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Mad Max: Fury Road

Por Alejandro Arranz

-El término “bestial” ha sido redefinido. Fury Road es un desfile de perturbada magia cinematográfica. Un western futurista sensacional, demencialmente entretenido y visualmente estremecedor.
-Era imposible esperarse una película mejor. Miller ha creado un espectáculo hipnótico y salvaje para enloquecer a nostálgicos y neófitos por igual. Pasen, disfruten y rebobinen.

Aún recuerdo cuando vi Mad Max por primera vez junto a mi padre. Fue un momento muy especial. Ver a esos salvajes de la autopista persiguiéndose violentamente a lo largo de kilómetros de asfalto. “¡Nací con un volante en la mano y plomo en los pies. Soy el jinete nocturno que nunca volverá, un tanque de gasolina suicida! ¿Me oyes poli? ¿Me oyes pasma?” Una frase que permanecería en mi memoria, y después un momento inolvidable, la presentación de nuestro protagonista, Max Rockatansky, el guerrero de la carretera, o al menos eso llegaría a ser algún día. El personaje de Max ha ido evolucionando con los años y los demás hemos madurado también. No obstante nada nos hará olvidar la primera vez que vimos el V8, la brutal escena del atropello de la primera entrega, ese genial comienzo de The Road Warrior, la sublime batalla en la cúpula del trueno o la primera vez que escuchamos el tema We don’t need another hero interpretado por Tina Turner. Son momentos que permanecen ahí, y George Miller tras 30 años ha decidido revivir la saga con la intención de volver a crear momentos inolvidables para padres, hijos, abuelos y cualquier fan de la saga más salvaje que conocemos. Y pido atención a todo el mundo, porque lo ha conseguido.

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¿Donde quedaron aquellos 350.000 dolares con los que un joven médico hizo Salvajes de la Autopista? El presupuesto de Fury Road es de 100 millones, y exceptuando a los más puristas y a los que como este cronista pensamos que el dinero corrompe, cualquiera podría alucinar soñando con lo que un genio como George Miller podría hacer con esa cifra. Ahora tras haber visto su nueva obra, he de decir que nunca había visto 100 millones tan bien gastados. Nadie diría que Miller tiene 70 años, pues el ritmo de su película parece el de un triatleta olímpico de 20 años y dopado hasta las cejas. El Australiano es uno de los pocos cineastas capaces de encontrar armonía en el caos. Durante 120 minutos asistimos a una demencial persecución repleta de acción , explosiones, coreografías impresionantes y florituras imposibles, todo proveniente de la “prodigiosa mente de George Miller”. Lo leímos en el trailer y nos reímos, pero el ganador de un Oscar por Happy Feet nos ha cerrado la boca con un filme que evoca el espíritu de los 70 y los 80 y lo recicla en una aventura de acción postapocalíptica que si no lo tiene todo, poco le falta. La dirección, el diseño de producción, la fotografía y todo el apartado visual al completo es de ovación. No encuentro ni un sólo plano que me disguste y quedan en mis retinas no pocos fotogramas inolvidables. Toda esa violencia y salvajismo tan propios de la saga se convierten en algo poético e hipnótico (como si de un cuadro del Bosco se tratara) gracias a la visionaria dirección de Miller, que es fascinante. Queda inaugurado el “blockbuster de autor”.

Tom Hardy se afianza como un Max Rockatansky perfecto, al mismo nivel que Mel Gibson (aunque para algunos sea insustituible), con esa rara pero esencial mezcla de canalla, renegado, atormentado y heroico. Es sin embargo Charlize Theron la que nos conquista con su Furiosa y se roba todos los planos, se funde con su misterioso -e interesantísimo- personaje y queda maravillarse ante el espectáculo. Aparte de ambos protagonistas y su estupenda química en pantalla, encontramos un buen número de variopintos y estrafalarios personajes, acorde con el universo en el que nos encontramos. Y hay un buen número de villanos entre los que destaca el temible Immortan Joe. Teniendo en cuenta que firmo hasta el trabajo de Junkie XL en la partitura musical sólo podría ponerle alguna pega al guión. Y aunque los guionistas desarrollan muy bien a los personajes y juegan con el feminismo, la maternidad, los remordimientos y otros cuantos temas de manera interesante, la verdad es que no es un guión para tirar cohetes. Aunque lo que nos importa en Mad Max son directamente los cohetes: las escenas de acción magistralmente coreografiadas, el humor chalado, la constante huida hacia delante a lo largo del Yermo, el antihéroe carismático que a penas suelta palabra y todo lo que ha definido a la saga desde sus comienzos (quitando a los niños de nunca jamás de Mad Max 3). Y todo lo que podíamos esperar está en esta cuarta entrega, pero multiplicado por mil.

George Miller regresa a su saga por antonomasia después de 30 años y lo hace con una fuerza, un sentido del ritmo y una atención por el detalle tan alucinantes que nadie diría que tiene 70 años. Es un trabajo tan personal y románticamente nostálgico que te frotarás los ojos para ver si es verdad. Hago un llamamiento a todo cinéfilo y en especial a los incondicionales de esta gran saga (como mi padre) para que dejen lo que estén haciendo y corran a sacar su entrada para Mad Max: Fury Road. Una de las mejores películas de acción de todos los tiempos, destinada a convertirse en un clásico.

Alejandro Arranz

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