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La voz dormida. Y de nuevo, la guerra

Por Jorge Valle

Contar una historia tan trágica y propensa a las lágrimas con elegancia y sutileza, sin caer en el maniqueísmo ni el tremendismo, es una tarea difícil -a la par que arriesgada- que muy pocos directores han conseguido superar con éxito. Utilizar el dolor como arma arrojadiza contra el lagrimal del espectador es un recurso tan mediocre y rastrero como infame, lo que algunos han llegado a denominar incluso como “pornografía sentimental”. Lo imposible, la última y exitosa película de Juan Antonio Bayona, es la mejor y más reciente muestra de la explotación de los elementos más dramáticos de la historia con el fin de manipular emocionalmente el corazón del público. Pero mientras la cinta del director catalán constituía todo un triunfo –tanto a nivel económico como artístico- para el cine español por la propia naturaleza de la historia, La voz dormida vive, desde su principio hasta su final, instalada en la mediocridad y la irregularidad; es una de esas películas que inundan de argumentos el falso tópico de que el cine español solo sabe hablar de la guerra civil, una nueva –y repetitiva- visión sobre ese periodo tan triste, violento y olvidable, aunque ni podamos ni debamos hacerlo, de nuestra historia.

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La historia que nos cuenta Benito Zambrano, basada en la novela de Dulce Chacón, es desgarradora y cruda, pero carece de originalidad tanto en la forma como en el contenido. El director no arriesga nada y lo deja todo en manos de la tragedia, que ya por sí sola atrae y conmueve hasta al espectador más frío. La comparación con Las 13 rosas –otro título cuyas características perfectamente podrían aplicarse a La voz dormida- es inevitable y, aunque esta sea más simple en su trama, es igualmente eficaz en el desarrollo de dos historias de mujeres enfrentadas a un destino aciago, el de la guerra. En medio de la mediocridad de la puesta en escena, que también se extiende a una fotografía gris y a unos decorados que no consiguen introducirnos en la época de posguerra, sobreviven María León e Inma Cuesta con dos interpretaciones que quedan grabadas en el corazón del espectador por la naturalidad y humanidad que desprenden.

La voz dormida recurre, en definitiva, al efectismo, a la lágrima fácil y al abandono de la honestidad ideológica pues, aunque queda claro desde el principio su posicionamiento político, en la guerra no hay ni buenos ni malos, ni vencedores ni derrotados, pues todos acaban perdiendo lo más importante que tiene el hombre: su humanidad.

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Comentarios

  1. Javier Fernández López

    Para mí es imposible no llorar con esta película. Cierto, es efectista, pero la historia funciona. Impresionante María León.

    Muy buena crítica. Saludos!

  2. Toni Ruiz

    Absolutamente de acuerdo con tu análisis, Jorge Valle. La película me resultó simplona, maniquea, aburrida, acartonada y sin un ápice de arte. Totalmente mediocre y totalmente tediosa. Y eso que coincido contigo también en que las dos protagonistas están muy bien.
    De verdad no sé dónde está el Benito Zambrano que nos emocionó a todos con ‘Solas’, que sí que emocionaba de forma auténtica. A ver si los directores españoles dejan de hacer películas sobre la Guerra Civil, porque por cada una que merece la pena hay diez que no.

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