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Mad Jobs

Por Javier Fernández López

Llevaba tiempo deseando ver esta película. Cuando vi jOBS, la cinta de Ashton Kutcher, no sentí que se hubiese hecho justicia con lo que simbolizaba Steve Jobs, uno de los genios del siglo XX. Su problema fue que, siendo una cinta biográfica, apenas profundizaba en el mito, en el símbolo. Todo era demasiado superficial y no había grandeza. Steve Jobs, sin embargo, es la cinta que estaba esperando. Porque me interesaba el mito tras el hombre, no el hombre. Aaron Sorkin firma un guión absolutamente magistral, porque ha ido directo a lo que el mito necesitaba para ser expuesto en la pantalla grande, mientras que Danny Boyle puede estar orgulloso de cómo ha dirigido la película y manejado los tiempos y la escenificación. Todo es un teatro bien conducido, con la genialidad de que la cinta se basa exclusivamente en diálogos, debates y discusiones con Jobs como protagonista. Cada persona que tiene delante es un desafío para él y juega a superarlo, a quedar por encima porque sabe que puede, porque su ingenio como hacedor está por encima de lo que los demás pueden ver.

Como si de la persecución de Mad Max se tratase, Steve Jobs es un recorrido a través de las palabras. Ahí estará el espectador para analizar la ambivalencia del personaje, su doble trasfondo. Ni Sorkin ni Boyle han querido vender a Jobs como un buen hombre, pero tampoco como un monstruo. Venden su leyenda, y lo hacen a través de aquellos que rodeaban la leyenda. Se juega, de esta forma, con la propia realidad que rodeó a Steve Jobs durante su vida, porque alguien un día le dio el título de genio cuando no inventó nunca nada. Y cada “amigo” se lo recuerda, cada persona le pregunta por qué, por qué tú, Steve Jobs, eres el protagonista cuando no eres más que un buen vendedor de artículos. Pero la genialidad del personaje radica en saber lo que los demás tienen que hacer, él dirige la orquesta, como bien señala.

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Luego tenemos un juego de máscaras, donde aparecen los elementos emocionales de la película. Y lo hace sin apoyarse en el típico relato biográfico, y es que esta cinta es de todo menos biográfico, lo cual es su mayor virtud y acierto. Jobs era un perfeccionista, su incesante búsqueda del sistema cerrado perfecto lo llevó varias veces al fracaso comercial. Ahí es donde encontramos una de las más potentes metáforas de la película, y es que cuando el espectador termine de visionar Steve Jobs, sabrá que el personaje es cualquier cosa menos cerrado. Todo lo contrario, la ambivalencia mueve al personaje, es un hombre enfrentado consigo mismo y lleva dentro de sí una carga que lo lleva a mostrarse como un enemigo temible. Un plan absolutamente perfecto un personaje que, seguramente, necesitaba más de un abrazo.

Para terminar este artículo, tengo que darle mi más sincero aplauso a Daniel Pemberton, el encargado de componer el soundtrack de la cinta, un trabajo formidable. De seguro seguiré sus próximos trabajos. Igualmente tengo que felicitar a Kate Winslet por su papel. Pero sobretodo tengo que aplaudir a Michael Fassbender por hacer el papel del año. Steve Jobs no sólo es un gran entretenimiento, es uno de los productos que, siendo de lo más tenso posible, logra llegar a los espectadores a través del lado más humano de nosotros mismos: la imperfección. Sencillamente, bravo. La mejor película para uno de los grandes mitos del siglo XX.

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