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Lo que no se debe hacer en el cine

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta película, Conspiración en la sombra, es el ejemplo de cómo un reparto de lujo es desperdiciado por un mal guión y una dirección que deja mucho que desear. Es decir, que no vale con actores y actrices de relumbrón, como a veces se piensa. La historia, la dirección, la puesta en escena. Es decir, el cine es un complejo arte donde todo cuenta y cada pieza ha de encajar a la perfección. Si no es así, al igual que ocurre con un reloj cuando falla algún mecanismo por nimio que parezca, ya no da la hora justa. Y la verdad, en esta película falla algo más que un mecanismo accesorio, fallan elementos sustanciales, como ahora diré.

La historia no tiene según el predecible guión, nada de particular. Cuenta cómo Bobby Bishop (Charlie Sheen), el más allegado colaborador del Presidente de los Estados Unidos, por razones de una “conspiración” como indica el título, se ve metido en una trama que pone en riesgo su vida, la del Presidente y la estabilidad del país, nada menos que el imperio norteamericano. Ysin muchos argumentos sobre por qué ocurre esto. En una de esas, Bobby se tropieza de casualidad con su amigo el profesor Pochenko. Cuando el profesor pretende comunicarle algo terrible en relación con la Casa Blanca, es asesinado de un certero disparo y cae muerto en sus brazos. A partir de aquí el personaje se verá constantemente perseguido y tendrá que utilizar mil estratagemas para ponerse a salvo y a la vez desvelar qué misterio terrible se cierne sobre la seguridad del Presidente y del país. Y como suele ocurrir, a falta de apoyos, pues hasta su amigo, el jefe de personal de la Casa Blanca (Donald Sutherland) le falla, recurre a una periodista de The Guardian, Amanda Gibbens (Linda Hamilton), para ir driblando las difíciles situaciones por las que va a atravesar a lo largo de la cinta.

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Se trata de un thriller de absoluta simpleza, sin apenas ideas, sin sugerencias atractivas, plano de recorrido, con apenas emoción, salvo las trepidantes y en ocasiones aburridas persecuciones a las que se ve sometido el pobre hombre de confianza del Presidente.

Como digo, el director de esta película George Pan Cosmatos, director de cine griego-italiano q.e.p.d. construye un film sencillo y cándido como un caracol. Cosmatos no ha sido muy prolífico y esta es la última película suya de la que tenemos noticia. Eso sí, ha dirigido algún Rambo y películas de acción diversas con irregular éxito desde que en 1973 dirigiera al mismísimo Richard Burton o Marcelo Mastroniani en Muerte en Roma. Además, en esta película, los guionistas Adi Hasak y Ric Gibbs no colaboran para nada, con una historia llena de tópicos, diálogos traídos de los pelos, y una trama ramplona y mil veces vista.

Y como digo, el reparto es más que respetable. Actores como Charlie Sheen (hijo del celebérrimo Martin Sheen), un actor con buenas películas, como Platoon; Donald Sutherland nada hay que añadir pues es sobradamente conocido; igual ocurre con Ben Gazzara, un todo terreno en el oficio; Linda Hamilton, formada en el famoso instituto de teatro Lee Strasberg, lo que le abrió las puertas en Hollywood con éxitos como Terminator; Stephen Lang, actor de éxito en Broadway y nominado a los Premios Tony por la obra The Speed of Darkness en 1991; o, en fin, Nicholas Turturro, que fuera nominado al Premio Emmy por su papel de James Martinez en la serie NYPD Blue. Como vemos los ingredientes actorales son buenos ¿Qué falla, pues?

Pues las razones yo las resumiría así: argumento trillado por no decir trilladísimo: ¡complot para matar al presidente de los Estados Unidos! Aunque no se llega a saber bien la razón; presentación caótica y falta de carisma de los personajes; mediocre equipo de fotografía; algunas sobreactuaciones como en el caso de Linda Hamilton; simplicidad extrema; carece de calado y de enjundia en todo momento; insulsas persecuciones, la cámara a su aire y efectos especiales de cuarta; ridículo en su desenlace; Ben Gazzara volatilizado y Donald Sutherland que da pena verlo en esta cinta insustancial.

Quizá alguno piense que para qué he comentado esta película. Pues muy fácil, para mostrar, no sólo las buenas obras, sino también aquellas que son el paradigma de lo que no se debe hacer con el esfuerzo de tantos como contribuyen en la creación de una obra cinematográfica. Para esto, mejor quedarse en casa.

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