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Maneras diferentes de encarar la vida en la vejez, y el amor en el centro

Por Enrique Fernández Lópiz

En Elsa y Fred, Elsa es una mujer de ochenta y dos años, alegre y despreocupada, que vive la vida con una actitud vital y una imaginación desbordante. Alfredo, un señor algo más joven que ella, ha llevado una vida convencional; es una persona seria y responsable, que acaba de quedar viudo. Este acontecimiento le ha sumido en un estado de desconcierto, tristeza y angustia. Echa en falta a su esposa fallecida y está en pleno y duro proceso de elaboración del duelo, con visos de que ese proceso le va a durar mucho tiempo. Su hija le da ánimos para que se cambie a un apartamento más pequeño. En ese punto conoce a Elsa, quien para revuelo de su vida y hábitos cotidianos es vecina suya. Elsa, sin pensarlo dos veces irrumpe en su vida como un torbellino, con toda la disposición para movilizarlo, sacarlo de su aislamiento e inhibición y demostrarle el enorme valor y la preciosura del tiempo que les resta por vivir, un tiempo que deben disfrutar de la mejor manera. A partir de este encuentro con Elsa, la vida de Fred cambia obviamente, pues es mucho el empuje de ella, y ambos entran y salen pasando aventuras y situaciones algunas de ellas muy cómicas y alegres.

Elsa desea apurar la vida como si sólo dispusiera de una noche loca, al modo de la preciosa Anita Ekberg en esa escena inmortal de La dolce vita de Feferico Fellini (1960) en la Fontana de Trevi de Roma. Ella vital, cara dura, fabuladora, incontenible; Alfredo, formal, apocado y amable. Y los dos polos opuestos se tocan el corazón con sólo una mirada y unas palabras casuales.

Comedia romántica con la vejez como protagonista, película argentina muy bien dirigida por Marcos Carnevale, con un guión del propio Carnevale junto a Lily Ann Martin y Marcela Guerty; guión bien trabado, dinámico y jovial. La música de Lito Vitale acompaña muy bien las aventuras y desventuras de Elsa y Fred, así como luce una gran fotografía de Juan Carlos Gómez.

En el reparto hay dos grandes estrellas del cine y el teatro. De la parte uruguaya China Zorrilla está arrolladora, exultante y expresiva en su papel de Elsa. Le acompaña diez puntos con Matrícula de Honor un Manuel Alexandre, actor curtido en mil batallas, por lo general de gran secundario de nuestro cine, que aquí, como actor principal hace un trabajo superlativo en el que borda el rol de un Fred nostálgico que se encuentra de sopetón con una bocanada de aire fresco en su vida, o sea, con Elsa. Y acompañan en sintonía a los protagonistas principales Blanca Portillo (estupenda), Roberto Carnaghi, José Ángel Egido, Gonzalo Urtizberea, Omar Muñoz, Carlos Álvarez Novoa y Federico Luppi siempre bien.

Premios y nominaciones en 2005. Festival de Valladolid – Seminci: Nominada a la Espiga de Oro. Premios Goya: Nominada a Mejor actor principal (Manuel Alexandre). 2 Premios Cóndor de Plata: Mejor actriz (China Zorrilla), 5 nominaciones.

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Elsa y Fred es una película que pudiera parecer socarrona, e incluso podría sonar algo artificial, pero la gran labor de sus protagonistas logran elevarla hasta al nivel de un film respetable y acertado en muchos aspectos, como ahora diré. Las interpretaciones de Alexandre y la Zorrilla pueden parecer simples, y tal vez justamente por eso, este tipo de trabajos sólo pueden realizarlos con el nivel deseado grandes actores, tal el caso. Y es que, la verdad, es difícil describir a estas dos instituciones del cine, en tal vez los mejores papeles de su larga trayectoria, que nos demuestran que no hace falta ser joven para poder continuar con la labor actoral. Así pues, las enseñanzas sobre una forma óptima de afrontar la vejez, no sólo se circunscriben a la historia del film, sino al ejemplo que dan los propios y longevos actores.

Esta película aborda las diferencias de enfoque ante el tiempo tercero, ante la vejez, y cómo siempre es posible modificar el rumbo y disfrutar de la vida y vivirla plenamente con independencia de la edad o de ciertas circunstancias tristes que acontecen en este tiempo.

Hace ya algunos años, un gran psiquiatra y psicólogo de origen canadiense, Eric Berne (1910-1970) creó un sistema teórico y práctico para mejorar personal y socialmente. Es la denominada teoría del Análisis Transaccional. Pues bien, desde esa teoría, se describen entre otras muchas más cosas, las “Posiciones existenciales” que las personas adoptamos frente a nosotros mismos y a las circunstancias y personas que nos rodean. Sería cinco. Cuatro inconvenientes y una sana. Entre las cuatro primeras están: (a) la denominada Posición Existencial Maníaca (yo estoy bien – tú y los otros están bien); es una óptica exultante, optimista en extremo a la hora de posicionarse ante uno y ante los otros y que, obviamente, no se mantiene. Otra sería la Posición Existencial Depresiva (Yo no estoy bien – Tú y los otros sí estáis bien); desde esta posición, el origen de lo negativo es colocado en uno mismo, en tanto los demás son los felices, los que hacen bien las cosas, etc.; tampoco es correcta ni sana esta valoración. Otra es la llamada Posición Existencial Paranoide (Yo estoy bien – Tú y los otros no estáis bien); posi­ción eminentemente prepotente que sostiene como marco de análisis y acción que el origen de los problemas y conflic­tos está fuera de uno, en los otros, en tanto los aspectos positivos se preservan para uno mismo. Y la cuarta es la Posición Existencial Desesperanzada (Yo no estoy bien – Tú y los demás tampoco); posición existencial fútil, nihilista y negativa para uno mismo y los otros: no hay salida o solución a la existencia, que es percibida como indesea­ble o negativa. Según el Análisis Transaccional habría una quinta Posición existencial considerada como la adecuada, es la Posición Existencial Realista (Yo estoy a veces bien y a veces no bien – tú y los otros a veces estáis bien y en ocasiones no estáis bien). Esta es posi­ción existencial sana, y desde esta manera de enfoque, tanto la realidad interna como la exterior se entienden como un campo donde cabe la movilidad y la posibilidad de desplaza­miento de los aspec­tos positivos y negativos; es decir, las valoraciones y los comportamientos son controlados de manera racional, aceptando los aspectos positivos y negativos propios y ajenos. PERO ocurre que desde la Posición Existencial Realista, hay por lo común cierta tendencia en cada uno de nosotros a bascular hacia alguna de las modalidades anteriormente expuestas como no deseables. Es decir que se puede ser realista con tendencias depresivas, paranoides, desesperanzadas o maníacas. Pues bien, en la película, Fred es realista con tendencias desesperanzadas y Telma es realista con tendencias maníacas. Es de esta manera que Elsa contrarresta con su optimismo la desesperanza de Fred, y se teje un entramado en la relación entre ambos, que finalmente confluye en que los dos pueden hacer una vida más alegre y radiante conjuntamente.

La cosa, según lo dicho sería así: en el comienzo de la historia, Fred se aviene a esperar pacientemente la muerte (posición existencial realista/desesperanzada), pues la mujer de su vida, su esposa, lo ha dejado (pérdida). Fred no parece poder superar esta situación. Pero como un vendaval irrumpe en su vida Elsa, una mujer deslenguada y vital (posición existencial realista/maníaca), que pretende hacerle un hueco en su vida para mostrarle la hermosura de cada momento en la existencia. Lo cual que acaba contagiándole la alegría y la pasión desbordante por la vida (compensación entre ambas posiciones existenciales: realista-desesperanzada “versus” realista-maníaca).

Esta película nos atrapa casi desde el comienzo. Su vis humorística y el drama que también lo hay, son entremezclados artesanalmente por el director y los protagonistas, concluyendo en una obra que se valora y se aprecia, y de la que se puede aprender mucho. Sobre todo, en lo que toca a la ilusión y la capacidad de tener proyectos en la vida incluso más allá de los ochenta años. Vivir intensamente esa época de nuestra existencia es uno de los pensamientos que nos deja Elsa, mientras que Fred nos enseña la opción a encontrar segundas oportunidades. Y es que la vejez es mucho más que esas imágenes deprimentes o vivencias de soledad o enfermedad que tanto se transmiten y que muchas veces no son más que estereotipos anti-mayor (viejismo). En nuestra época, cuando las condiciones de vida tanto han mejorado y la expectativa de una vida sana ha aumentado considerablemente, la vejez, el “tercer acto” es una época en que se pueden cumplir muchas ilusiones y expectativas, incluido el amor, pero también crear, viajar, bailar, reír, etc.

En resolución, estamos ante una película eminentemente de actores, película que trata el tema de la vejez, también una historia de amor con buenas dosis de intimismo y un poco de comedia de enredos donde la felicidad que llega sin fecha de caducidad, porque no conoce edades. Pero tiene también su carga de profundidad. Elsa y Fred, supone una escala agradable para quien la ve, pero el viaje sigue, y falta mucho para llegar a quién sabe qué destino, pues la vida es como un juego, hay que jugarla hasta el final. Y brindar hasta el final por ella.

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