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Los dos extremos de la vida: la infancia y la vejez

Por Enrique Fernández Lópiz

Doug y Abi son dos padres enfrentados y al borde del divorcio, con tres hijos muy particulares que se nutren de las desavenencias parentales, y saben más de la cuenta, a pesar de su corta edad, aparte que son encantadores. En un momento dado, estos padres dentro del peligro que corre su matrimonio y sus constantes discusiones, viajan a Escocia junto a sus tres vástagos, para celebrar el cumpleaños del abuelo de la familia. Una vez allí, en casa del hermano de Doug, un potentado financiero, comparten una gran reunión de familia, lo cual que se reencuentran con Gordie, el extravagante padre de Doug, a la sazón enfermo terminal. Así, lo que se había planeado como un festejo incluso con visos de reconciliación general, se convierte en un tiempo explosivo y la vez plagado de situaciones entre dramáticas e hilarantes. En esas situaciones juegan un papel principal los resentimientos familiares, los malentendidos y equívocos, y los maltrechos egos de algunos de los personajes. Pero en un momento de la historia, los niños, en una excursión con el abuelo Gordie, tienen que afrontar una experiencia inesperada y dramática, cuyos resultados darán un giro inesperado a los acontecimientos, de forma que la familia deja de lado sus divergencias para colaborar y avenirse lo mejor posible. Si no lo hicieran, se arriesgarían a perder lo que más quieren.

Los directores y guionistas Andy Hamilton y Guy Jenkin, dos veteranos directores y guionistas de TV, creadores de la serie Outnumbered, tienen en esta peli (Nuestro último verano en Escocia) su puesta de largo en el cine, retratando las andanzas de una familia cuyos niños lenguaraces, antojadizos y maniáticos son, empero, más cuerdos que los adultos que les rodean y sus comportamientos son un reflejo del erratismo vociferante de sus padres en continua bronca. Hay diálogos extravagantes, naturales, mordaces, realistas y jocosos. Hamilton y Jenkin nos ofrecen, así, un producto entretenido, y nos dan una lección de humanidad y de vida, o sea, que enternecen y emocionan al público; un poquito al menos.

La dirección es correcta y el guión, si bien un tanto sofisticado en las escenas infantiles, resulta sensible al espectador. La música de Alex Heffes está muy bien, así como la fotografía de Martin Hawkins, entre otros con excelentes paisajes y panorámicas de Escocia.

En cuanto al reparto es excelente, tanto el de los adultos como el de los niños y jóvenes, con actuaciones a lo británico, o sea muy bien, de Rosamund Pike, David Tennant, Billy Connoly, Celia Imrie, Emilia Jones, Ben Miller, Amelia Bullmore, Bobby Smalldridge, Alexia Barlier, Imogen Torner y Kirstin Murray. Todos estupendos, y chapeau a los directores por su trabajo con los niños pequeños. O sea, con la colaboración de unos niños fabulosos y de un Bill Connolly (el patriarca) estupendo y convincente; excelente Ben Miller; y sobre todo estupendos Rosamund Pike (leve y encantadoramente histriónica) y David Tennant (natural como padre desbordado), los principales del equipo, un matrimonio en crisis muy bien interpretado, que van en la dirección adecuada, sin ánimo de robar protagonismo a los otros actores, y es gracias justamente al grupo actoral en su conjunto, que la cinta se desarrolla con fluidez.

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En 2014, Seminci de Valladolid: Sección oficial largometrajes a concurso.

Es una comedia divertida, guapa e incluso con sus dosis de drama. Uno puede disfrutar del film y como dice Marín Bellón: … una película de aspecto menor y gigantesco interior, capriana y simpática en el buen sentido de ambos términos, optimista hasta el último estertor, desdramatizadora y con tan buen rollo que es difícil ser crítico de cine y reconocer que te ha llegado sin perder lo que te queda de reputación. El argumento tampoco parece demasiado sofisticado, pero contiene un ingrediente casi infalible: hacer del espectador un testigo omnisciente, cómplice involuntario de un intento de engaño monumental.”

El quid transmitido por el abuelo es que todos tenemos nuestros defectos, pero que eso es lo menos importante; lo sustancial es que la familia se mantenga unida y se quiera. De manera que el consejo milagroso es aparentemente modesto y fruto de una filosofía rupestre que cualquiera puede entender, otra cosa es repetirlo cada cual en su casa, con los suyos. En este sentido, al film no le sobre carga pedagógica sencilla, al modo de los libros de autoayuda.

A propósito, querría hacer alguna reflexión sobre las relaciones entre el abuelo y los niños, crucial en el film. Creo que podríamos considerar que entre los niños y los mayores hay ciertas equivalencias. Los niños son personitas sin apenas responsabilidades, mucho por descubrir y una gran capacidad de sorpresa hacia aspectos de la realidad que a los adultos no nos llaman la atención pues los damos por sentados. Igualmente, los niños son más libres de prejuicios y barreras, lo cual que en ocasiones hacen cosas que a los adultos nos parecen locuras. Los mayores están también liberados de las cargas de la edad mediana y gozan como es normal de una gran experiencia; con la edad también nos tornamos más libres y menos preocupados por el que dirán y más independizados de yugos y cadenas, sobre todo de tipo social. Y también los mayores son conscientes de que su tiempo es limitado, y entonces lo valoran más, y además, en vez de preocuparse de asuntos accesorios van a los sustancial e importante. Son en ese sentido más avanzados en el desarrollo de su ego y con más sentido de trascendencia, pues están ligados, no ya a sus deseos egoístas, sino a valores vinculados la vida, a lo universal, a las personas, e incluso a veces a Dios.

Los adultos son otra cosa, lo cual se ve en el film: el trabajo, la economía, los problemas conyugales, responsabilidades diversas, incluidos los hijos e inmersos en sobrevivir a su lucha cotidiana. Tienen, así, poco tiempo para reparar en lo fundamental y en lo significativo.

Entonces, esta película es también una especie de homenaje a los extremos de la vida: la niñez y la vejez. O sea, una propuesta de que aprovechemos los momentos al lado de los que verdaderamente amamos, que disfrutemos de la naturaleza, que no nos olvidemos de reír, que saquemos tiempo para disfrutar de las cosas bellas que la vida nos ofrece a diario, pues el tempus fugit (el tiempo que vuela) es una realidad, pasa la vida y luego ya no hay tiempo. Como dice en el soneto XXIII del Gran Garcilaso de la Vega: … coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto, antes que el tiempo airado/ cubra de nieve la hermosa cumbre./ Marchitará la rosa el viento helado,/ todo lo mudará la edad ligera,/ por no hacer mudanza en su costumbre.”). que aprovechemos la vida, que nos demos cuenta de la vida, que no la desperdiciemos ni la dejemos escapar, pues ya luego no vuelve. Estas son reflexiones que se filtran en la relación de los niños y el abuelo, que creo nos transmite la película. Aunque ya sé que esa no es la relación habitual entre ambas generaciones, pero bueno, esto es una película, no un fiel retrato de la realidad.

Con un protagonismo muy importante de los niños, fruto de la buena dirección como digo (pues los niños no son stricto sensu actores per se), la cinta resulta ser una … saludable mezcla de cine popular y reflexión sobre su sociedad que, partiendo de unas situaciones insólitas y de un humor entre la amabilidad y la blancura, podían llegar a poseer aguijonazos de una atroz negrura, según Ocaña.

En resolución, una historia entrañable, con diálogos raudos, emotivos y veristas, que nos dibujan a una familia, en la que sus temores, angustias, disfuncionalidades y errores son suyos, pero hete aquí que al final los hacen como si fueran nuestros, como si fueran el paradigma de nuestra propia familia, la de los espectadores. Pues vale.

Puedes ver el tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=tHJTj4HHOkA.

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