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Los protectores

Por Jon San José Beitia

El director de culto japonés, Takashi Miike, presenta un relato trepidante y asfixiante en el que un grupo de policías deberá escoltar al presunto violador y asesino de una niña al que su abuelo ha puesto precio a su cabeza, haciendo que el camino que deben completar esté plagado de peligros.

La premisa del argumento conecta rápidamente con el interés del espectador que pasa a contemplar toda una oleada de violencia motivada por una recompensa que ofrece una cantidad importante de dinero a la persona que elimine a un presunto asesino del mundo de los vivos, dando lugar a toda una serie de situaciones en las que el peligro surge de cualquier rincón. El argumento ofrece la posibilidad de desarrollar diversos debates morales, como la de hasta qué punto merece la pena salvar o proteger la vida de un asesino y cuántas vidas deben perderse por salvar a semejante elemento. Por desgracia, el director ofrece un tratamiento plano y reiterativo, con unos personajes diseñados de una forma simple y efectiva, pero sin lograr ofrecer profundidad al relato.

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Las interpretaciones de todo el reparto son ostensiblemente mediocres, destacando negativamente el histrionismo que desatan algunos de los intérpretes, haciendo que su aportación pueda resultar cómica. Lo que podría considerarse el punto fuerte del relato -la constante sensación de peligro a la que están expuestos los protagonistas- se convierte, a su vez, en el “talón de Aquiles” del reparto, puesto que éste cae en la reiteración de situaciones, haciendo que de forma sorprendente decaiga el interés del mismo.

Algunas situaciones resultan forzadas e insostenibles, cae en la reiteración de las mismas, haciendo que el viaje resulte monótono y aburrido, sin la tensión y energía esperada, convirtiéndolo en un relato pasajero y olvidable que alcanza un desenlace pobre. Takashi Miike ofrece un trabajo decepcionante, donde se echa en falta su atrevimiento a la hora de rodar y presentar productos violentos e incómodos para el espectador, cayendo en lo convencional. Es como si el director se hubiera acomodado en su trono de prestigio y hubiera olvidado apostar por la osadía de sus trabajos anteriores.

En resumidas cuentas, Los protectores de Takashi Miike, se vuelven en contra del director y se convierten en su mayor enemigo. Una película sin personalidad, previsible y totalmente prescindible.

Jon San José Beitia

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