.

De otro lado, el jefe, que se equivoca con Alfred en relación a la infidelidad de su esposa Pepi (William Tracy), acaba reconociendo que el culpable es el odioso Ferencz Vadas (Joseph Schilkdraut) que es despedido, lo que lleva a Alfred a la jefatura de ventas, o sea, al ascenso social.

El acierto principal de esta obra está en que todos los enredos no solamente sirven como exhibición de progresión dramática, sino que las complicaciones dan cada vez nuevos matices a la historia y llevan el dilema hasta el extremo. El dilema es que Alfred no revela su identidad para poner a prueba a su presumible futura novia, de la que él se cree enamorado. Y la pregunta es: ¿somos las mismas personas ante nuestros amigos o compañeros, que con nuestros amores? La brillante solución de Lubitsch es que surja la verdad con el uso de otras mentiras, lo cual ocurre en la última escena, pero no lo desvelo para que veáis esta película imprescindible que cada vez que la disfruto, me aporta cosas nuevas, ideas nuevas, nuevos interrogantes también.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=6HqoWwMrPVA.

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Comentarios

  1. Una comedia romántica preciosa, de las de antes, con ingenio y sofisticada. Sólo superada por otra maravilla de Lubitsch llamada Ninotchka. Como bien dices, los enredos y no revelar la identidad del enamorado hacen que la obra gane interés según transcurren los minutos. Un guión muy sencillo. Los que más cuesta escribir.

    PD: Por si hay algún despitado, “Tienes un email” (protagonizada por Tom Hanks) es el remake.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Gracias amigo y colega, y saludos!!!

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