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Malditos Vecinos 2

Por Alejandro Arranz

-Una secuela que repite el esquema original reutilizando sus gags de forma torpe. Los guiños temáticos se suceden, pero las risas son muy difíciles de encontrar.
-Es preferente disfrutar del trailer y olvidarse de pasar por caja. Neighbors 2 no ha sabido sacar mi lado salvaje y gamberro. No es inteligente, no es perspicaz, no es provocadora; es de usar y tirar.

El director Nicholas Stoller y los guionistas Andrew J. Cohen y Brendan O’Brien nos traen la secuela de la inesperadamente divertida Neighbors. El reparto original repite pero para enfrentarse en esta ocasión a una hermandad femenina liderada por una regular Chloë Grace Moretz. La película no busca en ningún momento llevarnos a un lugar diferente, su objetivo es unicamente hacer reír, y pretende hacerlo tomando prestadas las bromas de su predecesora para repetirlas con una dependencia exasperante. Entre cinco y siete guionistas han colaborado para dar forma al “guion” de esta secuela, y parece que el 90% tenían un día poco inspirado, porque si elimino de la ecuación las risas condescendientes y las de “integración social”; a penas solté un tercio de carcajada en un par de ocasiones a lo largo de 92 dilatados minutos de película. Pero bueno, como texto de introducción me limitaré a introducir la propuesta. Y es que Evan Goldberg, Rogen y Stoller se dirigen simultáneamente a dos públicos. Por un lado adolescentes mayormente atolondrados amantes de las películas poco sesudas, con mucho “slapstick” y chistes o bien escatológicos o bien sexuales. Por el otro, cinéfilos más veteranos amantes de la comedia inmadura y generacional, y por tanto del “subgénero” de las fraternidades universitarias comenzado por John Landis (Desmadre a la Americana), continuado por Adam Herz (American Pie) y recientemente redefinido por Goldberg y Rogen (Superbad); que igualmente apreciarán los constantes guiños al cine fantástico y de terror (el embarazo en relación satírica con La semilla del mal) que tanto gusta a estos guionistas. Entre el cine de Judd Apatow, el de Ben Stiller, el de Adam Sandler y las señas de identidad propias (aquí muy desgastadas) del dúo Goldberg-Rogen se encuentra esta secuela, que acaba demasiado cerca de Sandler, por desgracia.

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Voy a ser muy breve en esta reseña. Al igual que la primera a pesar de su irregularidad y ciertos problemas de guion, fue una bien recibida sorpresa. Esta secuela es toda una decepción. Vale que el efecto sorpresa se ha desvanecido, pero en términos generales tampoco tiene el ingenio de su predecesora. Hay muy pocos gags realmente ocurrentes y me ha sorprendido darme cuenta de que el público objetivo de la propuesta no los ha entendido. Fuera de esos pocos chistes o golpes interesantes, el humor es la reproducción de bromas de la primera parte, que buscan la risa de una forma nostálgica como si el primer filme tuviera la cualidad de película de nuestra infancia o algo así, cuando realmente el efecto que crea es el de “Déjà vu”. Tampoco tiene el corazón de la cinta del 2014, que pese a trabajar con estereotipos, era capaz de revelar finalmente un punto emotivo en torno a sus personajes y las relaciones de estos. De forma contraria, en esta ocasión los personajes no son nada consistentes, son caricaturas absurdas que pululan sin sentido a lo largo y ancho de una narración caótica y repleta de agujeros. La excepción es el personaje de Efron, una oportunidad muy interesante que la película desaprovecha por completo. Mención aparte una escena de baile de Efron que aunque puede verse como una forma eficaz de vender entradas, resulta un activo cómico muy valioso en forma de reflejo antitético entre el joven Efron de Disney y High School Musical y el actor desaforado con cualidad de mito erótico que ha acabado siendo. Volviendo a cuestiones principales, el filme intenta desmarcarse con el tema del enfrentamiento de géneros y el uso cómico de los tabúes en torno a la relación entre esos géneros; que acaba siendo el eje -temático- central del humor. Con respecto a personajes/actores, la hermandad pierde protagonista frente a Rogen y Efron, que se configuran baluartes cómicos de la propuesta, dejando a la hermandad femenina muy por debajo en cachondeo y gamberrismo de lo que fue la hermandad masculina en su momento. Esconded vuestras garras malditas “feminazis”, este comentario no es sexista.

Finalmente a pesar del tratamiento feminista de su humor y de los constantes homenajes cinéfilos que guarda la propuesta, Neighbors 2 no es más que una copia poco inspirada de su predecesora. La vi, pasé el rato sin sufrir demasiado pero no consiguió divertirme ni aportarme nada. Una de las apuestas más insípidas de Rogen y Goldberg.

Alejandro Arranz

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