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Los muertos del hambre: sin ajo

Por Javier Fernández López

Han pasado ya unos años desde aquella “cosa” llamada Prometheus, y jamás pensé que volvería a ver algo tan malo después de eso. Desgraciadamente, así ha sido. Me han engañado, como a muchos imagino, con aquella cinta titulada En llamas que nos dejó en un punto interesante de la historia, con ganas de saber qué pasaría luego. Esto último, por supuesto, si desconoces el argumento de la obra escrita por Suzanne Collins. Personalmente, esperaba que se cambiasen ciertos aspectos con respecto a la obra original, dada la poca fuerza que en el final de la historia de Los juegos del hambre. Pero se han mantenido más o menos fieles a las palabras de la autora, lo cual ha dado, como resultado, que la película dirigida por Francis Lawrence sea algo muy malo, un producto incoherente que llega a ser ridículo. La narrativa es, y duele decirlo, pésima, pero peor son las situaciones que ocurren y la construcción de los personajes, con mucho simbolismo forzado y con un trasfondo político que roza la parodia en el mal sentido.

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Si cada 10/15 minutos tienes que pausar la película porque lo que estás viendo no tiene ningún sentido, ni en la estructura o forma, es que hay un problema, el principal seguramente es que los productores se han gastado mucho dinero en una basura gigantesca. No voy a pararme en criticar negativamente todas las escenas porque serían demasiados párrafos escritos y mucho tiempo perdido, simplemente voy a señalar, y aviso de spoilers, a dos escenas que ya terminan por cargarse cualquier síntoma de mínima calidad que pueda tener la cinta. La primera, cuando el Capitolio bombardea el Distrito 13 y se da la circunstancia de que dejan de bombardearlo porque supuestamente no han encontrado la base. ¿En serio? ¿De verdad? ¿Y sin más te marchas? ¿No dejas ahí unos mil soldados y algunos campamentos para vigilar el distrito y en el momento exacto masacrar a los rebeldes? Madre mía, han logrado que Robocop 3 suba puntos con eso. Pero luego está la otra escena, esa en la que un equipo de voluntarios, en el cual está “Capitán Pagafantas”, porque eso es lo que es y ha sido durante toda la saga, va al Capitolio con la misión de rescatar a Peeta y otros aliados, un momento de la película que presuntamente está siendo interesante hasta que un minuto después a Katniss le avisan de que sí, han sido rescatados, segundos de alegría y abrazos para todos. Y entre los rescatados está el señor Peeta, que ha tenido la desgracia de tener unos malos guionistas por no darle minutos a este personaje que sin duda podría haber dado mucho más de sí. El señor Peeta resulta que intenta matar a Katniss porque ha sido envenenado y condicionado para ellos. Pues bien, ¿por qué no se ha hecho lo mismo con el resto de los rehenes? ¿Por qué no hacer más daño desde dentro?

Yo creo, personalmente, que en el mensaje oculto en la película es que en realidad los del Capitolio son, simplemente, buena gente, y no quieren matar a nadie. Lo del hospital es por el típico calentón, ¿quién no ha tenido alguna vez esa imperiosa necesidad de pulsar un botón?

Luego está el hecho de ver a Jennifer Lawrence haciendo uno de sus peores papeles, o una banda sonora que pasa desapercibida, hasta que al final llegas a la conclusión de que se ha dividido en dos partes el final de la historia de forma innecesaria, pero esta vez a un nivel mucho más elevado. Porque que se divida en dos partes para ganar dinero es algo comprensible, pero al menos haz que esas dos partes sean por sí solas un producto entretenido, cosa que no es este Sinsajo: Parte 1.

Sí, el gato ha sido la clave durante toda la película, y lo sabéis…

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