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Los escritores ingleses en la Andalucía profunda

Por Enrique Fernández Lópiz

En La Sabina, Michel, un intelectual y escritor británico llega a Jarros en la Serranía de Ronda, para realizar un estudio sobre un compatriota y colega suyo que resultó desaparecido en ese lugar en el siglo XIX. Michel ha viajado también a España, huyendo de sus fracasos matrimoniales y profesionales. En medio de situación, aparece la leyenda de la Sabina, una mujer, un ser ancestral que devora a los hombres tras haber mantenido relaciones sexuales con ellos, creencia existente en el pueblo, corroborada por los parroquianos. Esa imagen poderosa supuestamente habita en una gruta donde se oyen los gemidos del amor. La superstición y las costumbres de una tierra mágica cobran gran importancia en la vida del escritor trastocándole seriamente y sentimentalmente, tanto que se enamora perdidamente de Pepa (Ángela Molina), una muchacha del pueblo alegre y de talante zalamero. A todo esto se une la belleza del lugar. En un momento dado la ex mujer del escritor Dasy (Karol Kane) y un colega igualmente escritor y vinculado sentimentalmente a Dasy, Philip (Simon Ward), aparecen inopinadamente, entrecruzándose con otros personajes locales como el tonto del pueblo, Manolín (Ovidi Montllor) que se entera de todo. La trama tiene unos giros inesperados que la hacen interesante por momentos.

José Borau había alcanzado fama años antes y era considerado uno de los directores emblemáticos del tardo franquismo, con películas ya icónicas como la que rodara en 1975, Furtivos. A pesar de su éxito con este film, Borau tardó cuatro años en rodar La Sabina, una obra muy distinta de aquella que en gran medida describe la vida de los extranjeros, sobre todo los británicos, fascinados por la cultura hispana, su folklore y sus gentes.

José Luis Borau, con un guión de su propia autoría realiza este film mezcla de pintoresquismo, leyenda y mitología, música andaluza y romances peligrosos. Se nota que el film no ha envejecido bien, el tiempo ha causado mella en él y la historia no me parece tan atractiva como cuando la vi en su estreno. Sin embargo tiene sus valores en lo que toca a una trama costumbrista que sabe crear cierto suspense alrededor de la mujer “come-hombres”, los paisajes de pueblos tan bellos como Setenil de las Bodegas y Olvera (Cádiz), y pueblos de la Serranía de Ronda. La música corre a cargo de Paco de Lucía y es un valor que siempre es bien recibido y encaja en el encuadre regional y folklórico de la Andalucía donde se desarrollan los hechos. Cuenta además con una excelente fotografía de Lars Goran Bjorne.

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En el reparto tenemos a una joven y atractiva Ángela Molina que sabe jugar con su espontaneidad y su desparpajo, también con su belleza (lo malo es que no se le entiende bien cuando habla). Jon Finch, actor de moda que está correcto como hombre que pasa por malos momentos y que además se adentra con ímpetu y pasión en un amor prohibido. Carol Kane es quizá de lo mejorcito del reparto, con reconocimiento de la crítica, como ahora apuntaré. Harriet Andersson bien, como el otro escritor. Ovidi Montllor siempre en su punto y con bazas actorales importantes en su rol de retrasado mental. Y otros actores como Simon Ward, Anastasio Campoy, Fernando Sánchez Polack (el famoso Tip), Paola Molina, Francisco Ortuno, Luis Escobar (siempre interesante) y la siempre eficiente Mari Carrillo.

En aquel año, el círculo de escritores cinematográficos concedió a Borau y a Carol Kane, ganadores como director el primero y como actriz de reparto la segunda.

Aunque este film es digno de ser recuperado del olvido, no por eso dejaré de decir que carece de enjundia y también de verosimilitud. Lo que no quita para que, en honor a la verdad, aceptemos que en la parte final, la cinta toma un mayor ritmo e interés, siendo que los cabos sueltos empiezan a cobrar cierto sentido para converger en una obra de intriga y amor, amores imposibles donde la falta de racionalidad y la muerte van de la mano.

También habla la película del choque cultural de británicos y un pueblo de la Andalucía profunda. No hay más que recordar la valoración que los británicos protagonistas hacen de esa cultura que, por un lado los atrae, y por otro la ven atrasada. Por ejemplo, hay una escena de un triángulo amoroso en un Hotel del pueblo en que uno de los protagonistas ingleses le dice a los demás refiriéndose al rigorismo de los pueblerinos: “son puros porque son pobres; verás a esa Pepa tuya dentro de 50 años”. Puede ser que nosotros, hoy día, también podamos quedar perplejos de ciertos usos y costumbres en otras culturas en países árabes, latinoamericanos, etc., y tal vez opinemos dicotómicamente: progreso versus atraso. Lo cual obviamente parte de premisas erróneas, como las empleadas por ese protagonista concreto de la historia al califican las costumbres y el folklore o las leyendas populares fruto de la pobreza e incluso del atraso.

Es verdad que este tipo de opinión puede salir de algún británico obtuso y entonces, no digo que no esté bien traída al guión, pues hay británicos que piensan así, con tópicos y prejuicios. Pero en el fondo y en lo sustancial esta manera de enjuiciar viene a resultar, ya con cierta perspectiva, una desfachatez. La prueba es que hay docenas de literatos y hombres de cultura británicos como el de la película que han estado enamorados de España, interés que comenzó en el siglo XVIII. Luego se produjo una verdadera explosión de viajeros ingleses en los siglos XIX y XX… y XXI. Son tantos los libros de viajes que escritores ingleses han hecho sobre España, que incluso pueden resultar centenares. “Justamente porque los ingleses suelan ser más fríos, pensativos o contemplativos, justo por eso es por lo que les encanta lo opuesto, y eso tan opuesto es España, y mayormente los andaluces, que son mucho más vivos, excéntricos o alegres” que otras regiones, relata el baterista del Grupo Génesis y escritor afincado en las Alpujarras de Granada, Chris Stewart. Él mismo señala: “A mí me encanta Andalucía, no sólo por el carácter de la gente, sino también por el paisaje, por la arquitectura, por la historia, por la música. Es un lugar que tiene atractivos por todas partes”. Y casos así e incluso más emblemáticos encontramos en autores como: Richard Ford, considerado el padre de los curiosos impertinentes y que recorrió España a caballo en la década de 1830; George Borrow, autor de La Biblia en España (1842); Walter Starkie, primer representante del British Council en Madrid entre 1940 y 1954; Víctor Sawdon Pritchett, autor de Marching Spain, (“Viaje por España”, 1928) sobre sus vivencias en Extremadura; Gerald Brenan, que recogió en “La faz de España” (1950) lo que encontró a su regreso al país diez años después de su Guerra Civil; Norman Lewis, que contó su viaje en Spanish Adventure (“Aventura Española”, 1935); Michael Jacobs, fallecido en 2014, con su libro Between Hopes and Memories: a Spanish Journey (“Entre esperanzas y recuerdos: un viaje por España”, 1994) exploró aspectos del país menos conocidos, porque a él le interesaba la España que contradecía e incluso parodiaba su imagen romántica; con humor, magia y ternura narró en este libro las experiencias de sus cinco primeros años en Fraile (Jaén) interesándose por la larga tradición de los santeros y curanderos de la zona y captando la sabiduría de diferentes personajes. William Chislett (1951) que vive en Madrid desde hace treinta años y dio cobertura de la Transición española para The Times 1975-1978) y que escribe sobre España para el Real Instituto Elcano y habiendo publicado varios libros, entre ellos Spain: What everyone needs to know (“España: Lo que todo el mundo necesita saber, 2013). Y no puedo olvidar al irlandés e hispanista Ian Gibson (1939) conocido por sus trabajos biográficos sobre García Lorca, Salvador Dalí o Antonio Machado.

De manera que el film tiene valores, entre otros dejar apuntado el interés de un escritor como Michel prendado de la cultura andaluza y enamorado de Pepa, una mujer tradicional e incluso montuna. Entre otros, la película evidencia la excelencia de Borau al conseguir captar con su cámara las tradiciones, las creencias populares, la procesión de la Virgen en el pueblo, los oriundos vestidos con el traje típico mientras bailan y golpean unos palos en danza ritual, la música, el bullicio, las miradas, la algarabía, lo más genuino que incluye incluso las banderas andaluzas ondeando en la fiesta. Tiene partes que son cuasi documentales. Hoy, los Centros comerciales, las autovías, la moda común importada de USA, la globalización e incluso algunos políticos pretenden acabar con estas genuinas manifestaciones y tradiciones.

Por esto, aunque más no sea por este mensaje y esta capacidad de reflejar al pueblo andaluz en su naturalidad evidente, el film tiene su interés.

Escenas rodadas en Setenil de las Bodegas (Cádiz): https://www.youtube.com/watch?v=z54VcjnAH-c.

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