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Lugar para el cine clásico: El tren del terror

Por José Manuel Morales

A veces te encuentras con películas que te sorprenden y de las que no esperas nada de nada, tan sólo pasar un rato distraído, y pasas algo mejor que eso. Película por antonomasia de videoclub cutre y que ya no recuerda nadie es la genial: El tren del terror.

Un tren donde un grupo de descocados (por no decir otra cosa), universitarios se visten de disfraces para despedir el año que es el último  que vivirán como estudiantes. Éstos chicos vienen de haber traumatizado a un pobre chaval años antes. Un planteamiento la mar de interesante y que da mucho juego.

Ahí metes al chaval traumatizado con ganas de matarlos y se te forma una película de terror de época. Otra cosa es que quede tan antigua que te duelan los ojos de ver peinados tan pasados de moda y caras tan poco vistas hoy día, ¡pero la peli tiene su miga, eh! El tipo traumatizado se mezcla con ellos con ganas de ver sangre y se va “cacheando” uno a uno a aquellos que le pusieron una muerta en la cama a la que tuvo que besar y que le dejó tarumba.

Igual el tipo se pasa estrechándoles contra un cristal o clavándoles un cuchillo mientras los viola, pero oye… El tipo es que era muy sensible y quería divertirse un poco. La cosa es que el argumento de la cosa da juego y que metan a “la reina del grito” Jamie Lee Curtis en el ajo sube el nivel. Ahora que metan a David Copperfield (el mago, no el libro de Dickens), en la pomada con una simpar ayudante “un poco rara”, queda para irte al baño y encerrarte meciéndote en la ducha con las manos en las rodillas mientras cantas una canción de tarados. Es lo que la película te pide también. La intervención del maquinista que parece que no se cree nada y que cuando lo cree no sabe que creer te da alimento para seguir viéndola.

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El tren del terror es “slasher” ochentero de buena factura, que ya no se hace, puro y lleno de tensión. Cuando paran en un descampado y todos quieren irse y si no matar al tipo sospechoso (sea o no el asesino), ya se pone la cosa más pesada. El tipo sospechoso no es el asesino traumatizado y éste sigue por los vagones matando a alguno que otro que se queda dentro del tren. Creyendo que lo tienen controlado (por cierto, el sospechoso para los de la peli no es otro que David Copperfield), y sin otra cosa que puedan hacer, se suben al tren para parar en el apeadero más cercano y soltar al colgao.

La Curtis, pobre actriz encasillada de narices, se encuentra con el loco de turno y éste la sigue como si le debiera dinero. ¡Qué gente más loca, caramba! Y con el hacha para incendios la persigue por los vagones obligando que la actriz vaya tomando ritmo para darse su carrerita año después por el Hospital de Haddonfield huyendo de Michael Myers (el asesino de la máscara blanca de “Halloween”) en la segunda parte de La noche de Halloween. No voy a negaros que el personaje de la Curtis me sorprendió por tener tanto fondo físico. Por momentos pensé que correría tanto que desaparecería del tren y el asesino se olvidaría de ella, pero como éste iba a besarla cuando le pusieron el muerto delante años antes, y se quedó con las ganas, igual le hubiera dado por seguirla campo a través. Al final la atrapa, le da su charlita de turno en lugar de matarla, para que puedan matarlo a él y es que ser asesino no está reñido con ser idiota. Y le cuenta que es muy malo, que le han hecho así y nos hace ver que la mujer florero de los trucos del mago Copperfield era él pintado a lo Bo Derek. Cuando el chaval le pide un beso y la Curtis se lo da, le entra el telele y se pone a enrollarse con unas cortinas al lado de una puerta abierta del vagón que da afuera y bueno… El maquinista le da un par de palazos y, muy oportunamente, cae por el puente que estaba bajo sus pies. ¡Adiós tolai! Eso pensaron aquellos que tuvieron que pasar ese fin de año siendo asustados por un tipo con un trauma muy profundo para tanta cosa. Yo también he besado a un muerto, (eso sí, era la despedida de un familiar), y no me ha dado por matar a nadie… Todavía.

En fin, la peli mola, está bien hecha, pero el asesino no es muy convincente. ¿Sabes lo mejor de todo el film? Su estética. Como se puede ver una época donde no estaba todo tan marcado. Una época que puede que idealice, pero que parecía más auténtica. Y desde luego, todavía no entiendo como David Copperfield pudo hacer de actor en el film. ¡Coño! ¿Qué buena es la vida con un padrino, verdad? ¡Maldita sea! Debería haberle liado con una actriz famosa aunque fuera tan fea como Carmen Machi.

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