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Maquis: los guerrilleros lobos de la postguerra española

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace años leí la novela de Julio LlamazaresLuna de lobos”, en la cual se relatan las circunstancias y peripecias dramáticas que ocurrían en torno a algunos soldados perdedores de nuestra Guerra Civil, para los cuales la contienda no acabó con el final de la guerra, al quedar aislados y en tierra de nadie, teniendo que esconderse por montes y bosques para sobrevivir, perseguidos implacablemente por la Guardia Civil y otros ciudadanos beligerantes que los consideraban unos bandidos. En esta historia se comprueba el conocido aserto de que las guerras civiles son peores para la población que las guerras convencionales entre Estados, pues aquellas no terminan cuando callan las armas, sino que la represión y depuración de los elementos opositores puede durar años. En la novela, la parte política queda a modo de telón de fondo. Lo que se subraya es el instinto de supervivencia de esos hombres que viven y se alimentan como pueden y de lo que pueden, y se defienden como animales acorralados utilizando la violencia como es de suponer. La fisicidad del territorio sinuoso y abrupto ejerce una influencia sobre los personajes que moraron esos entornos.

La película es un fiel retrato de la novela de Llamazares. En Luna de lobos se cuenta la vida de un grupo de combatientes republicanos, que al término de la guerra prosigue atacando y hostigando al bando franquista con estrategias guerrilleras. Las montañas de León fueron el escenario de algunos de estos episodios como el que narra el film. Así, en la comarca de Riaño, un grupo de estos soldados a los que se denominan “maquis” (para quien no esté familiarizado con el término), mantienen una desigual lucha contra la Guardia Civil. Ramiro, Santiago y Gildo, milicianos, son implacablemente perseguidos y acosados por una patrulla de la Benemérita, al frente de la cual está un sargento que a su vez pretende amorosamente a la mujer de Ramiro. En vista de las malas perspectivas de supervivencia, los maquis deciden obtener ciento cincuenta mil pesetas para viajar escondidos en un tren que los habrá de llevar a Francia. La manera de conseguir el dinero es por medio del secuestro y posterior cobro por su rescate, de un hombre rico dueño de una mina. Pero las cosas no resultarán tan sencillas y a partir de ahí se desencadena un entramado dramático que obligará a los maquis a vivir furtivamente en el monte sine die.

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El director Julio Sánchez Valdés era en ese entonces un director con apenas tres o cuatro películas mediocres y más centrado en TV. Sin embargo, con este film consiguió realizar una obra que tiene un valor documental e histórico, haciéndonos ver cómo sobrevivían aquellos maquis, aquellos Gerrilleros Españoles (como también se conocían), guerrillas antifranquistas de los que tanto se ha hablado y que tanta presencia tuvieron en las sierras y zonas rurales de la España de postguerra. Fueron combatientes a quienes finalmente nadie quería, por supuesto las fuerzas de la dictadura, pero tampoco los militantes comunistas, incluso el propio Stalin se decantó a favor de desmantelar a esta guerrilla marxista en España. El resultado es un film interesante, con una dirección solvente y vertebrando un guión bien escrito por el autor de la novela Julio Llamazares, en equipo con el propio director Sánchez Valdés, adaptación de la novela homónima del primero de 1985. Está bien la música de Luis Mendo y Bernardo Fuster, y buena la fotografía de Juan Molina cuyas tonalidades se funden con los rústicos paisajes de la historia. Magníficos exteriores, pues la película fue rodada en los espléndidos escenarios naturales de la montaña leonesa: Cistierna, La Ercina, Yugueros, Riaño y sus montañas.

El reparto tiene un gran nivel con un Santiago Ramos que hace totalmente veraz su rol de jefe del maquis; un jovencísimo Antonio Resines estupendo; enorme Álvaro de Luna; magníficos actores españoles verdaderamente creíbles en su papel; y acompañando muy bien Kiti Mánver y Fernando Vivanco. El equipo actoral, en suma, hace un trabajo más que aceptable.

Creo que la película narra de manera fidedigna la vida de aquellos hombres perdidos en la nada, cuyas vidas se convierten poco a poco en un infierno de sangre, maleza, hambre y desesperanza, que duermen con un ojo abierto y siempre ligeros de equipaje y asaltando caseríos para aprovisionarse. Cómo poco a poco se van asilvestrando, sintiéndose como lobos acorralados que ven en la muerte su destino. Como escribió Llamazares y la película plasma en fotogramas, Ramiro, uno de los maquis, describe metafóricamente su situación al hablar de una antigua práctica de los hombres de la Sierra: “Allí cazan a los lobos todavía como los hombres primitivos: acorralándoles. Tocan un cuerno cuando le ven y todos, hombres, mujeres y niños, acuden a participar en la batida. [...] La estrategia consiste en acechar al lobo y empujarle poco a poco a un barranco en cuyo extremo está lo que llaman el chorco: una fosa profunda y oculta con ramas. Cuando el lobo, al fin, ha entrado en el barranco, los hombres comienzan a correr detrás de él dando gritos y agitando los palos y las mujeres y los niños salen de detrás de los árboles haciendo un gran estruendo con las latas. El lobo huye, asustado, hacia delante y cae en la trampa. Le cogen vivo y, durante varios días, le llevan por los pueblos para que la gente le insulte y le escupa antes de matarle.”

Así es la caza del lobo, lo que que junto a la frase pronunciada por uno de los protagonistas, que la había escuchado de boca de su padre: “Mira la luna hijo mío, es el sol de los muertos”, parece inspirar el título de la obra. La historia de unos lobos humanos, hombres aislados, derrotados, a los que había tocado luchar desigualmente en el bando de los perdedores, hombres que se estremecen y sufren la persecución y el abandono, preocupados además por la seguridad de sus familias que han dejado en los valles. Lobos humanos muy fieros por el mero afán de supervivencia, pero a su vez sentientes, tiernos y necesitados de cariño y compasión, como ese miliciano que agradecido a uno de los vecinos del pueblo por un favor que le ha hecho, baja en la noche y guadaña en mano siega la hierba de la finca del hombre que lo ayudó.

Aquellos hombres van sintiendo que a ritmo creciente van perdiendo una partida con escasas posibilidades de ganar. Una lucha que inicialmente estaba centrada contra un enemigo ideológico, va tomando nuevos y trágicos derroteros, va adquiriendo nuevos tintes amargos con los que no contaban: la diaria batalla contra la naturaleza. Esto es lo que va convirtiendo a esos hombres en alimañas: “Una alimaña que sólo abandona su guarida cuando la luz del sol no puede dañar ya sus ojos inundados de soledad y de sangre.” (Llamazares).

A mí me ha parecido una buena película, por supuesto mucho mejor que tantas películas malas que hay sobre la guerra y la postguerra española. Yo la recomiendo. Sobre todo a los más jóvenes que desconocen aquella realidad tan triste en la que se vieron envueltos esos soldados que vagaron por sierras y zonas boscosas de nuestra geografía perseguidos como animales salvajes, como forajidos, como lobos.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=uUhu7x-EZjc.

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