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Londres distrito criminal

Por Jon San Jose Beitia

Londres distrito criminal es una producción inglesa que no ofrece nada nuevo, presentando el clásico relato de corrupción sin ofrecer ningún tipo de incentivo por el que merezca la pena mantener su desarrollo y seguimiento. Todo en ella se antoja como un batiburrillo de numerosas ideas ya vistas con anterioridad, con mejores resultados en cuanto a calidad técnica e interpretativa, cayendo en un relato mediocre y pasajero que no deja huella y que se olvida con facilidad.

El relato presenta un esquema confuso y mal construido, ofrece numerosos agujeros de guion y, a pesar de contar con un reparto de cierto renombre, lo desaprovecha, ofreciendo un trabajo irregular y previsible. Entre los intérpretes, encontramos a un desaprovechado Gabriel Byrne, atrapado en un personaje que le persigue desde hace mucho tiempo, la del mafioso de turno, y también a una mediocre Elsa Pataky, que vuelve a dejar muestras de sus pobres cualidades para la interpretación. Sólo vale como cara bonita de relleno y nada más.

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Presenta una idea interesante en la que un prestigioso ladrón se verá atrapado entre dos bandos poderosos, la mafia y la policía, poniendo en peligro su vida y dando lugar a todo un baile de traiciones y sospechas compartidas, posiblemente lo más interesante del relato. Por desgracia este baile de personalidades, intereses y pactos se convierten, al mismo tiempo, en el punto débil de la trama, puesto que ésta se antoja excesivamente compleja y pretenciosa, llegando a alcanzar situaciones y soluciones excesivamente previsibles.

Gran parte de la película está rodada de noche, suponemos que porque reduce los costes de producción y las secuencias de acción no llegan a estar bien construidas, ofreciendo un aspecto visual más propio de una producción televisiva. Gran variedad de personajes, situaciones, intereses y conflictos que encuentran un desenlace precipitado, tramposo y mal construido que no llegan a satisfacer las expectativas del espectador.

En resumidas cuentas, típico producto de conspiraciones, corrupción y dinero, donde policía y mafia compiten por salir victoriosas, como se ha dicho al inicio de la crítica: el mismo batido de siempre y con los mismos ingredientes de siempre, pero que está pasado de moda. Totalmente prescindible.

Jon San José Beitia

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