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Lost River

Por Alejandro Arranz

-Hay muchos adjetivos con los que definir este primer trabajo de Gosling en la dirección. Ridículo, turbador, falsificador, vacío y presuntuoso son algunos de ellos; pero también es entretenido y sugerente.
-Un apartado visual interesante y un par de buenos actores salvan lo poco que pueden de este híbrido bastardo de diferentes cineastas controvertidos. Copia sus señas de identidad pero sin tener una propia. No hay mensaje, sustancia, ni alma.

Qué gran actor es Ryan Gosling, es un tipo atractivo, carismático, competente y que le gusta a todo el mundo. Ahora mismo es uno de los actores más exitosos y uno de los niños mimados de Hollywood. Por el amor de dios si hasta es músico. Parece que todo lo que toca se convierte en oro y por eso parece haberse decidido a producir, guionizar y escribir una película. Lost River es el thriller sobrenatural experimental sobre el declive de una familia y de un país que fue estrenado en el pasado Festival de Cannes con terribles críticas. Algo que parecía una infamia tan sólo pensando en la cantidad de talento que se había reunido para realizar la ópera prima del chico de oro. Nadie podía esperar que a Gosling se le fuera a dar tan mal realizar su primera película, pero definitivamente ha sido así. Y antes de poner a parir a uno de los mejores actores jóvenes del panorama actual parece conveniente hablar del llamativo reparto de la cinta, encabezado por Christina Hendricks e Iain de Caestecker y repleto de secundarios brillantes entre los que encontramos a: Matt Smith, Eva Mendes, Ben Mendelsohn y Barbara Steele.

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Los dos últimos trabajos que he visionado de Ryan Gosling han sido cuanto menos decepcionantes. Gangster Squad cogió la obra maestra de Brian de Palma y la hizo añicos, Only God Forgives de Nicolas Winding Refn es una de las películas más vacuas, tediosas, estúpidas y terriblemente violentas que he visto nunca, con un Ryan Gosling más impasible que la peor versión de Keanu Reeves; aunque para ser justos su apartado visual era magistral. Pues bien una de las influencias más claras de este debut del actor canadiense es la de Refn, particularmente el Refn de Sólo dios perdona, ese tan innecesariamente violento, incomprensiblemente vacío y molestamente pretencioso. Aunque debo matizar, no es tanto una influencia (mucho más sutil) como un robo de esencia en toda regla. Y no me refiero sólo a coger descaradamente hasta los tics más feos del director de Drive, saquea cualquier seña de identidad de los directores más polémicos de los últimos tiempos y algunos más. Así pues el festín surrealista e insustancial plagia desde David Lynch -y Cronenberg- a Gaspar Noé, pasando incluso por Dario Argento o Mario Bava (de ahí el papel de Barbara Steele). Puede en un principio sonar incluso bien, pero el filme de Gosling no posee ni una pizca del genio de ninguno de estos directores. No tiene una identidad propia y frente a la absurda pretenciosidad que desprende está tan hueco que perturba.

El apartado visual se debate a veces entre la fealdad y cierta hipnosis inquietante, lo seguro es que llama la atención y que el director de fotografía Benoît Debie (Enter the Void) hace un buen trabajo con esos ambientes decadentes. Aún así todo remite a otros nombres, como una especie de modelo de baja calidad de diferentes cineastas, sobre todo Lynch, Refn y Noé, es resultado de las limitadas habilidades de Gosling como director y no digamos ya como guionista. Al igual que la puesta en escena el guión también es un pastiche de otros autores, todo familiar pero carente de alma y/o esencia. Busca la complejidad y la metáfora allá donde va sin darse cuenta de que el mensaje es absurdamente simple. Trata temas como la familia, el sueño americano, la crisis económica o la violencia siempre de un modo ingenuo y errado; de forma contradictoria también abandona la narración en favor de la psicodelia visual. Las imágenes fluyen, la violencia fluye, la música fluye y los personajes se mueven en ese submundo indeseable, el espectador ni entra en la historia ni mucho menos tiene una revelación, sin embargo el filme se ve sin problemas y hay ciertos momentos que a falta de originalidad la cinta llega a entretener, cuando deja a un lado las chorradas y simplemente se deja llevar. El reparto es uno de los mayores activos del filme, destacan dos secundarios brillantes; Matt Smith y Ben Mendelsohn en la piel de los dos “villanos” de la historia, el segundo está especialmente fantástico y se marca un bailecito genial.

Ryan Golsing debuta con una película inclasificable y totalmente fallida, una copia descarada y trivial de muchos grandes autores. Le da tiempo a homenajear a sus amigos, a elogiar -sin sutileza- a su esposa y a marcarse un discurso político supuestamente ingenioso pero que en realidad es muy simple. Una hora y media intentando ser relevante, ser “de autor”, ser compleja y profunda cuando en realidad no es más que el capricho de uno de los niños mimados de Hollywood. Un actor estupendo que -a día de hoy- ha demostrado no estar dotado para la dirección ni para la escritura de guiones. Lost River no es una buena película, pero tampoco es que ofenda a los sentidos.

Alejandro Arranz

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