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Les Raquetteurs

Por Clara Castro

En 1939, a raíz de la colaboración entre John Grierson y el Gobierno de Canadá, se funda en Ottawa la Office National du Film (National Film Board) para fomentar la producción audiovisual del país. Aunque en un principio su misión era la de crear propaganda a favor de la intervención canadiense en la II Guerra Mundial, pronto su objetivo se redirigió hacia la creación de documentales, piezas de animación y de experimentación visual. Con una marcada vocación de servicio público, la ONF buscaba en su vertiente documental ayudar al desarrollo y a la vertebración social en Canadá a través de pequeñas piezas para el medio televisivo que mostraran a los canadienses los problemas y los distintos modos de vida del país.

En un momento convulso políticamente y con la decisión de institucionalizar la rama francesa de la ONF y de trasladar su sede desde Ottawa a Montreal, la Unidad Francesa de la ONF y Québec encuentran un espacio en el que poder construir cultural y nacionalmente una representación propia de la que carecían hasta el momento, surgiendo una serie de obras que se enmarcarían dentro de los denominados “cines nacionales” (films d´ici, en este caso). Es en este contexto en el que un documental como Les Raquetteurs es posible.

Realizado en contra de la opinión del director la ONF Grant McLean (que mandó el material directamente a los archivos por no ajustarse a lo que él quería para los informativos), Les Raquetteurs, con su estilo novedoso en la realización, consiguió configurarse -sin saberlo- como el manifiesto del Direct Cinema al mostrar cómo era posible la construcción de un cine en vivo que lograba integrarse dentro del grupo sin que el punto de vista del autor quedara reflejado.

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Partiendo de un argumento aparentemente trivial (la reunión en Sherbrooke de los clubs de fabricantes de zapatos para la nieve de Estados Unidos y Canadá), el documental se centra en las celebraciones que rodean ese encuentro, cómo se viven y se organizan. Valiéndose (o propiciando la aparición) de una tecnología (más ligera) que permitía al equipo el movimiento y la captación del instante, en Les Raquetteurs el espectador consigue ser testigo de momentos concretos y logra introducirse en el ambiente desde dentro, sin ninguna interferencia externa: los espectadores reciben la información (tanto de manera auditiva -las declaraciones del Presidente de la Unión de Clubs, información de la radio, megafonía…- como de forma visual -planos detalle de los tambores que identifican los clubs, de los zapatos…-) a través de “lo real”, que se manifiesta por sí mismo. Los autores permanecen invisibles en la enunciación del relato.

Así, se registra todo en el momento. La cámara muestra todos los eventos (la rueda de prensa, los desfiles, las carreras) desde diversos ángulos intentando captarlo todo sin que las imperfecciones técnicas o los movimientos erráticos supongan una pérdida de credibilidad. Pasando desapercibida entre lo que le rodea, esa falta de total corrección en la captación de la imagen es precisamente la que demuestra que lo que ocurre es lo que tiene prioridad por encima de cualquier intento de interpretación.

Por su parte, en el sonido destaca la total ausencia de una narración. Basándose en la captación de sonido real y directo (aunque la sincronización del audio se realizó posteriormente en la etapa de montaje), lo que se aprecia en el documental son los propios sonidos de lo mostrado (el barullo, la música…) que completan para el espectador la realidad de Les Raquetteurs.

Les Raquetteurs se constituye por tanto como el resumen de una fiesta y un encuentro cuya representación huye de forma consciente de cualquier intención moralizante o de retrato preciosista. Lejos de la intención del Free Cinema de incluir el punto de vista del autor en la forma de mirar, la intención en Les Raquetteurs es la de mostrar la visión general de un evento cultural que permite conocer un Québec desconocido para el gran público. Es el pueblo manifestándose como sí mismo.

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