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Logan Lucky

Por Alejandro Arranz

-Soderbergh vuelve por todo lo alto, demostrando ser no solo el rey del ritmo, sino también uno de los mejores cronistas de la norteamérica contemporánea.

-Una de las películas más astutas e inteligentes del año. Es además un torrente de diversión disparatada con una espléndida puesta en escena y estupendas interpretaciones.

Desde 2013 el bueno de Steven Soderbergh nos había dejado en la estacada cinematográficamente hablando, su última película fue la notable e infravalorada Side Effects y desde aquello se ha dedicado plenamente a las dos temporadas de su serie The Knick. Pero muchos echábamos de menos ver el increíble talento de este singular cineasta en la gran pantalla. Solo hemos tenido que esperar hasta ayer, cuando finalmente regresó con lo que parece una simple puesta a punto de facultades, o una confirmación de que su estilo sigue plenamente en forma. Aunque tal vez debajo del capó esta Logan Lucky esconda mucho más de lo que permite percibir su fachada. Como siempre han hecho las películas de Soderbergh. Porque quizás usted que lee ésto fuera a ver Magic Mike por los tipos guapos y musculados quitándose la ropa al ritmo de la música, pero está claro que aquello era otro inmenso retrato de la américa moderna, de la crisis económica, la lucha de clases y el fracaso del utópico sueño americano. Ahora obviando los niveles de lectura, lo importante es que Soderbergh regresa con una alocada comedia de atracos que subvierte Ocean’s Eleven con elegancia, pasmosa facilidad y virtuosa agudeza. Así que vamos allá, a conocer a los hermanos Logan. Suena “Some Days Are Diamonds”.

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Resulta que Soderbergh ha creado casi como de la nada una película que puede gustarle a todo el mundo. Usted puede pasar por la sala y disfrutarla como un ligero entretenimiento, como una comedia absurda, como un agudo pliegue de los estereotipos, un brillante ejercicio de estilo e incluso un juego narrativo controlado con habilidad maestra. Todo ello es verdad, y es un envoltorio muy entretenido para su auténtica forma, la de impagable sátira política y social. Bajo el llamativo ritmo y los chistes de paletos se esconde una película de tipos tristes con vidas truncadas, de fracasados que no ven cumplido el prometido sueño americano. Unos personajes que nacen como aparentes caricaturas pero son tratados con honesto cariño y una sutileza lejos de lo acostumbrado, por un Soderbergh que se identifica plenamente con ellos; desarticulados, parias, personas con mala suerte a las que el sistema ha fallado. En una de las mejores escenas del cine anual, el presidiario interpretado por Daniel Craig nos da una lección tan tragicómica que uno ríe por no llorar. Desde ahí a Soderbergh y a su misteriosa guionista (que bien podría ser un pseudónimo) les da tiempo aún a darnos un par de lecciones más, a regalarnos unos de los atracos más hilarantes del cine reciente y a demostrar que su motor emocional, activado por “Take Me Home, Country Roads” de John Denver, es tan auténtico como conmovedor.

Logan Lucky parece una de las cintas más divertidas de la temporada y resulta ser también una de las mejores y más sinceras. Nos engaña como a idiotas y ahí reside una de sus más grandes virtudes. Que como su director (Soderbergh) y sus personajes (Jimmy, Mellie, Clyde, Joe Bang), es una película tan inteligente que se hace parecer tonta cuando en realidad esconde muchísimo más de lo que nuestros prejuicios nos permiten ver. Aquí Soderbergh se asemeja más que nunca a Denver, como cronista de América que se sirve de la sencillez y los ritmos animados para hablarnos de sus inquietudes. Se hace evidente porque echábamos de menos a un cineasta que es capaz de generar tanto buen cine como si n siquiera se lo propusiera. Y las únicas pegas son un par de elementos al servicio del guion. Please Steven, cauliflower.

Alejandro Arranz

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