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La Vida Secreta de Walter Mitty

Por Alejandro Arranz

-Stiller dirige e interpreta con eficiencia en un relato tan divertido como dramático.
-La propuesta visual deja realmente boquiabierto y la experiencia final es de lo más satisfactoria en casi todos los sentidos.

Hace cinco años que Ben Stiller dirigió Tropic Thunder, una irreverente comedia que dejó a muchos impresionados por su calidad y por la dirección de Stiller que parecía tener mucho más futuro dirigiendo -e interpretando- sus propias películas, que escogiendo papeles de comedia de la talla de Los Amos del Barrio. Con su nuevo proyecto el señor Stiller parecía decidido a hacerse un hueco entre los directores importantes, algo que daba a entender mediante una inteligente campaña publicitaria basada en la potencia visual de su película, en un tono más serio de lo habitual y con un mensaje claro de aprovechar cada momento; parecía una clara candidata a llevarse un gran número de nominaciones pero al final no es oro todo lo que reluce.

Es cierto, no es una de las mejores películas del año, pero no lo necesita; es una película desenfadada, que inspira a vivir y dejar de soñar. Puede que a muchos les parezca demasiado perfecta o idealizada pero en su interior muestra matices muy reales y está contada con estilo y auténtico sentido de la comedia. El Stiller director es más inteligente, más divertido y mucho mejor cuando intenta hacer algo más adulto que cuando se sumerge en proyectos de comedia fácil.

Como protagonista, Ben Stiller realiza una de sus mejores y más dramáticas interpretaciones sin olvidarse de la comedia, pero es en su faceta de director donde va más lejos, su labor como tal nos vuelve a recordar que es capaz de hacer muy buenas películas y conseguir momentos de comedia tan divertidos que no podrás parar de reír, y aunque no me atrevo a apostar, es probable que ésta sea la película más redonda que haya dirigido, un poco por encima de Bocados de Realidad y Tropic Thunder.

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Más allá de los sarcásticos diálogos y de las alocadas escenas de comedia (que incluyen uno de los gags más descacharrantes del año) o de la portentosa fuerza visual, nos encontramos una película con variedad de mensajes; Stiller adapta la novela de Thurber como una fábula sobre la vida, el amor, las empresas, etc.

Es hora de hablar de un punto clave que he ido comentando en pequeñas ocasiones durante ésta reseña, el apartado visual y los aspectos formales; el film presenta infinidad de imágenes preciosas a tal nivel que cada nuevo fotograma siempre es un placer para la vista, desde los paisajes montañosos hasta en la propia sede de la revista Life, seguramente obtendrá nominaciones a los Oscar en distintas categorías de los aspectos formales, incluidas las de Mejor Fotografía y Mejor Dirección Artística.

Lo peor de la película, aparte de algunos fallos de guión y una incorrecta relación entre lo temerario y vivir la vida, es la parte final; ahí puedo estar de acuerdo en que llega a ser demasiado autocomplaciente en ciertos aspectos y además deja de lado esa faceta modesta y se muestra mucho más vanidosa, lo que le resta puntos a lo logrado con anterioridad. No es una película de la que se puedan sacar muchas cosas negativas pues al final todo reside en si te crees o no lo que cuenta, debido a que Stiller ha conseguido que la cinta cumpla con creces en el resto de apartados. A mí me ha entusiasmado y al final queda una comedia dramática bienintencionada y nada pretenciosa que no necesita del típico humor grosero al que recurren todos los filmes del género; y aunque resulte -en algunas ocasiones- poco creíble, demasiado autocomplaciente o algo cursi, el viaje en conjunto tiene tal energía positiva que si le das la oportunidad conseguirá sacarte una sonrisa y mantenerla ahí hasta el fin de trayecto.

Alejandro Arranz

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