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Las ilusiones en la vejez

Por Enrique Fernández Lópiz

En esta película, La juventud (Youth), Fred Ballinger (Michael Caine) es un prestigioso compositor y director de orquesta mayor y jubilado. Pasa unas vacaciones en un Hotel balneario de los Alpes que le ha reservado y organizado su hija Lena (Richel Weisz), que está con él. Le acompaña también su viejo amigo Mick (Harvey Keitel), un prestigioso director de cine que pergeña su definitiva y última película junto a sus colaboradores. Lena ha sido abandonada por su marido, a la sazón hijo de Mick, y se siente muy afligida por ello. Igualmente está en el Hotel un afamado actor (Paul Dano) que suele entablar interesantes conversaciones con el protagonista. Aunque Fred ha renunciado a su carrera musical, ocurre que hay un emisario en el Hotel, que insiste de parte de la realeza británica, para que dirija un concierto sobre sus denominadas “canciones sencillas”, en el Palacio de Buckingham, con motivo del cumpleaños del príncipe Felipe. Pero a pesar de la insistencia del emisario, él se sigue negando.

Junto a él, su amigo Mick recibe la visita de su actriz favorita y diva elegida para su nuevo proyecto (Jane Fonda), quien se niega a interpretar su último testamento cinematográfico, dirigiéndose a él con toda clase de improperios negativos referentes a su vejez y su ya escasa valía como director. Esto último acarreará consecuencias fatales en la historia.

En tanto, Fred, tras una revisión de la memoria de su esposa y ciertas cábalas, cambiará de opinión y se ofrecerá a dar el concierto ante la reina Isabel y su esposo. Mientras, su hija rehace su vida amorosa con otro personaje del Hotel.

Como escribe Sandonís: A través de una inteligente retórica y una estética cuidadísima, Paolo Sorrentino mantiene su sello y pulso filmando tanto exteriores, en ese jardín del edén suizo, y en interiores, donde los personajes se desnudan de manera espiritual”.

El gran director Paolo Sorrentino fue el director de La gran belleza, 2013, una de las películas que más me ha fascinado de las que he visto en este siglo XXI, por su fondo y su belleza –aunque suene a redundante esto último. Pues bien, con este film repite en cuanto a la hermosura de la obra, a la vez que en su profundidad. Porque Sorrentino no se conforma con hacer una película cualquiera, ni siquiera buena a secas. Con un libreto de su autoría, amén de su papel como realizador, Sorrentino hace una película de excelencia. Recrea una panorámica sobre la vejez, sobre la vida, que al modo de un complejo poliedro, retrata las mil y una caras de la existencia, con unos personajes, unas escenas y unos diálogos que te dejan pensando largo tiempo; e incluso como me ha ocurrido a mí, me ha hecho soñar mientras dormía con su película; quizá una argucia psíquica para digerir mejor el aluvión de mensajes y complejas reflexiones que la cinta expone. El lenguaje y la narrativa de Sorrentino provocan, como decía antes, fascinación, hechiza la mirada del espectador sensible y sin lugar a dudas, deja una honda huella. Como escribe Boyero, … la forma de expresarse, esa cámara deslumbrante, resultaría inútil o superficial si el contenido fuera débil o falso. Pero en el cine de Sorrentino las imágenes y los sonidos están al servicio de un mundo apasionante”. Así es, una obra brillante y emotiva.

La música David Lang es esplendorosa, con canciones diversas y una banda que arropa el film. Pero resulta de maravillosa la “canción de canciones” de David Lang (Simple song#3), que interpreta la soprano surcoreana Sumi Jo, junto a la violinista rusa Viktoria Mullova y la BBC Orchestra, que es realmente un lujo para el corazón y los oídos. La fotografía de Luca Bigazzi es esplendente y siempre atenta al paisaje, pero también a los primeros planos; fotografía que acuerda con el tono del film. No en vano Sorrentino es un director con un estilo visual que se identifica a la legua.

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El reparto es sencillamente un lujo. Empiezo por un Michael Caine inconmensurable, el gran actor que nunca defrauda, no lo hace tampoco en su fase de madurez. La valía de Caine se ha mantenido desde su primer film que comenté no hace mucho aquí en esa interesante película en que debutó como protagonista, que fue Alfie, 1966, hasta esta, ya en la edad provecta. Caine es pura comunicación y sintonía con el espectador, amén de un GRANDE de la interpretación. Otro grande es Harvey Keitel, que interpreta uno de los grandes papeles de su carrera, siendo que ha hecho muchas interpretaciones, muy variadas y todas esplendorosas; pues bien, esta es para mí una de las más brillantes de su carrera. Ambos actores principales, personajes octogenarios con sus secretos, frustraciones, anhelos, el degusto no siempre agradable del pasado y lo perdido, y el temor a la muerte, Michael Caine y Harvey Keitel, como escribe Boyero: … dan vida a la complicidad entre dos hombres angustiados. […] consiguen hacerlos complejos, magnéticos y creíbles. Son dos actores excelsos al servicio de un director que dona sensaciones muy hermosas, imaginativo y profundo, lírico y amante del esperpento, mágico sin tener que hacer demasiados esfuerzos. Tenemos también a una Rachel Weisz maravillosa como la hija deprimida de Caine por un divorcio en ciernes; Paul Dano, estupendo como un actor de éxito por su papel en el interior de un robot; Madaliza Diana Ghenea, exultante en la surrealista y carnal aparición de una Miss Universo en el Hotel; o Jane Fonda, que saca el máximo partido a los pocos minutos de rodaje que le tocan. Acompañan otros actores y actrices de gran talla como Tom Lipinski, Poppi Corby-Tuech, Emilia Jones, Matk Kozelek, Rebecca Calder, Anabel Kutay, Ian Keir Attard y Rlly Serrano.

Entre premios y nominaciones en 2015 están: Premios Oscar: Nominada a mejor canción. Premios César: Nominada a mejor película extranjera. Festival de Cannes: Sección oficial largometrajes a concurso. Globos de Oro: Nominada a mejor actriz de reparto (Fonda) y canción original. Premios del Cine Europeo: Mejor película, director y actor (Michael Caine). Satellite Awards: Nominada a Mejor actriz de reparto (Jane Fonda). Critics Choice Awards: Nominada a mejor canción original.

Hay en esta obra elementos surrealistas, humor que atraviesa el film de principio a fin, ternura, indulgencia, sentimientos y mil elementos más. El hotel balneario de los Alpes suizos, encierra mucha tela que cortar, con una fauna de personajes de lo más variopinta, desde un monje budista capaz de levitar, a una Mis Mundo esplendorosa, pasando por un Maradona en lamentable estado de salud y un gran retrato de Marx tatuado en su oronda espalda.

El puzzle de personajes y circunstancias que nos retrata Sorrentino, más allá de las anécdotas o el humor, es sustancialmente trágico. O sea, no es una película de la que salgas haciendo sonar un cascabel. Y aquí, tengo que referirme necesariamente a un tema que me atrae, como ya he dicho otras veces, la vejez.

Esta obra es la vejez de Sorrentino, o sea, su versión, no exenta de grandes verdades. Llegar a los ochenta medio arruinado físicamente (aunque el personaje tenga salud de hierro), cuando la memoria se nubla y ya no se recuerdan las caras de los padres o hermanos, cuando penetra la incertidumbre sobre cómo se ha vivido la vida; los fantasmas de pasado; la añoranza de los seres queridos que se fueron para siempre. Esto es lo que ponen sobre el tapete la pareja protagonista de ancianos, ambos grandes artistas, uno músico, el otro cineasta, los dos de reconocido prestigio. Estos amigos de ya medio siglo, revisan sus vidas paseando juntos, cenando, metidos en la piscina o sentados en la habitación.

La película habla de la devastación que impone la vejez, cuando ya sólo quedan vagas reminiscencias del pasado y dudas sobre la forma en que se transitó la existencia, y ese convivir con el deterioro físico, sobre todo el neurobiológico. Pero hay algo que quiero resaltar aquí.

La cosa es que ambos artistas viven de manera muy diferente su vida y su mundo de ilusiones. Mientras el venerado compositor se muestra indolente con su música y se niega a ofrecer un importante concierto que le pide la mismísima reina de Inglaterra, el otro amigo vive con entusiasmo un proyecto que trae entre manos a modo de film que será la culminación de su brillante carrera cinematográfica. Eso se nota mucho en la trama. Mientras el músico vive apáticamente y con la única expectativa de retomar, cuando acaben sus vacaciones, su tediosa rutina de inactividad, el cineasta está exultante con su nueva idea. Luego esto darña un vuelco. Pero no es momento para contar el desenlace.

El caso es que la ilusión en la vejez es muy importante para predecir cómo se va a vivir la vejez. La ilusión, como decía Freud, es una creencia cuando aparece engendrada por el impulso a la satisfacción de un deseo, prescindiendo de su relación con la realidad, del mismo modo que la ilusión prescinde de toda garantía real”. Estas sabias palabras muestran que las ilusiones son siempre un motivo para generar expectativas, no son en sí falaces, tampoco constituyen un delirio o una alucinación, sino que perviven en el ánimo del espíritu humano. Y muchas veces, como es el caso de las personas mayores y sus afanes, éstas se sustancian de manera explícita en concreciones positivas y diversas que hacen al ánimo por vivir la vida.

Donald W. Winnicott, otro gran psicoanalista, propuso que el origen de las ilusiones está en ese objeto con que los niños pequeños encuentran paz y tranquilidad cuando la madre se ausenta (“objetos transicionales”, que conforman el espacio de las ilusiones): un trozo de tela, un osito de peluche, etc. Pero en lo que aquí me trae, estas ideas son relevantes en la vejez, porque cuando se es mayor, obviamente este “espacio de la ilusión” lo cubren otras esferas más complejas que esos llamados “objetos transicionales”: el vasto terreno de las experiencias intelectuales, religiosas, la imaginación o la labor científica y creadora en general, aspectos todos que sirven en la senectud como apaciguadores frente a las muchas formas de angustia y adversidad que la vida depara en esta edad (viudez, jubilación forzada, enfermedad, etc.). Las ilusiones, así, ayudan a proseguir la andadura del anciano en pos de una identidad estable y confiada.

Por una circunstancia que no contaré para no aguarle la película a quienes no la hayan visto, el anciano músico decide encarar su salida del Hotel y de sus vacaciones, de forma más activa y emprendedora, al punto que acepta finalmente ofrecer el concierto ante la realeza británica. Por eso, yo creo que este film, que es dramático, deja el mensaje optimista de que en la vejez caben las ilusiones, tal vez encarnadas en la convicción de que se puede “creer en” y “crear un” espacio de paz y bienestar, de enriquecimiento, de planes nuevos, de progreso, de esperanza.

En fin, estamos una enorme película sin paliativos. Puede que ocurra, en un alarde de necedad, como apunta Rodríguez, … quienes solo se dediquen a buscar «La gran belleza» en «Youth» en vez de lo contrario, o sea, encontrarle a «Youth» su gran belleza: contra la división de opiniones, opinión de las divisiones. Gran verdad. Quienes vimos La gran belleza y admiramos a Sorrentino, creo que tenemos que saber diferenciar aquella película de esta. Mientras que en aquella, como yo dije, el protagonista es en esencia un espectador del mundo que le rodea”; en esta película, los protagonistas son supervivientes en un mundo que para ellos ya ha pasado de largo.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=jl0rpJH8QVw.

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