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Magnífica película de intriga

Por Enrique Fernández Lópiz

El tercer hombre narra la película la época de la Guerra Fría en Viena, año 1947. Holly Martins (Joseph Cotten), un escritor de novelas de vaqueros norteamericano llega a la capital austríaca en un momento en que Viena está dividida en cuatro zonas ocupadas por los aliados vencedores de la Segunda Guerra Mundial. El tal escritor se dispone a visitar a un amigo de infancia de nombre Harry Lime (Orson Welles), quien le ha ofrecido trabajo. Pero al llegar resulta ser que a su amigo lo están enterrando tras morir atropellado por un automóvil. El jefe de la policía militar británica (Trevor Woward) le hace saber que su amigo Harry Lime estaba implicado en graves delitos contra la salud pública, pues traficaba con penicilina adulterada en el mercado negro. En medio está la novia de Lime (Alida Valli), huida de Checoslovaquia y reclamada por los rusos. En la historia hay algo que a Martins no le cierra: todos dicen haber visto a dos hombres en el lugar del atropello intentando ayudar a Lime, pero un testigo asegura haber visto a un tercer hombre (de ahí el título). Ante estos datos contradictorios, Holly comienza a investigar la muerte de su amigo, sospechando que tal vez haya sido asesinado.

Entre premios y nominaciones entre 1949-50 obtuvo: Festival de Cannes: Gran Premio del festival (mejor película). BAFTA: Mejor película británica. Nominada a Mejor película. Directors Guild of America: Nominada a Mejor dirección. 1950: Oscar: Mejor fotografía B/N. 3 nominaciones.

El film es una adaptación de la novela homónima de Graham Greene, novela breve sobre el mundo roto de la posguerra, donde la desconfianza en el ser humano resulta obligada y el personaje de Harry Lime parece la encarnación de la realpolitik; Lime es corrupto pero a la vez carismático, atractivo y repudiable. Por eso duda tanto su amigo, el mediocre autor de novelas de cuarta, antes de delatarlo. El desenlace es triste y ruin, propio de un tiempo sin héroes. Como advierte Welles en el filme: «Los únicos héroes que quedan son los de las novelas del Oeste».

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El film es complejo y con muchas lecturas, dentro de un viaje lleno de cinismo por esa jauría humana que alumbra la posguerra y que tiene en las cloacas una de sus vías de comunicación. La complejidad de la película tal vez pueda resumirse en el binomio: amistad-traición.

Tiene la cinta muchos y variados méritos. Empezaré por mencionar la gran dirección de Carol Reed y sigo por las geniales interpretaciones de todos sus protagonistas; menciono especialmente a Joseph Cotten, Alida Valli, Orson Welles o Trevor Woward que bordan sus papeles. Merece un subrayado el papel de Welles en el film, pues él tuvo la libertad de componer su fascinante H. Lime, no sólo rescribiendo su parte del papel (todo el magnífico discurso sobre la democracia y el reloj de cuco es suyo), sino dirigiendo él mismo sus propias secuencias. La fotografía en blanco y negro de Robert Krasker es maravillosa (Oscar a la mejor fotografía 1950), así como la música misteriosa e hipnótica de Anton Karas. El guión resulta de lujo, escrito por el propio Graham Greene. Y la trama nos mantiene pegados al sillón los 104 minutos que dura el metraje, metraje no muy largo por cierto.

Y dicho esto me vuelvo a preguntar por qué hoy no se hacen este tipo de películas fascinantes: calidad, belleza, excelencia, dimensión dramática ajustada, guión impoluto, fotografía maravillosa, interpretaciones de lujo, mensaje moral, análisis histórico, elementos de reflexión, calidad en todo sentido: ¿por qué? Parece que se hubiera perdido la maestría de aquellos años, el sentido estético o la dimensión incluso moral de las películas. Hoy todo vale, cualquier estupidez se convierte por arte de magia en película, aunque sea para destrozar coches o mostrar escenas de atletismo sexual, aunque no haya guión o los actores sean mediocres. Y no digo que todas las actuales películas sean así, pero sí una proporción importante, sobre todo del cine norteamericano: nefasto. En este caso la obra es británica y, por cierto, con consideraciones excelentes en la crítica de su momento: “Elegida en 1999 como la mejor aportación británica a la historia del cine. Es eso, y con mayúscula: pura historia, resultado de un genial cruce de azares”. Esto dicho, por el enorme crítico que fue Ángel Fernández Santos.

Recomendación: vedla si no lo habéis hecho todavía.

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Comentarios

  1. Jaro

    Añado a tu recomendación: Volver a verla aunque ya la hayáis visto.

    ¡Fenomenal crítica Enrique!

    • Enrique Fdez. Lópiz

      Gracias amigo Jaro, pero la peli inspira mucho. Saludos :)

  2. Miguel Ávalos

    Una de esas películas que ves más de una vez, uno de esos films que no pasan desapercibidos y sin la menor necesidad de ser llamativo.
    Ojalá se vuelvan a hacer en el futuro películas con esta esencia. Buena falta hace.
    Excelente crítica gran Enrique!
    Un abrazo!

    • Enrique Fdz. Lópiz

      Un abrazo amigo Ávalos. Enrique

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