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Le llamaban King

Por Jon San José Beitia

Tiene todos los ingredientes del spaghetti western: venganza, armas, traiciones, banda sonora pegadiza y un personaje lleno de carisma, pero no llega a ser una gran producción, resultando discreta en cuanto a sus logros. Cumple con lo establecido, apoyándose en un relato de venganza sencillo y previsible que peca de simple.

El argumento no da para alargar en exceso la duración del metraje, motivo por el cual la banda sonora pegadiza se convierte en el acompañante de multitud de secuencias de relleno que incluyen paisajes y largos paseos a caballo. La banda sonora corre de la cuenta de Luis Bacalov, que crea una sintonía pegadiza y con gancho y que ha sido utilizada recientemente en la película de Quentin Tarantino, Django Desencadenado. Sin duda, un homenaje del director a los spaghetti western de su infancia.

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La trama de venganza que, inicialmente, engancha al espectador se diluye y pierde fuerza a medida que va transcurriendo. Los responsables de la película intentan introducir nuevas ideas argumentales, pero se queda en intento, cayendo en la reiteración de ideas.

Las interpretaciones de todo el reparto son muy discretas, ofreciendo una pobre e insulsa imagen al conjunto de la película. Los personajes son simples y planos; tenemos al bueno, al malo y a sus lacayos, con la figura de la mujer puesta en un segundo plano, tratada en todo momento de una forma machista.

 A pesar de su corta duración se hace pesada, plagada de innumerables secuencias acompañadas por la misma sintonía, referencias y guiños, lo cual hace que llegue a resultar incómoda  y excesivamente reiterativa, alcanzando un desenlace pobre y carente de la grandeza de otros duelos armados que ha dado el cine.

Un correcto y discreto spaghetti western que cumple con los estereotipos del género, pero que no llega a ser memorable.

Jon San José Beitia

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