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Los siete magníficos

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta película es un western estrenado con irregular éxito en 1960. En la historia, un pueblo de pobres campesinos mejicanos está a merced de una banda de facinerosos que de manera recurrente exigen el pago de sus cosechas como forma de vida para la banda. Como quiera que los humildes mejicanos no saben defenderse, preguntan al anciano del pueblo, y por su consejo, deciden contratar los servicios de siete hombres aguerridos, cada uno especializado en el manejo de algún arma, gente conocida en los contornos por su implacabilidad y su osadía.

Empiezo diciendo que en 1954 Akira Kurosawa estrenó una monumental película de sublime belleza y grandioso potencial narrativo, joya del cine de todos los tiempos, dirigida y escrita por el propio Kurosawa bajo el título Los siete samuráis. Y el argumento es en esencia el que inspira la película a la que me estoy refiriendo, con algunos datos diferenciales: Japón Siglo XVI, aldea de campesinos indefensos, forajidos que los saquean reiteradamente, consejo del anciano, contratan grupo de siete samuráis para protegerlos, a pesar de que sólo pueden pagarles comida y hospedaje.

Pues como digo, este impresionante film de Kurosawa que yo recomiendo encarecidamente, da lugar a este libre remake en clave de western. En su momento Los siete magníficos tuvo escaso éxito de público y por ende de recaudación. Si se hizo famosa fue por su popular banda sonora y, sobre todo, por su reparto de relumbrón, un lujo, un repóker de ases que se juntan en el film, estrellas archiconsagradas y míticas como Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn, Brad Dexter, Whit Bissell o Vladimir Sokoloff. Como vemos, el elenco no puede ser más atractivo, más aún para una película de acción, y más concretamente del oeste.

Me atrevería a decir que esta película fue más reconocida y vista de nuevo en reposiciones sucesivas, lo cual que antes era muy común, reponer o proyectar películas de algunos o muchos años atrás en las salas comerciales; y esto ¡ya no se hace! Como anécdota diré que películas que se me habían quedado en el tintero en su momento como Doctor Zhivago o Los cañones de Navarone las vi ocho o doce años después de sus estrenos en el cine, y asistía mucha gente a ver estas reposiciones. E igual me ocurrió con esta cinta. Y me gustó verla, a pesar de que hace unos días, cuando la volví a ver de nuevo ya no me pareció tan encomiable la obra. Me pareció una película de entretenimiento más que de excelencia. Pero el entretenimiento también vale.

¿Por qué digo esto? Veamos. En primer lugar está la dirección de John Sturges que yo califico de regular por comparación con lo que habría podido hacer (como cuando rodó La gran evasión, 1963, El último tren de Gun Hill, 1959, El viejo y el mar, 1958, Duelo de titanes, 1957 o Conspiración de silencio, 1955, por mencionar algunas). Ni qué decir tiene que este remake queda muy por debajo del original de Kurosawa, si bien en su favor cabría añadir que luego se hicieron otras versiones peores, también dentro del western. Al guión de William S. Roberts le falta semántica y un poco más de contextualización histórica de los personajes, aunque tiene memorables frases en sus diálogos como esa que dice: «He trabajado para hombres que me daban mucho… pero jamás he trabajado para alguien que me lo diera todo.»

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Pero, como decía, lo que se salva verdaderamente de este film con todo mérito es la popular banda sonora de Elmer Bernstein, que fue nominada al Oscar en aquel año de 1960 y que está considerada entre las 25 mejores de la historia del cine. Seguramente esta música de Bernstein preludió otras músicas, como las de Morricone para los westerns de Leone en Almería.

También la fotografía de Charles Lang Jr. es muy buena por no decir espléndida, y sólo hay que mirar la pantalla para darse cuenta de eso. Y por supuesto las interpretaciones, cada cual en su estilo y en su lugar, formando un coro de duros-blandos que se avienen a salvar a los pobres mejicanos maltratados. Rostros afilados, medias sonrisas que te están diciendo que cuidadito, gestos pausados, sin precipitación, elegancia sobre el caballo, miradas profundas como la de Yul Brynner, socarronería como la de Steve McQueen, dureza tierna en Bronson, agilidad y rapidez en James Coburn, o el rostro imperturbable de Robert Vaughn, por hablar de algunos. De manera que el coro actoral está genial.

Hay un apartado que me gustaría analizar mejor. Me refiero al hecho de que al ver de nuevo esta película, algo me llamó la atención; esto es, ver tanto pistolero-mercenario dando la vida por veinte dólares y comida. No, eso no me encajaba bien. Desde luego otra cosa son los samuráis de Kurosawa, pero es que los samuráis tienen códigos éticos y de honor, no así los pistoleros del “far west” que, como sabemos, son por lo común individualistas, pendencieros y van a lo suyo. Por lo tanto, esta tropa de pistoleros humanitarios me resultaba algo rarita. Hasta que empecé a pensar y recordé otras películas que también reflejan esta realidad buenista en el oeste americano. De hecho, esta película es considerada por algunos como el principio del fin del western clásico, y podríamos atisbar que Los siete magníficos son la antesala de lo que luego fueron cineastas emergentes que vieron la veta en el género de una oportunidad para hacer crítica social y de valores.

Casos singulares fueron Pequeño Gran Hombre, 1971 de Arthur Penn como crítica a la sociedad americana y sus prohombres; o Grupo Salvaje, 1969 de Sam Peckinpah como sátira a ciertos clichés de género; otros filmes dirigidos por Clint Eastwood como El Fugitivo Josey Wales, 1976 que daban relevancia al reparto femenino y trataba a los nativos de una manera más comprensiva; algo más tardía El Jinete Pálido, 1985, con una visión más nostálgica. Ni que decir tiene de El hombre que mató a Liberty Valance, 1962, la última gran obra de Ford, quintaesencia del western crepuscular. Y, claro, tampoco hay que olvidar los spaghetti westerns o italo-westerns (por ejemplo la trilogía del dólar de Leone), rodados en tierras almerienses para mayor gloria de Eastwood, Bronson y otros como protagonistas. Finalmente, no quiero dejar en el tintero una película que es ya mítica, obra maestra de Eastwood: Sin Perdón, 1992, que utilizó un tono dramático para criticar el típico uso de la violencia en el western. De manera que vemos que la cosa de las llamadas “películas de tiros” fue evolucionando. Luego vendrían otras, pero creo que con las mencionadas es suficiente.

Y en este punto reflexiono, pues, sobre la circunstancia de que hay que salvar la película en este extremo por aquello de hacer de la necesidad virtud. Esta película promocionó, como ya han dicho otros también, el nuevo western. Y lo que en algún momento me ha pareció algo irreal en la Norteamérica de los violentos vaqueros, tiene también su trasfondo incluso histórico, cuando a finales del XIX se impone el Estado de Derecho y acontecen cambios importantes en el plano social, económico y de ordenación en general. Es ahí cuando el pistolero pierde caché y reconocimiento, siendo incluso repudiados, y emergen individuos armados que son personas marginadas, desplazadas y desclasadas, personajes angustiados que recuerdan la literatura norteamericana del siglo XIX, una de cuyas principales características fue “indagar el significado profundo de las sensaciones que experimenta el hombre frente a las cosas”. Así, en este sentido, en el film que tratamos se dibuja gente atribulada y sin futuro, personajes que significaron un salto tal vez en lo que fue la historia real del lejano oeste americano, pero también en el estilo de las nuevas cintas sobre este tema.

Pues bien, los personajes de esta obra son de esta índole: no tienen trabajo ni perspectivas de futuro, pasan penalidades, atraviesan ataques de gran miedo, incluso pánico (como le sucede a uno de los personajes y es un mejicano quien le tiene que decir que “no tenga miedo”), personas que como Bronson hacen trabajos rudimentarios y mal pagados, como cortar leña, a la vez que añoran un hogar y son amantes de los niños. En otros casos conocemos historias haciendo de conductores de ganado o trabajando en cualquier tienda de aquellas de antaño en las que se vendía de todo. O, sin ir más lejos, el joven que acaba la película en el pueblo con la linda novia mejicana que se acaba de echar. Digo esto para mejorar esa idea que antes exponía del pistolero indómito, pues cabe pensar que nuestros personajes fueran posteriores a ese salvajismo del oeste americano y más encuadrados en unos individuos que se encuentran entre dos aguas, con el peso nostálgico del pasado y la realidad de un inminente presente que les impulsa a aceptar un trabajo arriesgado a cambio de la manutención y 20 dólares de salario. Antes la cosa habría sido de otra manera. Sin embargo, cabe agradecer que los personajes conserven el espíritu de aventura, e incluso el sentido de ayuda a los demás que se entremezcla con sus posibles pero exiguos beneficios (como luego relatará Eastwood en su cinta Sin Perdón), etc.

De esta forma, podemos repensar la película desde esta ecuación, de que es una época de malos tiempos para los pistoleros, perseguidos por la justicia, etc., siendo que su actividad ha sido reducida a casos anecdóticos. De hecho, el jefe de los forajidos Calvera, parece estar decepcionado por estos cambios de que hablamos al ver que los siete magníficos vuelven a la carga y al salvacionismo suicida al final de la película.

En resolución, digo que, más allá de todo lo dicho y dado el carácter en cierto modo pedagógico de estas críticas, si esta película sirve para que algún aficionado al cine se interese por la figura del buen vaquero y de los cambios de visión tradicional del pistolero como alguien egocéntrico y despiadado, está bien la cosa; y si encima esta película le inspira a ver al gran Kurosawa y Los siete samuráis, entonces estos comentarios tendrán su razón de ser. Pues, sobre todo en los más jóvenes: ¿A qué ver tanta violencia gratuita? ¿Por qué no poner en valor estas acciones de violencia “por algo”? ¿Y por qué no llegar a Kurosawa por la mediación de Sturges? Ahí queda.

Comentarios

  1. Alejandro Arranz

    Te doy las gracias por tu comentario en mi crítica -del remake- aquí mismo, de paso aprovecho para elogiar tu artículo sobre la película de Sturges.
    Y estoy seguro más que nunca tras leer tu crítica de esta película, de que la versión de Fuqua te parecerá tan trivial y tediosa como a mi.
    Un abrazo, compaňero.

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