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Lo extraordinario del film lo hace creíble

Por Enrique Fernández Lópiz

En cuerpo y alma es una película sin duda original, con frescura, una nueva opción fílmica alejada de tópicos de todo tipo, desde los hollywoodienses hasta las producciones más conservadoras del actual cine europeo. Es una historia narrada con sencillez que, empero, introduce un factor casi surrealista que va dando forma al film, envolviendo al espectador en un mundo romántico sugerente, a la vez que intrincado y misterioso. “Parece una alegoría de lo que va a ser la historia, pero las escenas con los ciervos alcanzan un poderoso significado, ya que los dos protagonistas sueñan que son ciervos, y sus sueños marcarán la pauta de la relación mutua y de la historia” (Qim Casas). La circunstancia de que compartan un sueño idílico de ciervos felices resulta una licencia artística tan desopilante que nos gana de inmediato y hace, por extraordinario, creíble el relato. Aparente contradicción que no es más que el efecto de lo que impacta.

En la trama, María Rácz (Alexandra Borbély), una singular y metódica joven doctora empieza su labor como como inspectora de calidad en un matadero en Budapest, enviada por las autoridades. Es una joven bonita pero de comportamientos extraños y asociales. Sus compañeros no tardan en cotillear sobre su persona. En el tiempo que la empresa concede a sus operarios para almorzar, ella prefiere hacerlo sola. Es además una profesional muy volcada en sus deberes, muy apegada a la normativa y muy exigente. Su mundo es un universo de cifras y datos que quedan de manera insólita en su prodigiosa memoria, lo cual ocurre desde su más tierna infancia. Su jefe es Endre (Morcsányi Géza), un individuo mayor que ella con un brazo impedido cuya función en la empresa es la de director financiero, puesto que ejerce con solvencia y equilibrio. Debido a un percance en la empresa en el cual interviene la policía, Endre requiere la intervención de una psicóloga para que estudie al personal y averiguar la autoría sobre la desaparición de una sustancia afrodisíaca para uso ganadero.

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En esas entrevistas de la psicóloga con los operarios, ésta descubre que los personajes principales María y Endre, sin conocerse, están teniendo los mismos sueños recurrentes. Dos desconocidos que van aceptando que durante la noche se reencuentran en un reino común, aunque a la luz del día recrear la armonía de esos sueños no les resulta nada fácil (https://www.youtube.com/watch?v=yaxbWn0EgIk). El sueño trata sobre escenas de un ciervo macho y una hembra que deambulan por un hermoso bosque de ensueño. A partir de esta experiencia, ambos empiezan a conocerse gradual y lentamente. Surge entre ellos una especie de simbiosis y se dan cuenta que son almas gemelas. Con mucha cautela, afinidad, tacto y sentido de la oportunidad, los dos desearán hacer sus sueños realidad y llevar a término el amor que se profesan. Pero cuanto más lo intentan, más parece alejarse esa posibilidad. A pesar de sus torpes tentativas, derribarán finalmente sus propias barreras interiores para acabar unidos el uno al otro.

La séptima película de la directora Ildikó Enyedi relata una historia de amor que navega entre dos mundos: el de la realidad, que es ni más ni menos el escenario brutal y descarnado de un matadero donde pezuñas, vísceras y sangre por doquier lo inundan todo (epítome de lugar donde se pone fin a la vida); allí trabajan los personajes. Y un segundo mundo irreal, onírico, en el cual él y ella comparten el mismo sueño silvestre de una pareja de ciervos que vagan en un hermoso bosque nevado. La directora Enyedi acierta a crear una tierna fábula que navega con un estilo ágil y suelto en la frontera de dos universos dudosos. Ella misma declara: “Es una película muy apasionada, pero si no entras en nuestro pequeño laberinto al principio no lo ves, solo ves un frío helador, gente distante en un entorno helado… Todo, esta gran pasión, está escondida detrás”. De manera que Enyedi mantiene su metraje en un tono dramático, pero con algunas escenas divertidas, lo cual no impide que la mayor parte de la cinta esté en un nivel equilibrado de intimidad emocional.

El corazón, una llama resplandeciente de luz, / el corazón, con poderosas nubes de nieve, / y por dentro, mientras sus copos queman en su vuelo, / como las llamas interminables de un resplandor ardiente de la ciudad”. Estas cuatro líneas de uno de los poemas de la fallecida poeta húngara Ánges Nemes Nagy (1922-1991), fueron la base para el guion que escribe la misma Ildikó Enyedi. En el libreto, como ella misma ha declarado: “Los sueños nos unen y la realidad nos separa”. Asimismo Enyedi afirma que sus historias comienzan por conceptos que quiere representar y que la historia en sí es lo último que aborda. El fragmento del poema que he transcrito inspira el concepto que era su gran deseo de expresar, su punto de vista acerca de la condición humana: “Esta, como el resto, comenzó con un fuerte deseo de compartir mi punto de vista sobre la condición humana y cómo vivimos nuestra vida. También inició con un fuerte deseo de mostrar una historia de amor abrumadora y apasionada”. Efectivamente, la historia de amor se trenza entre dos personajes solitarios, introvertidos, frágiles, “que pasan del extrañamiento pintoresco a una cercanía paradójicamente conmovedora” (Bermejo). Él es un hombre maduro, serio, legal e inteligente que administra la empresa con tiento y talento, y que padece la inmovilización de su brazo y mano izquierda. Un lisiado que además se ha retirado de la circulación amorosa por un frustrante pasado. Ella, entre el autismo o el Asperger, es una mujer joven de rostro impenetrable que destaca por su prodigiosa memoria y su capacidad obsesiva para detectar el detalle; pero desconoce los códigos afectivos y por ende las maneras de manejo social. Ambos, cada uno a su manera tullido, comparten el mismo sueño de los ciervos deambulando o huyendo por el blanco paisaje. Pero hete aquí que el libreto consigue que “la aparente frialdad de las imágenes y del relato mismo desemboque en un reconfortante acercamiento, de insólita calidez” (Bermejo). Sujetos en cierto modo antagónicos pero que pueden imaginar un universo en el que ellos estarán unidos; y es que, como dice el escritor galo Bernard Werber, “la contradicción es el motor del pensamiento“. En suma, una asombrosa historia de amor caminando por el mundo ignoto de lo onírico.

Tiene la cinta una hermosa música de Adam Balazs que realza el romance y el drama, que incluye una bella canción de la cantautora inglesa de folk Laura Beatrice Marling de título “What he wrote”. La fotografía de Máté Herbai es excelente, sabiendo retratar ambientes y escenarios tan dispares como el poético bosque por donde los ciervos buscan la blanda hierba bajo el manto de nieve, tranquilos aunque expectantes ante cualquier sonido, corriendo en libertad, rodadas en primer plano, magníficas, dignas de un gran documental; o el sórdido mundo de un matadero donde las reses son sacrificadas y descuartizadas de forma automática y despiadada, imágenes de la mirada inexpresiva de las vacas que sin saberlo caminan hacia su final; filmado todo ello con cientificismo y precisión. Imágenes y un juego de colores que hacen que se aproveche al máximo la luz y el espacio.

El reparto son ante todo y sobre todo un magnífico Morcsányi Géza, un hombre derrotado por su pasado y por su condición de tullido, por su brazo inútil que arrastra como un hándicap en toda regla; Géza no puede estar mejor en ese rol dramático de hombre derruido. La otra gran pieza actoral es Alexandra Borbély, una actriz nunca mejor elegida por su físico y cualidades como personaje impasible cuyos extravagantes comportamientos, su desapego y su dificultad para comunicarse perfectamente expresados, tienen indubitablemente una definición psicopatológica de corte autista; en fin, alguna anomalía mental, que de seguro cuenta con un apartado propio en el DSM IV TR o Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Acompañando, otros actores de reparto igualmente meritorios como Ervin Nagy, Pál Mácsai, Júlia Nyakó, Tamás Jordán, Gustáv Molnár, István Kolos, Annamária Fodor, Itala Békés, Vince Zrínyi Gál, Attila Fritz, Zoltán Schneider, Réka Tenki, Rozi Székely y István Dankó.

Premios y nominaciones a 29 de octubre de 2017: Festival de Berlín: Oso de Oro (Mejor película). Premio FIPRESCI de la crítica y el del Jurado Ecuménico. Si se trataba de sorprender, el Oso de Oro de la 67 edición de la Berlinale lo ha conseguido concediendo a esta cinta húngara (‘On Body and Soul’), este el Oso de Oro a la mejor película, cuando en general este premio se suele otorgar a un cine más de carácter social.

Estamos ante otra muestra más del pujante cine de la Europa del Este donde no sólo sobresale el cine polaco o rumano, he aquí cómo el cine húngaro también tiene su propio espacio. Esta película pone frente al espectador una relación enormemente complicada contada de manera sencilla pese a esa complejidad; “el tono dominante de la película, ascético, minimalista, con una obsesión también un poco autista por el detalle” (Weinrichter). Amor insólito, visto desde una óptica convencional, que es relatado limpiamente y de manera realista y en ocasiones hiperrealista (como las escenas oníricas), a pesar de la constante amenaza de tragedia. Dos seres aparentemente imposibilitados para el amor, que descubren que cada noche comparten el mismo sueño.

Película, en fin, que sabe entrelazar cierta extravagancia triste y lírica con severos golpes de brutal realidad, “un cuento anómalo y bellísimo sobre los inescrutables caminos del amor, con una solución metafórica audaz e inaudita para explicar eso tan inexplicable que es la atracción entre dos personas: la sincronía de los sueños; la magia entrando por la ventana mientras la razón sale por la puerta” (Davidmdehaza). Estos registros realidad-amor en duelo, “reflejan cuidadosamente el cuerpo y el alma del título” (Lodge) en clave formalmente impecable. Pero está también la pasión, y “cuando los personajes empiezan a lidiar con sus traumas para abrazar el amor, la película demuestra una sensibilidad y una elegancia alérgicas a cualquier tentación de sentimentalismo” (Sánchez). El film concluye cuando ambos descubren que los afectos que expresa el cuerpo son el espejo del alma.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=trbZdJ43Hq8.

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