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Las brujas de Zugarramurdi

Por Jon San José Beitia

Posiblemente nos encontremos ante la película más redonda de Álex de la Iglesia, desde el rotundo éxito alcanzado por El día de la bestia.

Hasta la fecha el director vasco había alternado trabajos buenos con otros no tan logrados, que dejaban fría a la audiencia.

En todas sus películas se apreciaba el sello habitual del director, con sus excesos y sentido del humor negro, pero es con Las brujas de Zugarramurdi con la que ha conseguido volver a reunir con acierto todos los ingredientes, que hacen que su cine funcione.

El director se ha rodeado de sus colaboradores habituales y apoyándose en un guión escrito junto a Jorge Guerricaechevarría; vuelve a unir humor, acción, terror y parodia, con las dosis idóneas.

El esquema de la película recuerda ligeramente al de Abierto hasta el amanecer, donde unos ladrones buscan refugio en el lugar menos apropiado, sustituyendo en este caso los vampiros de Abierto hasta el amanecer, por brujas.

Álex de la Iglesia sabe manejar la acción con los medios que cuenta y rodar con eficacia, apoyándose en unos más que convincentes efectos especiales. Presenta un relato lleno de situaciones cómicas, generando humor a partir de las penurias de la sociedad actual.

La selección del reparto es redondo, todos los intérpretes encajan a la perfección en sus papeles y crean un mundo lleno de brujería. La mayoría de ellos son habituales del cine de Álex de la Iglesia y, posiblemente, éste se haya acordado de ellos a la hora de escribir sus personajes.

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Sorprende gratamente la participación en la película de los, para muchas, guapos del cine español actual, Mario Casas y Hugo Silva, que logran ofrecer una imagen diferente de la que tienen acostumbrados, demostrando que saben reírse de sí mismos y hacer un buen papel en clave de humor.

En esta película las chicas no se quedan en un segundo plano y pasan a ser las protagonistas más terroríficamente perversas, las brujas. Destacan Carmen Maura y Terele Pávez, verdaderamente perfectas como brujas, acompañadas por los cómicos cameos de Santiago Segura y Carlos Areces.

Las secuencias de acción están bien rodadas, a pesar de no resultar tan espectaculares como las de una producción americana, quedan resueltas con oficio e imaginación. La ejecución y desarrollo de algunos efectos especiales demuestran el atrevimiento y osadía que tiene Álex de la Iglesia, dando rienda suelta a su imaginación.

La ambientación y el maquillaje ayudan a generar una atmósfera incómoda, oscura y tétrica, donde da la sensación que puede pasar cualquier cosa.

Álex de la Iglesia parodia situaciones vistas en numerosas producciones de terror y las plasma con su toque personal, ofreciendo diálogos ocurrentes, chispeantes y políticamente no correctos, dejando en mal lugar la figura de las mujeres o brujas.

Se apoya en la mitología que rodea al mundo de la brujería e inunda la película de referencias a la cultura vasca, empleando los Irrintzi y la canción que popularizó  Mikel Laboa, Baga Biga Higa, logrando crear situaciones verdaderamente inquietantes.

Si hubiera que buscar algún “pero” a la película, sería que Álex de la Iglesia se deja llevar por el entusiasmo, prolongando en exceso la secuencia del Aquelarre y por cerrar con un final que no resulta tan atrevido como el resto de la película.

En general, nos encontramos ante una demostración de la calidad que atesora Álex de la Iglesia en el manejo tras las cámaras y a la hora de crear una historia que combine terror, aventuras y humor, a partes iguales. Todo un acierto.

Jon San José Beitia

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