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Los pasos del tiempo

Por Anna Montes Espejo

Silencio.

Aprehender un Gruppo di famiglia in un interno (Luchino Visconti, 1974) es difícil, la exquisitez requiere reposo, calma y atención. El diletante necesita del escondrijo del Profesor (Burt Lancaster).

Vivir, olvidar, adormecerse en los brazos del arte, encerrado en un magnífico palazzo italiano… es la decisión del Profesor, después de abandonar decepcionado su carrera, de sufrir la Segunda Guerra Mundial, de fracasar su matrimonio.

Su presencia tan sólo se ve perturbada por los desalmados galeristas y su impertérrito servicio, hasta la luz parece respetar su atemporal descanso…

Menos la marquesa Brumonti (Silvana Mangano), la misma vergüenza de su clase osa colarse en su casa, y eso es tan sólo el principio. A marchas forzadas se adentra en el segundo piso de la vivienda, dedicado, en principio, a albergar el paraíso borgiano del maduro Profesor, proyecto que cambiará radical e involuntariamente.

Empiezan las obras, el trasiego, los ruidos, el desconcierto, la llegada de personas, de soniquetes humanos. A la marquesa la acompaña una juvenil corte, su hija Lietta (Claudia Marsani); el novio de ésta, Stefano (Stefano Patrizi); y el apuesto amante mantenido, Konrad Hübel (Helmut Berger).

¡Menuda locura se le avecina al innominado profesor! Su mortuorio paraíso se derrumba física y moralmente, se inunda, se desconcha, se desordena, se turba con los múltiples ruidos propios de una obra, con el trasiego de los albañiles y los interesantes habitantes.

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Todos los ojos apuntan a Konrad, el joven alemán, con un pasado que parecía prometedor, pero que se truncó por turbias y tortuosas circunstancias y acciones. La definición del oficio de Konrad por parte de Lietta clarifica perfectamente su presente situación; así como la música que acompaña la entrada de Hübel al film, juguetona y atrayente…

El film está polarizado por las relaciones del alemán con el resto de personajes, y por el contacto que entablan los nobles con el estadounidense. Paradójicamente, Konrad Hübel es el único que consigue acercarse verdaderamente al Profesor, y entablar con él una relación casi filial, aunque el sabio tenga una concepto de ésta propio del El rey Lear, de Shakespeare. Sus embates dialógicos son majestuosos.

El Profesor que rechaza constantemente el contacto con los habitantes del segundo piso, ve en el incorregible Konrad un atisbo de luz, de verdadera conexión espiritual e intelectual, sin embargo, el joven es demasiado inestable, se interesa por todo y nada, es inconstante y mutable; tan pronto es un aguerrido y cultivado marxista, como un despreciable advenedizo, que pretende aprovechar y succionar hasta la más nimia oportunidad que le ofrece la nobleza en el lodazal de sus riquezas. Desde luego, las sumas de dinero que necesita, a causa de sus derroteros, son significativas al respecto.

En la pareja de Lietta y Stefano, el alemán también ocupa un lugar muy íntimo, tal vez demasiado, porque la hija de la marquesa se siente escandalosamente más atraída por el amante de su madre, que por su novio, al que trata bastante fraternalmente. De hecho, en la versión censurada de Gruppo di famiglia in un interno, a estos jóvenes se les presentaba como hermanos, no como pareja; por lo que contemplando el film desde esa perspectiva, se oscurece mucho más la relación de Lietta y Stefano en la versión censurada, que en la original.

Asimismo, su trato es similar al de otros tríos emblemáticos, como el de Jules et Jim (Truffaut, 1961), aunque se acerca más al carnal grupo de The Dreamers (Bertolucci, 2003).

Como curiosidad, esta película ha tenido varias traducciones “libres” del título: Confidencias fue el título español, en Hispanoamérica se llamó Grupo de familia, Conversation Piece el del ámbito anglosajón, Gewalt und Leidenschaft en alemán y Violence et Passion en francés. Son títulos bastante generales y simplones, puede que el que más se aproxime a la sucinta significación original sea el inglés.

Stefano y Konrad protagonizan un duro encuentro ideológico, que tiene hondas repercusiones, ya que mina los cimientos del círculo en el que se encuentran, y produce la deflagración final.

Mientras tanto, el divertimento entre Konrad y Bianca es básico, se reduce a una transacción tan simple, como vulgar; acertadamente, el amante se encarga de remarcar su animal papel para la deshonrada e ignorante marquesa.

Volviendo al otro pilar del film, el Profesor, despierta poco a poco de su letargo con ese pintoresco grupo, presencia tremendas discusiones, confesiones degradantes, e incluso le proponen atractivas tentaciones. Además del trajín que comporta una obra, ¡de la que ni los propios dueños se preocupan!

Esa familia que se aprovecha de él, acaba siendo su última verdadera familia. Ya no cuentan los serviciales e inopinados criados, ni el arte, sino su vida; esos seres le producen una dolorosa anagnórisis consigo mismo, su juventud, su familia, hasta alcanza a recordar a su esposa (bellísima aparición de Claudia Cardinale), a la que, impotente, no pudo aconsejar en su día, como lamentablemente, tampoco podrá hacerlo con el magnético Hübel. Berger muestra una interpretación próxima a la del apasionado protagonista de Ludwig II (Visconti, 1972), personaje que encarnó justamente dos años antes de atreverse con el de Konrad Hübel.

Sin embargo, la salvación del sabio es tardía, y tristemente el espectador conoce el destino del Profesor desde los créditos, magníficamente escogidos, con la primera estampida que precede la Sinfonía Concertante K364, de Mozart, casi a modo de Big Bang. Excelente metáfora del film.

El Profesor interrumpe su letargo en su cenotafio, para contemplar el presente de la Italia, y con ello la caída en desgracia de la nobleza, de las iniciativas marxistas y los ideales del Mayo del 68; la proliferación de atentados e intentos de golpes de Estado; así como la eterna lucha agónica con el tiempo; la atracción fatal que provoca la juventud; el dilema de rechazar el presente, pero mirar atrás con demasiada melancolía; aceptar la soledad gustosamente, pero darse cuenta que es mera cobardía; superponer la perfección y la seguridad que aporta el arte, ante la imperfecta e inconstante vida humana… Visconti plasma testamentariamente los fundamentos de su filmografía, y aunque Gruppo di famiglia in un interno parezca una película menor al lado de los grandes títulos de este director, merece una amorosa revisión en profundidad.

 Y el ritmo vital prosigue, martilleando cada segundo. El Profesor se parece mucho más de lo que cree al personaje novelesco que vive una situación cercana a la del protagonista de El séptimo sello (Bergman, 1957).

Comentarios

  1. Ana Mª.Espejo Jiménez

    Esta crítica se ciñe muy bien a “Gruppo di famiglia in un interno”, que rompe la rutina, tanto del protagonista como de los espectadores. Muy buena fotografía.

  2. Juan Murillo Bodas

    La crítica está bastante bien, muy bien escrita, aunque en mi opinión desvelas demasiados detalles de la película

    • Anna Montes Espejo

      Gracias por tu mensaje, Juan.
      En mis comentarios procuro hacer aproximaciones a películas que me gustan y me emocionan especialmente, por lo que son textos íntegramente personales, y no pretenden ser rigurosos, ni mostrar una única interpretación del film. Asimismo, tampoco es mi intención escribir críticas a partir de datos que cualquiera pueda encontrar, o que sean en exceso, generales; ni seguir una estructura “tradicional”.

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