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La víctima número diez

Por Jon San José Beitia

Producción italiana de corte futurista que presenta una sociedad en calma y alejada de hechos violentos  por la puesta en marcha de un novedoso juego televisado, La gran caza, donde los individuos alternan el papel de cazador y presa para aliviar el estrés y sus frustraciones, dando rienda suelta a sus impulsos más violentos.

Parte de una premisa interesante, con un comienzo prometedor en el que se presenta a los dos personajes protagonistas demostrando su ingenio y destreza a la hora de resultar vencedores del juego, en el que se verán enfrentados como presa y cazador. La película presenta diversas situaciones plagadas de humor e ironía, donde un individuo puede matar a otro delante de un policía sin suponer ningún tipo de delito mientras que puede recibir una multa por dejar mal aparcado el coche dos segundos.

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Curioso e irónico relato futurista, con numerosas ideas para desarrollar cuyos responsables optan por apostar por un relato desenfadado, más próximo a la comedia romántica, desaprovechando las posibilidades que ofrecía como película de acción, con ciertas lecturas interesantes. Cuenta con la presencia de dos intérpretes de renombre de la época, como fueron Marcello Mastroianni y Ursula Andress, esta última, explotando sus cualidades físicas al máximo y aumentando su fama de mito erótico, luciendo su figura en todo momento. Resulta interesante e intrigante el hecho de que los protagonistas del juego desconozcan quien es su rival y como van analizando cada uno de los movimientos para logra resultar vencedor del juego.

La banda sonora creada por Piero Piccioni, pegadiza, sensual y juguetona, está en la misma línea del tratamiento que ofrece el director al conjunto de la misma, apostando por un humor desenfadado. Presenta un estilo visual propio y original, ofreciendo una visión estrafalaria del futuro, donde tanto decorados, como vestuario, presentan un toque muy colorido. A pesar del interés que suscita inicialmente, el atractivo se va desvaneciendo a medida que el director opta por dar paso al desarrollo de una comedia romántica carente de unas bases sólidas. Cae en la reiteración de ideas y presenta un descenso del ritmo, llegando, incluso, a lo monótono y aburrido, ya que no llega a ocurrir nada relevante.

La relación de rivalidad y amor que surge entre los dos protagonistas, se resuelve en un desenlace excesivamente desenfadado y endeble. Lo mejor, sin duda, es el extraño enfrentamiento que mantienen, un curioso juego de cortejo.

Jon San José Beitia

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