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Lady Macbeth

Por Alejandro Arranz

-Me llama la atención su poderío formal, exuberante en cada imagen. Pero el contenido no tiene doblez ni hondura de ningún tipo, es una provocación vacua y traicionada por sus pretensiones.
-Gustará a los que busquen una histriónica telenovela de rebelión femenina demasiado centrada en el golpe de efecto para atender a las cosas que importan.

Una de las última propuestas potentes del pasado 2016 que aún quedaban por llegar a la cartelera española era este debut en el largometraje del cortometrajista William Oldroyd. Para los que estén algo perdidos, esta historia no está relacionada con el texto de Shakespeare, sino con la novela de Nikolai Leskov, cuyo título sí está hábilmente vinculado con la tragedia del bardo inmortal. Del libreto se encarga Alice Birch, actriz que debuta en ésto de la escritura de guiones. La protagonista de la historia es Katherine (Florence Pugh). Una joven recién casada, debido a una venta de tierras, con un hombre amargado que no la quiere. Ambos viven con el padre de éste, un viejo aún más odioso. Así es como Katherine irá entrando en un estado de rebeldía cuyos actos deberían llevarnos al límite de la duda moral. Deberían.

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Oldroyd estimula los códigos narrativos del drama de época con elementos modernos, en ocasiones subversivos, con los que dar forma a una feroz crítica al machismo arraigado en la sociedad, la misoginia cuasi-connatural y la institución patricarcal. También añade otros puntos de crítica que no hallamos en la obra de Leskov, véase el componente de odio racial; además de modificar ciertos pasajes que pueden aportar nuevos significados. Hasta aquí todo suena muy prometedor, nadie dijo que la propuesta no fuera harto interesante. También rara, porque el melodrama de época se mezcla con la inevitable tragedia, la punzante comedia negra (ese gato…) y el thriller de asesinos en serie de psicología poco trabajada. Sin duda el filme intenta ser provocativo, como un Hitchcock o un Verhoeven. En su lugar se muestra unidimensional, siendo incapaz de desarrollar a sus personajes. En especial a su plana, incomprensible y diabólica protagonista, cuyas acciones tienen menor sentido con el paso de los minutos. A Birch no le importa demasiado el personaje como ser humano, su valor reside en su -inhumana- condición de retrato de una rebelión femenina que, por desgracia, se enciende y medra de modo absurdo, vacuo y aborrecible; incapaz de mostrarnos una feminidad genuina y libre de las permanentes ataduras de las perspectiva masculina. Las virtudes de la película residen en el plano formal y en especial en el trabajo de dirección.

Oldroyd crea auténticas postales en cada plano y tiene un magnífico sentido del tempo que se hace tangible en esos planos fijos alargados y protagonizados por un ensordecedor silencio. Es imposible no aplaudir ese contraste entre la soledad del interior; esa casa convertida en cárcel a través de los encuadres milimétricamente diseñados, el uso de la luz y unos opresivos efectos de sonidos; frente a la liberación de los exteriores, su brisa, la lluvia y el movimiento libre de una cámara al hombro. Pese a ésto y las impecables interpretaciones, la película me provoca un frío gélido. No exactamente por la inexistencia de empatía, más bien porque todo en ella me importa un bledo.

Lady Macbeth es un envoltorio llamativo pero hueco, carente de puntos de vista y de unos matices (psicológicos, emocionales, sociales, etc) extremadamente necesarios. Genera en mi una violenta apatía alrededor de todo lo que ocurre y de los odiosos peleles que accionan la llegada del elemento trágico. Y esa apatía, ese frío ensordecedor que ni la libido podría hacer entrar en calor, encuentra una pequeña antítesis estimulante en lo despreciable que me parece el modo en que les ha salido la película. No se preocupen, me incliné hacia la resignación en esta tragedia, no era plan de ponerme a matar gente.

Alejandro Arranz

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