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Le Week-End

Por Alejandro Arranz

-Brillante, es un auténtico placer descubrir una película tan bien escrita, dirigida y sobre todo interpretada, que te cautiva durante todos y cada uno de sus minutos.
-Una exquisita comedia, contiene humor realmente inteligente, divertido y punzante, sus diálogos son magníficos al igual que los personajes.

El director Roger Michell vuelve tras su biopic sobre el presidente Franklin D. Roosevelt, con un drama romántico sobre la vejez con toques de comedia, encumbrado por la calidad de su trío protagonista, nada menos que Jim Broadbent, Lindsay Duncan y Jeff Goldblum. A cargo del guión encontramos a Hanif Kureishi, que ya trabajó en dos ocasiones con el director (The Mother, Venus), a parte de esto poco más se podía decir a priori, el siguiente paso era acudir a la sala de cine.

Michell y Kureishi han creado una película increíble; llena de tonos, de matices y de una frescura inusitada. Le Week-End es tan real como la vida misma, es amarga y dulce, es dolorosa y divertida, irónica y repleta de diálogos afilados y muy profundos. No tiene nada adulterado ni se rinde a las expectativas del género; tiene fuertes tonos oscuros y un sabor agridulce durante todo el metraje que la hace aún más adulta y fresca, y si cabe, más divertida. Posee un milagroso equilibrio entre el pesimismo por la vejez y el fraudulento optimismo de los mejores y últimos años de la vida, dos miradas típicas y aburridas de un género que Michell aborda con pura maestría, todo se muestra tan sincero, que es imposible resistirse a llorar, a reír, y en una palabra, a emocionarse con todo lo que le ocurre a esta singular y extraordinaria pareja.

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Dejando a un lado la enérgica dirección de Michell, toca alabar el excelente guión de Kureishi, aún con sus pequeños fallos muestra una sorprendente sensibilidad y transmite al espectador todo tipo de emociones casi palpables, personajes fantásticos y diálogos agudos e intensos; pero si bien es cierto que tanto director como guionista han logrado algo insólito dentro y fuera del género. También lo es que la película no sería nada sin sus intérpretes, tres actores de talento sobrado con un total dominio de sus personajes que te dejarán boquiabierto, entran dentro de las mejores interpretaciones del año, de esas que necesitas volver a ver, que te levantas y pides por favor que rebobine y vuelva a empezar, no sabes cuál lo hace mejor, si Broadbent, Duncan o Goldblum porque la verdad es que los tres son una maravilla.

Estamos ante una de esas sorpresas que el cine regala cada año, una película que daba una clara impresión de sencillez y, sin embargo, posee un grosor más que curioso, en sus temas, en sus personajes, en sus diálogos y en su manera de afrontar todas las decisiones que han aparecido durante el rodaje. Por un lado, la estupenda cámara que sutilmente llena la pantalla de imágenes poderosas, por otro lado, encontrando ese equilibrio perfecto con el que imbuir la película para alejarla de tópicos y clichés, o sin ir más lejos con su inteligente desenlace. Podría pasarme horas buscándole virtudes a esta pequeña joya sin pretensiones, pero os quitaría tiempo para que fuérais a verla ahora mismo. No es la mejor película del año, ni siquiera la mejor comedia del año, pero es una cita obligada para cualquier amante del buen cine.

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