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Los héroes también lloran

Por Enrique Fernández Lópiz

En Hostage (2005), Jeff Talley es un ex policía de Los Ángeles SWAT, equipo negociador de rehenes, que ha acabado mal por una operación en la negociación de unos rehenes en la cual ha muerto uno de ellos. Entonces trata de buscar sosiego y se ha escondido de sus propios demonios en la pequeña comunidad de Bristo Camino. Estando de policía local del pueblo, la mala fortuna quiere que tres jóvenes matones (entre ellos un psicópata en toda regla) roben una tienda donde asesinan al propietario y se refugian en la casa de Smith, un notario, un hombre viudo y con dos hijos, un varón pequeño y una joven adolescente. Cuando Talley se entera del altercado se da cuenta enseguida de que se encuentra en medio de una situación muy difícil. Los jóvenes delincuentes amenazan con matar a Smith y sus hijos, pero lo que ellos no saben es que el dueño de la casa trabaja para la mafia y tiene en su poder un informe anual sobre la actividad del gánster principal. De esta guisa, los jefes de la mafia secuestran a la esposa y la hija de Talley, y le dejan claro que van a matar a sus seres queridos si no sale con los discos condenatorios en las manos, antes que los encuentre la policía. Talley se encuentra en una posición difícil de doble rehén: debe ayudar a liberar a Smith y a sus hijos, y a la vez urdir un plan clandestino para salvar a su esposa e hija.

Florent-Emilio Siri dirige con espectacularidad y cierto brío esta película bastante violenta y de acción. El guión es más bien mediocre de Doug Richardson, adaptación de la novela homónima del escritor policial norteamericano de Robert Crais. Crais, un veterano del guión de televisión y cine además de novelista policial, sabe añadir complicaciones y sorpresas a cada paso de la historia: uno de los jóvenes delincuentes es un asesino en serie, el dueño de casa tiene vínculos con el hampa, el secuestro de la esposa y el hijo de Talley; es decir, una trama en la que ninguna persona o cosa parece estable. Dada la tensión de la novela, de unos personajes bien construidos y una trama hábilmente dibujada, no es raro que MGM y Bruce Willis compraran los derechos y se pusieran manos a la obra con esta cinta.

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La música de Alexandre Desplat es respetable, igual que la fotografía, aunque algo oscura, de Giovanni Fiore Coltellacci, buen montaje y buena puesta en escena.

El reparto es ante todo Bruce Willis de nuevo, con una línea emocional conducida por su personaje, capaz de proyectar más intensidad con menos sobreactuación que el resto de sus rivales. Él aporta credibilidad mientras Siri aporta un íntimo estilo visual que nos mantiene claustrofóbicamente cerca de la acción. Acompañan como intérpretes que lo hacen con oficio constatado Kevin Pollak, Jimmy Bennett, Michelle Horn, Ben Foster, Jonathan Tucker, Marshall AQllman, Serena Scott, Rumer Willis, Kim Coates, Robert Kneper, Tima Lifford, Ransford Doherty y Marjean Holden.

Es sin duda un film realizado con enérgicas aptitudes, y con un exceso de violencia llevada con cierta discreción. Resulta así un ejemplo de película tensa, con una dirección segura y con objetivos claros. Pero sin mayores aspiraciones. Lo peor es al final se produce un bajón poco lucido para la obra, un final traído de los pelos que le resta valor al film.

Hostage es de esas películas que tienen un punto resultón, verla no es sufrimiento, quizá un poquito de pérdida de tiempo, pero no es aburrida. Incluso puede decirse que está unos escalones por encima del cine de acción que se hace hoy, un cine caracterizado por el mal gusto. Aquí no hay esa vulgaridad ni la mala onda de otras de su espécimen; hay algo de clase.

En resolución, de nuevo Willis al ataque, esta vez es un individuo tocado y entristecido por su reciente pasado, amén de angustiado por los acontecimientos de la historia. O sea, un Willis un poco depre; no está mal. Los héroes también lloran.

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